Domingo, 09 de mayo de 2021

Religión en Libertad

Xavier, triunfador y hastiado «trader», buscaba la Verdad en las filosofías orientales

Una amorosa «Presencia» mística le llevó al bautismo: «Lo que más me impactó es que era una Persona»

Xavier Nguyen.
Xavier Nguyen sentía un sed que no sabía explicar ni lograba saciar con los bienes materiales que le sobraban.

C.L. / ReL

Xavier Nguyen es francés de nacimiento, natural de la Alta Normandía. Su familia es de origen vietnamita y de religión budista, aunque eso no tuvo mucha influencia en su vida. Se ha bautizado en octubre, tras un itinerario vital que compartió con Cyril Lepeigneux en el programa Un corazón que escucha, de la cadena católica KTO.

El camino del éxito financiero

Estudió Comercio en una de las exigentes “grandes escuelas” galas. Se especializó en mercados financieros y trabajó dos años en Múnich antes de trasladarse a Londres, donde era analista de inversiones para grandes fondos inmobiliarios.

Se sentía a gusto: “Ni la tensión ni la responsabilidad me planteaban problemas. Al contrario, me estimulaban”. Le complacía saberse “activo y productivo”.

Los fines de semana eran de “descompresión”: fiestas, alcohol, droga… No llegó a la adicción, porque define esos días de expansión como “un paréntesis” en la semana y no impactaban en sus obligaciones.

Al cabo de cuatro años en la City, tenía 27 años y su vida iba "en autopista”: “Tenía un buen apartamento en un buen barrio, salud, familia, amigos, viajaba cuando y adonde quería… Exteriormente estaba colmado. No me faltaba de nada, tenía una chica y éxito en el trabajo, era bueno en lo que hacía”.

Preguntas existenciales

Pero algo empezó a suceder precisamente en ese aspecto. Se aburría. Se sentía “aprisionado interiormente”:  “Una parte de mí se consideraba feliz, pero otra parte de mí estaba muy seca. Empecé a plantearme si ése era mi lugar. No me sentía fatigado física ni mentalmente, fue más bien que había empezado a hacer meditación y empecé a plantearme cuestiones existenciales y metafísicas”.

Decidió que necesitaba ver otras cosas, tomar distancia, dar un paso atrás. Dejó su trabajo para tomarse un año sabático y empezar un viaje que “rápidamente se convirtió en una búsqueda espiritual en las diferentes sabidurías”.

Estuvo en la India en monasterios hinduistas, en el Himalaya con monjes budistas, en América del Sur con chamanes de los indios, en Vietnam para conocer sus raíces, en Japón… Leyó, investigó y conoció a mucha gente: “Personas excelentes que te ayudan a buscar la verdad, y personas que intentan manipularte. Hay que ser prudente en el camino espiritual, y yo era vulnerable e ignorante”.

Hoy comprende cuál era el error de base: “Giraba demasiado en torno a mí mismo, y esa búsqueda de sabiduría y de verdad no estaba orientada hacia los demás… Había algo de orgullo en esta búsqueda de conocimientos con la que afirmar una superioridad, un conocimiento esotérico para comprender el universo o comprender a Dios”. Se cruzaron en su camino personas entregadas al ocultismo: “Corté a tiempo porque me di cuenta”.

Amado por una "Persona"

¿Y el cristianismo? ¿Formaba parte de su búsqueda? “En aquel momento no buscaba a Jesús en absoluto. El cristianismo estaba completamente fuera de mi radar”. Pero se sentía “decepcionado” de su itinerario, porque no le llevaba a “a ningún lado”.

El testimonio de Xavier en KTO.

Un día, no recuerda muy bien por qué, fue a una librería de París a comprar una Biblia: “Comencé a leerla sin comprender realmente lo que leía. Sin embargo percibí en ella algo que podía ayudarme en mi combate espiritual. Cuando haces una búsqueda como la que yo hice, creas lazos que te oprimen y te crean dificultades. No sabía por qué, pero en la Biblia veía algo que podía protegerme”.

Al cabo de unas semanas, cuando se encontraba en su casa, sucedió algo “que no esperaba en absoluto”.

Así lo relata: “Es como si Dios hubiese venido a presentarse. En aquel momento no habría dicho Dios, habría dicho una Presencia que venía desde muy alto y desde muy lejos, pero que me rodeaba con su mirada y con su dulzura. Era, al mismo tiempo, algo muy lejano y muy íntimo. Y esa Presencia era una Persona: eso fue lo que me impactó por comparación a otras experiencias que había tenido antes. Era realmente una persona, había un Otro.

»Y esa Presencia me hacía comprender dos cosas. La primera, mi pecado; era la primera vez en mi vida que yo me enfrentaba a mi pecado, a mi orgullo, a mi vanidad, a mi autosuficiencia. Me mostró mi corazón de piedra. Pero, segunda cosa, al mismo tiempo me mostraba que, pese  a esa miseria, me amaba tal como era. Y me amaba desde el primer día, siempre había estado ahí, a la puerta de mi corazón, desde mi nacimiento. Yo la había rechazado toda mi vida por ignorancia, por vanidad, por orgullo. Me hizo tomar conciencia de mi rechazo a amar”.

Tras esta doble revelación, Xavier se arrodilló: “Solo dos palabras salían de mi boca: ‘Perdón’ y ‘Te amo’. Las repetí durante varios minutos”.

El camino de la fe

“No relacioné esa experiencia con Cristo de inmediato”, continúa, “pero profundicé en mi conocimiento de la fe cristiana hasta comprender que el Dios de la Biblia, Jesús, se correspondía con ese Otro, con esa Presencia que había experimentado”.

Al principio puso esa experiencia en un rincón, porque no la comprendía y dudaba de ella: “Pero la semilla había sido sembrada en mí, y creo que una vez se ha sembrado la semilla, Dios no nos deja. La gracia actúa. Yo tenía muchos prejuicios sobre la Iglesia, sobre la fe católica. He tenido que hacer un camino”.

Fue una nueva búsqueda de dos años y medio hasta el bautismo, pero esta vez sus destinos fueron otros: el monasterio benedictino de Solesmes, Lourdes, Medjugorje… “La Virgen me tendió la mano”, agradece.

Cristo encarnado

También pasó un periodo en una comunidad que ayuda a jóvenes marginales: “Quería hacer una experiencia cristiana encarnada. Porque otro aspecto que me había resultado chocante en aquel primer encuentro era que el Dios que yo había buscado en la trascendencia se rebajaba y venía a mí allí donde yo estaba”. Entre esos jóvenes vio “actuar la gracia”, y a “Cristo encarnado a través de los demás”.

Finalmente, ya bien preparado, recibió el bautismo: “Todo ha cambiado y nada ha cambiado. Sigues siendo el mismo, con todas tus debilidades, tus sufrimientos y dificultades, pero ahora estás habitado por el Espíritu Santo. Soy el mismo Xavier, pero interiormente ahora hay un espacio en el que acojo la gracia de Dios y recibo a los demás tal como son”.

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