Martes, 25 de junio de 2019

Religión en Libertad

San Jacinto de Polonia, presbítero dominico.

Sobre las aguas y con cargas, todo por el Evangelio.

Ramón Rabre

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San Jacinto de Polonia.
San Jacinto de Polonia.
San Jacinto de Polonia, presbítero dominico. 17 de agosto.

Nació Jacinto en 1185, y su padre fue Eustace, el piadoso conde de Korski. Su hermano mayor fue San Ceslao (15 de julio), también dominico. De su infancia se desconoce casi todo, salvo que fue muy piadoso y aplicado, como suele decirse de los santos. Estudió en la Universidad de Bolonia, donde se doctoró en Derecho y en Teología. 

Cuando terminó los estudios, su obispo le dio una canonjía con pingües beneficios y le tomó como consejero y administrador de la diócesis. A pesar de tantas tareas, Jacinto siempre buscaba momentos para la oración y la caridad, la cual llevaba a cabo con casi toda la totalidad de los varios salarios que recibía. En 1217 murió su obispo, y fue elegido para la sede, el tío del santo, Ivo de Korski, que era Canciller del reino de Polonia. Quiso el nuevo obispo ir a Roma para recibir del mismo papa la confirmación de su nombramiento. Además, como debía resolver algunos problemas administrativos de la sede, se llevó a Jacinto, administrador de la diócesis, como habíamos dicho. En 1218 llegaron a Roma, donde encontraron al gran Padre Santo Domingo (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias, y 15 de septiembre "santo Domingo in Soriano"), al que ya conocían de oídas, por su labor apostólica.

Ivo pidió al santo fundador que enviara algunos religiosos a su sede, para que le ayudasen con la evangelización de Polonia y Bohemia. Santo Domingo le replicó: "cumpliría vuestros deseos si me dierais algunos de los eclesiásticos que os acompañan. Yo les daría el hábito y la profesión, y les instruiría en nuestro modo de vida. Así volverían con Vuestra Excelencia y podrían fundar conventos en Polonia". Lo comunicó el obispo a sus clérigos acompañantes y los cuatro sacerdotes le respondieron afirmativamente. Eran nuestro Santo, su hermano Ceslao, y los presbíteros Hermán y Enrique. Los cuatro jóvenes tomaron el hábito en el convento de Santa Sabina, hicieron su noviciado y a los 6 meses profesaron como religiosos predicadores. 

Una vez profesos, regresaron a Polonia a pie y sosteniéndose de limosnas, a la par que predicaban por los pueblos que atravesaban. En Friesing fundaron un convento, donde pronto tuvieron candidatos a ser frailes dominicos. Algunos eran ya eclesiásticos, y otros eran jóvenes que se formaban en la Universidad. Cuando el convento estuvo establecido sólidamente, Jacinto continuó su viaje a Polonia, pasando por Austria, Moravia y Silesia, y dejando buen olor a Cristo por donde pasaba, por su encendida predicación y milagros. Numerosas conversiones obraba por su palabra y ejemplo. Fundó un convento en Cracovia, junto a la iglesia de la Santísima Trinidad, donde se vivía en pobreza y acción apostólica constante. En un año ya tenía más de 30 novicios que se formaban como futuros predicadores para aquellos reinos. Desde allí partió San Ceslao a fundar en el reino de Bohemia. 

También se fundó en Sandomira y en Moravia, donde el santo realizó un conocido milagro: animado por el celo apostólico de llevar el Evangelio a los de Wisgrado, al ver el río Vístula crecido, los puentes rotos y los barqueros negados a cruzar a nadie, Jacinto invocó a Cristo y puso un pie sobre las aguas. Y así, sin miedo, atravesó las aguas. Al llegar al otro lado, al ver que los 3 religiosos que le acompañaban se habían quedado en la otra orilla, se despojó de su capa, la puso sobre las aguas, animándoles a subir sobre ella. Confiaron en él los tres religiosos y subieron sobre la capa, que se deslizó sobre las aguas y pasaron el río.

En Prusia también predicó el santo, convirtiendo a muchos que practicaban el ocultismo. Sanó a varios enfermos y expulsó demonios en nombre de Jesucristo. Edificó un convento en Pomerania, en un lugar solitario que el Duque se negaba a darle por eso mismo, ser un lugar inhóspito. Pero el santo le predijo que una ciudad surgiría en torno al convento, y así mismo fue, pues en 1297 se fundaría allí la ciudad de Gdansk. En 1231 el papa Gregorio IX expidió un Breve en el que felicitaba a los reyes y misioneros que habían evangelizado Polonia, especialmente a los dominicos por su obra de predicación. También predicó San Jacinto en Dinamarca, Suecia o Noruega, con el Evangelio y el rosario en la mano. Los viajes y el cansancio de estos nunca atenuaron su penitencia, ayuno y mortificaciones. No se detenía aunque lloviera o hiciera frío.

La llamada Rusia Negra, la actual Ucrania, también fue sitio de sus desvelos. Habitaban allí pocos católicos, tan abandonados que ni tenían una iglesia para ir a misa. Aunque no pudo convertir a la Iglesia de Roma al príncipe Valdomir, al menos logró que le dejase organizar a los católicos y predicarles públicamente. De esta acción salió la conversión de musulmanes, paganos y de muchos que practicaban la fe ortodoxa, que volvieron a la Iglesia Romana. Para no dejarlos solos cuando se fuera, Jacinto edificó en Kiev un convento dominico, para que continuase desde allí la evangelización de la zona. Allí realizó otro milagro: Vio un día que junto al río Dniéper había gente que adoraban un ídolo bajo una encina, y como no tenía barca para cruzar, hizo la señal de la cruz y atravesó las aguas andando sobre estas. Los idólatras, viendo ese portento y escuchando su predicación, renunciaron a su superstición y quemaron el ídolo, confesando a Jesucristo.

Todas estas conversiones ofendieron al duque Valdomir, ortodoxo e instigado por prelados rusos comenzó a perseguir a los dominicos y los conversos católicos. Jacinto le advirtió que por oponerse a la acción de Dios, grandes males podrían venir sobre sus dominios, pero Valdomir ni le hizo caso. Al poco tiempo las palabras del santo se cumplieron: los tártaros asolaron Kiev, entrando en ella y cometiendo numerosos desmanes y saqueando la ciudad. En este marco ocurrió un portento que ha configurado la iconografía de San Jacinto para siempre. Cuenta la leyenda que, entraban los tártaros por una puerta de la ciudad, los dominicos huían por otra. Llevaba nuestro santo el copón con las Sagradas Formas, pero al salir de la iglesia, una imagen de la Santísima Virgen que allí había habló al santo, diciéndole: "¿Te llevas a mi Hijo y me dejas a mi expuesta a la barbarie de mis enemigos?". Jacinto, constatando lo grande de la imagen (casi dos metros) y su peso, pues era de alabastro, se quejó a la Madre de Dios: "Señora, ¿cómo os podré llevar si sois tan pesada". "Haz la prueba" – le respondió la Señora – "y confía en mi". Entonces Jacinto tomó la imagen, que perdió su peso, y llevándola, la salvó de una segura profanación. A este milagro se suma el que, otra vez, cruzaron Jacinto y sus religiosos las aguas a pie enjuto. Esta imagen de la Santísima Virgen aún se venera en Polonia.

Luego de este percance, el santo continuó su predicación por toda Polonia. En 1241 entró en Cracovia, luego de 20 años de trabajos apostólicos. En 1243 volvió a predicar en los países nórdicos, Prusia y Rusia. Predicó a los terribles cumanos, como había querido Santo Domingo, y grandes peligros pasó, pero con la ayuda de Dios salió adelante. Hasta el Tíbet y en la antigua Catay predicó San Jacinto, según consta en sus procesos de canonización. Se dice que el santo caminó como si hubiera dado tres vueltas alrededor de la Tierra. De China volvió por Rusia, convirtiendo a los príncipes Carlomán y Salomé, siempre según la leyenda, pues no hay rastro histórico de estos apostolados lejanos. Luego pasó a Lituania, fundando un convento en Vilna, que sería cuna de numerosos apóstoles. 

En 1255, teniendo el santo ya 70 años, volvió Jacinto a Cracovia para prepararse al encuentro definitivo con el Señor. El rey Boleslao V y la reina Cunegunda le visitaban frecuentemente para edificarse y pedir consejo. Varios portentos obró el santo en Cracovia en estos últimos años. Como hacer brotar de nuevo un trigo destrozado por el granizo, dar la vista a dos niños ciegos de nacimiento, o resucitar a un joven ahogado. Alcanzó el santo a celebrar la canonización de Santo Domingo, cuya fiesta, a 5 de agosto en aquellos tiempos, celebraba por todo lo alto en Cracovia.

El 5 de agosto de 1257 Jacinto pidió a su Santo Fundador le alcanzara de Dios el entrar pronto al cielo, y la leyenda cuenta que el santo se le apareció y le reveló que la fiesta de la Asunción de la Virgen la celebraría en el cielo. Ese mismo día, 5 de agosto, comenzó a padecer fiebres que le hacían difícil decir misa o ir al coro. El día 14 quedó postrado, bendijo a todos sus religiosos y les alentó a ser fieles a los principios de Santo Domingo, a mantener la pureza y la pobreza, y a nunca dejar de predicar el Evangelio a hora y deshora. Se confesó y comulgó, recibió la Extremaunción y entró en una callada agonía. Luego dijo "En tus manos encomiendo mi espíritu", y dulcemente dejó este mundo, el 15 de agosto de 1257. La premonstratense Beata Bronislava (29 de agosto), tuvo la visión de la entrada del alma de San Jacinto al cielo en medio de un sendero de luces que bajaba desde el cielo hasta el convento dominico, y que la Santísima Virgen y San Estanislao (11 de abril) bajaban del cielo para llevar al santo al cielo. Mientras, los ángeles cantaban "¡O mihi cum Hyacintho ad montem mirrhae et ad collem thuris!"

Numerosos milagros se produjeron junto a su sepulcro, y más allá, donde le habían conocido y le invocaban como a santo. El papa Clemente VII permirió su culto en 1527, concediendo la celebración de su memoria a Polonia y a la Orden de Predicadores. Clemente VIII le canonizó el 17 de abril de 1594, y Urbano VIII elevó su memoria a fiesta para la Orden, en 1625.

Fuentes:
-"Santos, Bienaventurados, Venerables de la Orden de los Predicadores". Volumen Primero. FR. PAULINO ALVAREZ. O.P. Almería, 1919.
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.

A 17 de agosto además se celebra a
San Mamés, mártir.
Beato Ángel Agustín Mazinghi, presbítero carmelita.

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