Miércoles, 27 de marzo de 2019

Religión en Libertad

La Bélgica de la eutanasia condena a un cura que confesaba a un suicida por no denunciar su intento

P.J.G./ReL

El sacerdote belga Alexander Stroobandt no puede revelar de qué habló con el suicida por teléfono... ni pudo avisar a nadie, ni usar esa información
El sacerdote belga Alexander Stroobandt no puede revelar de qué habló con el suicida por teléfono... ni pudo avisar a nadie, ni usar esa información

Alexander Stroobandt, un sacerdote católico de Brujas (Bélgica) recibió este pasado lunes una condena, prácticamente simbólica, por no haber avisado a los servicios de emergencia de que una persona que se confesaba con él estaba amenazando con suicidarse.

El sacerdote ha sido condenado a 1 mes de prisión y a pagar a la viuda un euro simbólico, pero no llegará a entrar en la celda. Además, ya ha anunciado que apelará contra esta sentencia.

El caso es bastante complejo... y más si se considera, paradójicamente, que existe un "derecho al suicidio", como asegura ¡el abogado del sacerdote!

Este abogado, Jan Leysen, declara en HLN.be: "Queremos que el tribunal de apelación de Gante revise el caso nuevamente. Todo gira en torno a la relación entre el intercambio entre el secreto profesional y el derecho al suicidio. Según la legislación europea, un ciudadano tiene derecho a salir de la vida. La víctima confió esto a mi cliente. Su secreto confesional era sagrado para él. Si lo hubiera roto, sería excluido por la Iglesia".

La viuda denunció al sacerdote: ella tenía derecho a saber

La viuda del suicida fue quien llevó a juicio al sacerdote. Su abogado, Patrick-Bernard Martens, señala que no buscaban dinero al denunciarlo. "Queremos evitar que esto se repita con otras personas. No contradecimos el secreto confesional, pero en este caso no había duda. El esposo de mi clienta llamó al sacerdote durante sus últimos 40 minutos de su vida. Lo menos que pudo haber hecho él es informar a su esposa", afirma el abogado.

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Le condenan a una pena simbólica, pero él apelará porque no puede aceptar que la sentencia intente recortar el secreto de confesión de los clérigos

El feligrés llevó a cabo su intención de acabar con su vida, inhalando gas en su coche con el tubo de escape. Algunos periódicos han titulado "Por no romper el secreto de confesión un sacerdote dejó que un hombre se suicidara", pero no está nada claro que sea así, porque no se puede saber lo que el sacerdote intentó hacer, cómo intentó disuadirle, distraerle, etc... porque todo lo que intentó decirle fue bajo secreto de confesión y no puede hablar de ello.

Por su parte, el tribunal ha dedicado la sentencia a sermonear sobre el "secreto profesional" y sus supuestos límites.

Con 2.200 eutanasias al año, ¿obligación de "asistir" contra el suicidio?

Y en un país donde la eutanasia y el suicidio asistidos está más que descontrolados (pasó de 234 eutanasias legales en 2003 a más de 2.200 en 2017) y los abogados hablan del "derecho a suicidarse", el tribunal habla ahora de la "obligación de proporcionar asistencia" (para evitar que el suicida se mate, no para ayudarle a matarse).

"El secreto de la confesión es parte del secreto profesional y de ninguna manera es absoluto. El deber de brindar asistencia a una persona necesitada incluso supera ese secreto profesional, incluso en los casos más absolutos", declara la sentencia. El tribunal de Brujas no deja dudas al respecto: el sacerdote Alexander Stroobandt tuvo que notificar a los servicios de emergencia que su feligrés hablaba de suicidarse.

Suicida, alcohólico, depresivo... telefoneaba "como grito de auxilio"

El suicida, Tony Vantomme (54 años), tenía depresión, problemas con la bebida y pensamientos suicidas (todo lo cual, dicho sea de paso, basta para pedir legalmente la eutanasia en el país de los belgas). Cuando tenía una crisis, telefoneaba a alguien, como un grito de auxilio, explica su viuda, Marleen, de 56 años.

Así sucedió la noche del suicidio, del 1 al 2 de octubre de 2015. La viuda denunció al sacerdote cuando supo que su marido contactó con él 7 veces en las horas antes de matarse: 3 llamadas telefónicas y 4 mensajes de texto. Y hablaron por teléfono 49 minutos.

Pocos días después de la muerte de Tony, Marleen leyó los mensajes de texto. El suicida escribió que estaba en su auto y le preguntó al sacerdote si quería orar con él. Stroobandt respondió que lo haría. Según Marleen, su marido debe haber denunciado entonces que se intentaba suicidar.

La viuda lo acusa de negligencia culpable: "El sacerdote podría haber entrado en su auto para ver si todo iba bien con Tony. Él nos conocía en persona".

¿Qué le dijo el cura al suicida? No se puede saber, es secreto de confesión

Pero ¿qué hablaron en realidad el sacerdote y el suicida? Sabemos de qué hablaron en la primera llamada, porque el cura lo ha explicado: sobre vacas y terneros, dice.

Pero no puede explicar de qué hablaron en la segunda llamada, porque dijo "que quería confesar" y a partir de ahí nada de lo que hablaron se puede revelar. Está bajo secreto de confesión.

"Decir que mi secreto de confesión no importa es como decir que no importa si el tribunal no es independiente. La sentencia es importante no solo por mí, sino por todos los sacerdotes", advierte el padre Alexander Stroobandt.

¿Podía el sacerdote avisar a servicios de emergencia de una información obtenida bajo secreto de confesión? Según el abogado de la viuda y la fiscalía, el clérigo estaba obligado a informar. "Todos, sin excepción, están obligados a ayudar a una persona necesitada", dijo el abogado.

A menos que rellenen un papel de eutanasia o un pariente suyo declare que quería matarse, claro.

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