Martes, 06 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

El joven sacerdote Carlos Corado habla del caso de El Salvador

Avance protestante, ideologías, pobreza...: la urgencia de vocaciones bien formadas en América

Carlos Corado, sacerdote de El Salvador.
Carlos Corado explica la realidad social y religiosa de su país, El Salvador.

ReL

Este próximo domingo 8 de mayo se celebra la 59 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que promueve la Santa Sede y cuyas iniciativas en España realizan desde Obras Misionales Pontificias a la Conferencia Episcopal y la Confer. Este año también se une el Centro Académico Romano Fundación (CARF), organización que lleva más de tres décadas volcada totalmente en la ayuda en la formación de seminaristas y sacerdotes de países pobres mediante becas para estudiar en la Universidad de Navarra y en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma.

Para ser fieles al llamamiento de la Iglesia, desde CARF han puesto en marcha una campaña titulada “Que ninguna vocación se pierda” y que tiene por objetivo recoger los fondos suficientes para que estudien, en Roma y Pamplona, 20 seminaristas de todo el mundo. Bajo el lema “Trabajemos por un mundo con alma”, esta campaña busca visibilizar la necesidad de que existan vocaciones sacerdotales.

Muchas vocaciones nacen hoy en países de África o América, pero la falta de medios materiales impide que algunas de estas vocaciones no lleguen siquiera a los seminarios. Los cristianos debemos pensar que detrás de cada vocación sacerdotal, hay otra llamada del Señor, que nos pide asegurar los medios para su formación.

Uno de estos jóvenes que han podido recibir una buena formación gracias a las becas del CARF es el ahora sacerdote Carlos Bladimir Corado, de la diócesis de Santa Ana, en El Salvador. Tiene 31 años, fue ordenado en 2017 y entre 2011 y 2016 estudió en el Seminario Internacional Bidasoa de Pamplona. Y ahora de nuevo se encuentra en España completando en la Universidad de Navarra la licenciatura de Teología Dogmática.

Esta es la entrevista que publica CARF a esta sacerdote salvadoreño:

-¿Cuáles son las necesidades apostólicas más importantes de El Salvador?

-El Salvador es un país muy pequeño territorialmente, envuelto en una gran historia y grandes conflictos. Hace unos días hemos celebrado el 30 aniversario de los acuerdos de paz con lo que finalizó esa guerra que desoló al país. Esa parte dolorosa de nuestra historia ha provocado heridas psicológicas y de pobreza. Por eso, creo que una de las necesidades apostólicas más importantes que tiene nuestro país es trabajar con la juventud y también la formación.

A raíz de la guerra, los jóvenes muchas veces no encuentran hoy en día oportunidades para salir adelante y esto implica que esta juventud busque caminos no adecuados para solventar sus problemas. La Iglesia necesita apostar por los jóvenes, por su formación humana y cristiana, que es una etapa difícil y hay que poner buenas bases para tener buenos ciudadanos. Si hay personas buenas, el país será mejor. Como decía Benedicto XVI, si no hay justos, tampoco habrá justicia. Necesitamos jóvenes con buenos valores.

Carlos Corado, con otros sacerdotes

-Las últimas informaciones confirman que el protestantismo ha superado al catolicismo en El Salvador, y es una constante que está sucediendo en toda América Latina….

-América Latina tiene la peculiaridad de la presencia masiva de las sectas asociadas al protestantismo. Es cierto, el catolicismo está descendiendo en nuestro país por varias razones. En primer lugar, en El Salvador y en general nuestros países latinoamericanos vivimos una fe más sencilla que no busca tantas razones para creer, una fe que vive del encuentro y de la relación. En este sentido, la gente busca en su relación con Dios esa sencillez que a veces no se entiende bien. La gente busca una experiencia más profunda, una experiencia más sentimental de ese encuentro con el Señor, y a veces esto se malinterpreta y en ocasiones se cae en el sentimentalismo. Algunas sectas ofrecen estas experiencias.

La segunda razón es que, unido a esto, uno de los retos que tenemos es la formación de la gente. He conocido a personas que se han ido de la Iglesia porque pensaban que nuestra fe ofrece creencias erróneas. Por ejemplo, los protestantes nos llaman idólatras por rezar frente a imágenes de santos. Por esta razón, la gente necesita formarse. Es un reto para la Iglesia en El Salvador: ayudar a la gente a comprender más su fe católica para que tengan un encuentro vivo con el Señor.

-¿Hay buenas sintonía en El Salvador entre protestantes y católicos?

-Tengo familiares que son protestantes. No obstante, no somos muy dados a crear diálogos fructíferos en nuestros ambientes. Esta es quizás una tarea pendiente para la unidad de los cristianos y para fortalecer esas relaciones de cara a alcanzar esa unidad que el Señor quiere, que todos sean uno.

-Sobre el Sínodo de los obispos y la sinodalidad ¿Qué necesita El Salvador en este sentido?

-Lo que necesitamos es escuchar a la gente, que es lo que el Papa nos ha dicho. Escucharnos lo unos a los otros. Los pastores debemos escuchar a las personas y sus necesidades espirituales. Necesitamos también escuchar a los laicos. Y también necesitamos escucharnos entre los pastores y los obispos y atender las necesidades que los sacerdotes y obispos tenemos. ¿Por qué se han dado tantos escándalos en la Iglesia? Quizás nos hemos descuidado entre los sacerdotes.

-Hace no mucho beatificaron a 4 mártires de la guerra salvadoreña, que se unen a San Oscar Romero. ¿Cómo vivió este acontecimiento?

-Ha sido un momento histórico, de alegría y nos llena de fortaleza. Tenemos un gran desconocimiento de esas personas y los católicos debemos conocer a nuestros santos. Que esta beatificación sirva también para reconciliarnos entre todos los salvadoreños.

-¿Algunas palabras finales para los benefactores y amigos de CARF?

-Les agradezco muchísimo que pueda contar mi experiencia como sacerdote que ha sido posible por tantos benefactores anónimos que dan de lo que tienen y no de lo que les sobra. Las personas generosas son las que tienen un corazón grande para dar. Y les agradezco la oportunidad que me han dado para poder estudiar en la Universidad de Navarra, ya que así ayudan a la Iglesia y también a mi país, El Salvador. Guardo muy buenos recuerdos de Bidasoa. Le aseguro mi oración y les encomiendo en la Eucaristía.

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