Lunes, 16 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

Daniel Mattson vive ahora en castidad y defiende la enseñanza de la Iglesia

Un escritor homosexual da dos claras razones de por qué los gays no deben ser ordenados sacerdotes

Daniel Mattson vivió durante muchos años un estilo de vida homosexual. Hoy lo hace en castidaD
Daniel Mattson vivió durante muchos años un estilo de vida homosexual. Hoy lo hace en castidaD

ReL

La Congregación del Clero en 2016 y la de Educación Católica en 2005 ya dejaron claro en sendos documento  que personas con tendencias homosexuales arraigadas no pueden ser ordenadas sacerdotes. “Respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay”, afirmaba este texto.

Estos documentos vuelven a estar de actualidad tras los escándalos que se han producido estas semanas en la Iglesia, en la que sacerdotes, pero incluso cardenales han sido acusados de abusos sexuales, muchos de ellos de carácter homosexual, o en prácticas activas de relaciones homosexuales.

Apoya estas mismas tesis desde su experiencia personal el escritor, Daniel C. Mattson, católico y con atracción hacia personas del mismo sexo. Vive en castidad y explica en un artículo en First Things, que recoge Aciprensa, dos razones de por qué personas homosexuales no deben ser sacerdotes. El título es: “¿Por qué hombres como yo no deben ser sacerdotes?”.

La dificultad de la castidad para los homosexuales

“La primera razón es que para los hombres como tendencias homosexuales es particularmente difícil vivir lo que exige la castidad”, afirma Mattson. Además, explica que “la gran mayoría de escándalos en la Iglesia desde el año 2002 involucran a sacerdotes homosexuales que fallan gravemente en la castidad. Esto no me sorprende. La castidad –y estoy convencido de ello– es mucho más difícil para los hombres con inclinaciones homosexuales que para los demás”.

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Mattson, que colabora con el ministerio católico Courage, cita al presbítero y doctor en Psicología James Lloyd, que durante más de 30 años ha trabajado con hombres con tendencias homosexuales, incluidos sacerdotes, y que afirma: “Es muy claro a partir de la evidencia clínica que la energía psíquica necesaria para contener los deseos homosexuales es mucho más grande que para contener los deseos heterosexuales”.

Una segunda razón de peso

De este modo, Mattson considera que “si la Iglesia quiere evitar los escándalos sexuales, tiene que dejar de ordenar a los hombres que tienen muchas dificultades para permanecer castos”.

El segundo problema está para él directamente conectado con el punto anterior, pues “si un sacerdote no se rige por la enseñanza de la Iglesia en su propia vida, tampoco enseñará a sus parroquianos a seguirla si no cree que se aplica a él mismo”.

Para argumentar este punto cita una experiencia que tuvo cuando se confesó en 2009 por haber tenido un encuentro sexual anónimo con otro hombre: “Lleno de remordimiento, fui a confesarme y sorprendentemente, el sacerdote (a quien no conocía) me dijo que tener relaciones con otro hombre no era pecado y, además, me alentó a buscar novio comentando que ‘la Iglesia cambiará’”. Cuando les contó eso a sus amigos le comentaron que todos sabían que ese sacerdote era homosexual.

"La Iglesia necesita hombres maduros"

Mattson tiene muy claro que “ya que los escándalos sexuales de la Iglesia son mayoritariamente homosexuales, la Iglesia no puede arriesgarse a ordenar hombres con inclinaciones gay asumiendo que esas inclinaciones pueden ser temporales. La Iglesia necesita hombres maduros, seguros de su identidad y listos para ser padres espirituales. Amo a la Iglesia, pero no soy el tipo de hombre que la Iglesia necesita como sacerdote”.

El escritor recordó las instrucciones del Vaticano citadas en el inicio del artículo en la que se establece que un hombre homosexual no puede ser ordenado sacerdote “No me ofende esta enseñanza. De hecho, estoy de acuerdo. Si la Iglesia hubiese obedecido a los consejos de 1961 y 2005, no estaríamos leyendo los chocantes titulares de hoy en día: ‘Seminario de St. John investigado por inconductas sexuales’, ‘Víctimas relatan los horrores de los abusos sexuales en un seminario chileno’, ‘Seminaristas hondureños denuncian inconductas homosexuales’, ‘Gerdarmería vaticana interviene orgía gay en la casa de un asistente de un cardenal’, ‘Hombre afirma que el Cardenal McCarrick, su tío Ted, abusó sexualmente de él’”.

Tras lamentar que el reciente informe de Pensilvania da cuenta de muchos abusos cometidos contra niños y adolescentes, Mattson subraya que “si la Iglesia se pone seria para poner fin a los escándalos sexuales, entonces necesita admitir que tiene un problema de sacerdotes homosexuales y debe dejar de ordenar hombres con marcadas tendencias homosexuales”.

Para concluir, Mattson recuerda lo que dijo en mayo de este año el Papa Francisco a los obispos italianos “si hay duda sobre la homosexualidad, es mejor que no entren al seminario”. “Recemos para que los obispos en Estados Unidos y en todo el mundo escuchen este sabio consejo”, finalizó.

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