Martes, 22 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

Pablo Gimeno ve en este confinamiento un «Emaús en potencia» y extrae una importante lección

La experiencia «brutal» de un conocido economista en un Retiro de Emaús justo antes del coronavirus

Pablo Gimeno dirige una consultoría y es analista económico en diferentes medios de comunicación en radio y televisión
Pablo Gimeno dirige una consultoría y es analista económico en diferentes medios de comunicación en radio y televisión

Javier Lozano / ReL

Pablo Gimeno dirige una consultora de inversión y a su vez es también un rostro y una voz conocida tanto en televisión como en radio donde ejerce como analista económico. Con 38 años, casado y siendo padre de tres hijos vive este tiempo, al igual que el resto de españoles, confinado en su casa debido a la pandemia de coronavirus que ha dejado ya en España 14.000 muertos.

Sin embargo, su reflexión en esta ocasión no está centrado en temas económicos aunque haya motivos para ello debido a la tremenda crisis económica provocada por este virus. Desde su hogar, Gimeno sorprende a sus tradicionales oyentes con una fuerte experiencia de fe que experimentó justo antes de la llegada del virus y cómo precisamente puede ser la fe la que transforme esta sociedad parada actualmente por la pandemia.

En busca de la fe

En un vídeo colgado en su canal de Youtube, este consultor y economista avisa de una “reflexión más personal e íntima” donde mezcla el profundo impacto con el que salió recientemente de un Retiro de Emaús, con la fe y el coronavirus.

“Siempre he creído en Dios, a veces más, a veces menor”, explica. Pero desde hacía un tiempo “notaba mariposas en el estómago de ir buscando algo más”.  Y por ello, habla brevemente de tres palancas que a lo largo de su vida le han hecho buscar la fe.

Las palancas que le hicieron ponerse en búsqueda

En primer lugar, Pablo Gimeno habla del importante papel de su madre, “la locomotora de la fe en mi familia”. Madre de cinco hijos, “tenía una fe muy fuerte” y que según Pablo tenía dos particularidades.

“Siempre que ibas con ella de la mano, a las 12.00 paraba y nos decía; ‘mira al cielo, eleva la vista, el Ángelus. Mira que pequeños somos’”, recuerda su hijo. El segundo aspecto era su devoción por la Milagrosa. Cada 27 de noviembre se hacía con unas Medallas Milagrosas y se las repartía a sus hijos para que las llevase.

Hace cuatro años su madre enfermó gravemente, estuvo en la UCI pero no murió precisamente hasta el 27 de noviembre, día de la Medalla Milagrosa, a las 12 del mediodía, la hora en la que cada día elevaba la vista al cielo. “Son cosas que te hacen reflexionar, que te hacen pensar”, reconoce él.

Su paso por una universidad católica, la Francisco de Vitoria, también dejó en él algunas semillas que le han ido alimentando posteriormente. Y la tercera palanca de la que habla es su mujer, con la que lleva 10 años casado.

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Un retiro de Emaús, el punto de inflexión

Estas palancas convergen en este 2020 cuando en enero su mujer hizo un Retiro de Emaús y ya en febrero, poco antes de que estallara la crisis del coronavirus en España, lo hizo él. No sabía por qué lo hacía más allá de que les habían hablado bien.

“Hacer Emaús ha sido para mí la más, o una de las tres, experiencias más importantes y brutales de mi vida. Os cuento esto porque tuve dos encuentros en ese fin de semana de retiro encerrado sin móvil, sin amigos, sin poder comunicarme que fueron muy fuertes para alguien con una fe tibia como la mía pero que buscaba”, reconoce Pablo Gimeno.

Este economista afirma que este primer encuentro “fue con el Señor”. Abrumado por este retiro y cómo ha cambiado su forma de ver la vida asegura que “yo nunca había hablado  así de potente, de rotundo, como cuando hablo de economía”.

"Me sentí mirado por Él, tocado"

La experiencia con Dios en aquel retiro –asegura Pablo Gimeno- “fue un tú a tú. Me sentí mirado por Él, me noté tocado y fue un encuentro absolutamente brutal que me permitió un segundo encuentro igual de impresionante. Me encontré allí conmigo mismo”.

Este experto en Economía reconoce que nunca había tenido dos encuentros como aquellos. “Me hicieron renacer porque nunca había llorado tanto, nunca había sentido tantas emociones de miedo, tristeza, humildad, de sentirme pequeño”, relata.

Aunque hicieron por separado, tanto Pablo como su mujer salieron con la misma experiencia. Explica que “nos ha valido para ser mucho más felices, para poner a Dios en el centro, para reordenar las prioridades y para entender las cosas que hacíamos mal”.

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Fue tal el cambió que experimentó en aquel retiro que durante el mes de febrero convenció a más de 50 personas que para también lo hicieran.

Un retiro para cambiar la sociedad

“Salí de Emaús pensando que ese retiro podía cambiar la sociedad un poco enferma que tenemos. No lo tenían que hacer esas 50 personas si no los 50 millones de españoles porque pensé que haría una sociedad mejor, más fuerte, más unida que recuperaría los valores de la familia en una sociedad que va con prisa, de hijos que dejan solos a sus padres, que hace un culto del cuerpo pero  o a lo espiritual. Y que conste que yo estoy en esa sociedad”, afirma.

Y entonces llegó la pandemia y el coronavirus arrasando España. Y en medio de esta situación Pablo Gimeno vincula este Emaús a la crisis que vive el mundo, con tantos muertos, enfermos y una crisis económica que se está llevando cientos de miles de puestos de trabajo.

“El que haya perdido un familiar o esté sufriendo espero que sepa leer el contexto en el que está hablando”, pide Gimeno. Pero en el otro lado de la grave crisis que se está viviendo puede intentar extraerse un aspecto positivo.

coronavirus-madrid

"Hacía falta parar, resetear y volver a nacer”

En su opinión, “dentro de un tiempo nos va a venir bien como sociedad. Esta crisis del coronavirus es una especie de Emaús en potencia que nos ha mandado para casa, es brutal la fuerza que tiene esto. Te mandan a casa, te encierran, te quitan el fútbol, te encierran con tu familia y al menos vas a tener un mes para pensar”.

Recordando a aquellas 50 personas que convenció para que hicieran Emaús, ahora ve que esta posibilidad se abre a todo un país, a todo el mundo. “Es como si todos pudiéramos ahora hacer un ejercicio de reflexión sobre lo que tenemos en la vida, el amor, de tantas prisas que llevamos en la vida, de tantos consumismo y de los dioses que tenemos…”.

Con esta crisis “vemos que pequeñitos somos, pequeños atomitos que estamos en el mundo y que dependemos de Arriba. Personas que no he visto rezar en mi vida están ahora metidos en cadenas de oración del trabajo, de la familia y se han dado cuenta primero de dónde está Dios y de dónde estamos nosotros”.

Sin olvidar el drama que hay tras esta pandemia, Pablo Gimeno sí cree que en este otro aspecto “este retiro, confinamiento nos va a traer muchísimo bien no sólo a Madrid, a España y al mundo. Hacía falta parar, resetear y volver a nacer”.

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