Religión en Libertad

Pablo, 19 años: «Dios es mi padre y ahora sé que no necesito curarme para seguir a Cristo»

Al joven de Alcorcón le diagnosticaron un sarcoma óseo poco frecuente y agresivo.

"No sé qué va a pasar. Estoy en la providencia de Dios", confiesa Pablo.Diócesis de getafe

Redacción REL
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Pablo Javier Reneo tiene 19 años y es de Alcorcón (Madrid). Hasta hace poco, su vida era como la de cualquier otro joven de su círculo: estudiaba, se divertía e iba a misa. Hasta que, con 18 años, un dolor continuo en la rodilla se convirtió en un sarcoma óseo poco frecuente y agresivo. Padre de Todos, la revista de la diócesis de Getafe, cuenta su testimonio.

"Fue un shock. Entré en la consulta y el doctor me explicó con claridad lo que tenía. Aunque sabía lo que estaba pasando, me costaba asimilarlo. Pensaba: esto les pasa a otros, no a mí. Los primeros días estuvieron marcados por el miedo, la incertidumbre y muchas preguntas sin respuesta", comenta.

La vida no es mía

Un momento en el que todas las seguridades se caen y hay que agarrarse a algo sólido. "Mis padres me dijeron algo muy sencillo, pero muy fuerte: que Dios era mi Padre y que me quería. Al principio casi no lo entendía, pero ahora sé que esas palabras me sostienen cada día", añade.

Ahora, vive en la esperanza. "No sé qué va a pasar. Estoy en la providencia de Dios. No sé si me llama a curarme o a ir con Él, pero confío", dice Pablo.

"Ha sido una llamada muy fuerte, un toque de atención. Antes tenía muchos altibajos en la fe. A veces iba a misa casi por inercia y me preguntaba qué hacía allí, mientras mis amigos estaban fuera divirtiéndose. No siempre vivía con el corazón puesto en Dios", reconoce el joven.

"La fe me sostiene y me da alegría", reconoce Pablo.diÓcesis de getafe

Una enfermedad que le ha hecho comprender el sentido último de la existencia. "He comprendido que la vida no es mía, que pertenece a Dios. No puedo guardármela para mí ni vivirla como si todo dependiera solo de mis planes. Es un don que se me ha dado y por el que tengo que dar gracias", comenta.

Y con la oración como compañera de viaje. "La fe me sostiene y me da alegría. Incluso cuando recibo malas noticias, rezo y siento que Dios me ayuda a sobrellevarlo. No es un consuelo teórico; es algo real y concreto. También me he dado cuenta de que mi sufrimiento ayuda a mi familia, a mi novia y a otras personas. A veces incluso personas que no son creyentes se acercan y me piden oración. Dios actúa incluso donde no lo esperamos".

Un tiempo de sufrimiento que lo ve como una gran oportunidad. "Me di cuenta de que no es necesario curarse para cambiar o para seguir a Cristo más de cerca. Esta llamada también se puede vivir dentro de la enfermedad. Ahora sé que este tiempo que tengo es un tiempo de gracia".

"Antes muchas veces vivía de espaldas a Dios. Ahora comprendo que la vida no es mía: pertenece a Él. No necesito curarme para seguir a Cristo más de cerca; puedo hacerlo ahora, incluso dentro de la enfermedad", concluye.

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking