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Murió con 40 años, fue sacerdote clandestino, hijo y alumno de santos: milagro de Tomás Choi Yang-up

Su amigo San Andrés Kim fue sacerdote un año antes de ser ejecutado; Tomás Choi logró servir 11 años en la Iglesia perseguida.

San Andrés Kim y el Venerable Tomás Choi, jovencitos, son invitados a hacerse seminaristas, en la película Nacimiento, de 2022bosco films

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Muchos han visto la hermosa película de 2022 Nacimiento, sobre la historia de San Andrés Kim, el primer sacerdote natural de Corea: fue descubierto y martirizado con 25 años, cuando apenas llevaba un año como sacerdote clandestino bajo la persecución coreana de la dinastía Joseon.

En esa película aparece también su amigo y compañero de estudios, Tomás Choi Yang-up, que fue el segundo sacerdote católico coreano. Tomás Choi (1821-1861) murió a los 40 años, por fiebres tifoideas, pero antes pudo servir 11 años a las comunidades clandestinas coreanas.

Su causa de canonización comenzó en 2004, cuando se le otorgó el título de Siervo de Dios. El 26 de abril de 2016 el Papa Francisco reconoció sus virtudes en grado heroico y el título de Venerable. 

Ahora, los obispos coreanos han adelantado que se va a aprobar un milagro por su intercesión que permitirá beatificarlo.

La Comisión Médica del Dicasterio para las Causas de los Santos aprobó el 26 de marzo el milagro que se le atribuye. Solo falta la aprobación de los teólogos y la firma del Papa. 

Se acerca la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl, del 3 al 8 de agosto de 2027, y pudiera ser que la beatificación tuviera lugar entonces.

Una iglesia perseguida en duras oleadas

Entre 1760 y 1866 hubo cuatro grandes oleadas de persecuciones en Corea, que mataron a unos 10.000 católicos, entre ellos los padres de Tomás Choi Yang-up, San Francisco Choe Kyeong-Hwan y la beata María Yi Seong-rye. Ella fue decapitada en 1840, a los 39 años, cuando Tomás tenía 19. Los padres de Tomás habían organizado todo un pueblo cristiano clandestino. El padre de Tomás fue canonizado en 1984 y su madre fue beatificada en 2014.

Tomás llegó a Macao (colonia portuguesa) con 16 años, acompañado de Andrés Kim y un compañero más, que moriría en una epidemia, para formarse como seminaristas. El misionero clandestino francés San Pedro Filiberto Maubant (1803-1839) los había conocido en Corea y se los llevó consigo a Macao para formarlos. En 1839 hubo disturbios en Macao, y Tomás Choi y Andrés Kim pasaron casi todo el año en Manila, en Filipinas, que era territorio español, un ejemplo de ciudad asiática y católica.

Entre sus formadores en distintas etapas estuvieron: el santo mártir Pierre Maubant (1803–1839), el santo mártir Jacques Chastan (1803–1839), el santo mártir Antoine Daveluy (1818–1866) y el santo mártir Laurent Imbert (1796–1839), todos sacerdotes de las Misiones de París.

La ejecución de su amigo Andrés Kim

En 1844 Andrés Kim fue ordenado por el obispo misionero Ferréol, y le acompañó a Corea, junto con el padre Anthony Daveluy. Tomás se quedó con el padre Joseph Maistre en Xiaobajiazi, el seminario en Manchuria donde formaban sacerdotes para China. Al año siguiente supieron que Andrés había sido decapitado en una ceremonia ritual ante el público. Era el primer sacerdote coreano, era joven y había servido poco más de un año.

Viendo que era inútil intentar entrar en ese momento en Corea, Tomás fue enviado a la sede de los misioneros de las Misiones de París en Hong Kong (colonia inglesa). Allí tradujo al latín "Los logros de los mártires coreanos", del padre Ferreol.

Finalmente consiguió introducirse en Corea en 1849. Tenía 28 años. Allí trabajaban de forma clandestina el obispo misionero Ferréol y su ayudante el padre Antoine Daveluy, con los que empezó a colaborar. Ferreol, que llevaba clandestinamente en Corea desde 1846, traduciendo libros para la formación de cristianos, se debilitó por enfermedades en 1851 y murió en 1853. Daveluy, que fue obispo clandestino de Corea, fue detectado por las autoridades y decapitado en 1866, con 48 años.

Sacerdote clandestino 11 años

Tomás Choi podía visitar zonas que eran de acceso más complicado para los misioneros franceses. En sus primeros seis meses logró recorrer unos 2.000 kilómetros visitando las comunidades clandestinas de pueblo en pueblo. Se calcula que consiguió tratar personalmente con unos 3.800 católicos clandestinos.

Estableció luego su base en Baithi. Allí tradujo el catecismo y el libro de oraciones al coreano. Introducía nuevos misioneros en el país y enviaba jóvenes con vocación a formarse a Penang, en Malasia. Escribió sobre los mártires para que no fueran olvidados. También compuso himnos doctrinales con palabras sencillas en la lengua local y melodías tradicionales, fáciles de memorizar para los fieles.

En una ocasión, en 1859, fue brutalmente golpeado por las autoridades locales y los no creyentes. Murió por enfermedades en 1861, con 40 años. Al morir, tenía un año más que su madre mártir, quince más que su amigo Andrés.

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