Los científicos ateos que gustaban a Jeffrey Epstein y cuyo éxito debe mucho a su abundante dinero
El polémico magnate gustaba de promocionar a personas que proclamaban su rechazo a la existencia de Dios.
Jeffrey Epstein, en una rueda de prensa cuando ya era un personaje polémico.
El financiero pedófilo Jeffrey Epstein (1953-2019) no creía en Dios, pero sí en el Poder y en la Ciencia. De ahí su pasión, además del dinero, por algunos científicos, a quienes financiaba, invitaba a la isla y consultaba.
Lo ha contado Francesco Agnoli en Il Timone:
Los científicos (ateos) que le gustaban a Jeffrey Epstein
Antiguamente se decía "es un sin Dios". Era el más terrible de los insultos. Quien no tiene a Dios, de hecho, no tiene escrúpulos ni referencias a un ser superior: por lo general, solo tiene su propio egoísmo, sus propios intereses y deseos. Alessandro Manzoni nos describe a los sin Dios de su época: Don Rodrigo, con sus caprichos; don Abondio, que sí tiene un dios, pero solo cuando no le molesta y, sobre todo, el Innominado, un criminal en serie, que "nunca veía a nadie por encima de sí mismo, ni más arriba".
En el fondo, era poca cosa comparado con lo que hemos visto nosotros, que vivimos unos siglos después y hemos sido testigos de la "muerte de Dios" de Nietzsche: Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, Pol Pot, Ceaucescu, Hoxha... todos ellos eran "sin Dios", extremadamente coherentes y conscientes en la teoría y en la práctica. ¿Y hoy? No veo candidatos más interesantes al título de "sin Dios" que los dos protagonistas de la historia de espionaje más increíble de todos los tiempos: Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell.
- El primero: chantajista, pedófilo, violador, torturador y asesino;
- la segunda: cómplice que le procuraba contactos importantes (desde Clinton hasta el príncipe Andrés) y víctimas, y que también violaba a niñas (era lesbiana).
Epstein, según nos cuenta la testigo por excelencia Virginia Giuffrè, consideraba que todo era lícito, desde la homosexualidad hasta la pedofilia, porque el sexo es "una descarga puramente física"; creía pertenecer a una especie de raza animal superior e incluso imaginaba poder alcanzar una especie de inmortalidad terrenal. De hecho, estaba convencido de que lo meterían "en una especie de cámara criogénica, donde se le conservaría hasta que la tecnología avanzara lo suficiente como para devolverlo a la vida".
Personajes
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Religión en Libertad
Epstein no creía en Dios, pero sí en el Poder y en la Ciencia. De ahí su pasión, además del dinero, por ciertos científicos a los que financiaba, invitaba a la isla y consultaba: siempre y cuando fueran estrictamente ateos y defensores de un evolucionismo de corte materialista.
Si repasamos la lista de sus favoritos, encontramos a físicos famosos como Steven Hawking, Lee Smolin y Lawrence Krauss.
- El primero, ya fallecido, se convirtió en un ídolo sobre todo por su ateísmo declarado (por muy bueno que fuera, nunca ganó el Nobel): parece además que en la isla de Epstein también participó en eventos poco edificantes.
- El segundo es autor de un texto titulado Un universo de la nada, de 2009, escrito para la Atheist Alliance International, y se ha visto envuelto en varias ocasiones en escándalos por su comportamiento con las mujeres.
- El tercero, Lee Smolin, en su La vida del cosmos, sostiene que "nunca ha habido un Dios, nunca ha habido ningún piloto que haya creado el mundo imponiendo un orden al caos [...]. Todo lo que tenemos como ley natural es un mundo que se ha construido a sí mismo".
Si le gustaban los físicos defensores de un mundo que se ha construido a sí mismo, sin Dios, a Epstein también le encantaba frecuentar a biólogos ateos como James Dewey Watson -también él un racista convencido de la inferioridad de algunos hombres respecto a otros, y seguro de que "el amor está escrito en el ADN"-, Richard Dawkins, Daniel Dennett y Steven Pinker.
¿Pero qué es lo interesante? El hecho de que a estos tres últimos personajes mencionados, que son los ateólogos más famosos de los últimos cincuenta años, los vemos en una foto que se ha hecho famosa, en alegre compañía no solo de Epstein, sino también de un amigo suyo muy querido y beneficiario (de dinero y "fiestas"), a saber: el superagente literario John Brockman, capaz de lanzar al Olimpo de los escritores más vendidos a sus protegidos, incluso partiendo de la nada (un dios de la edición, en definitiva).
¿Y a quién encontramos en la cartera de Brockman?
Los ya citados Dawkins, autor de La ilusión de Dios (2006), que se convirtió en un éxito de ventas mundial; Dennet, autor, en el mismo año, de Breaking the Spell: Religion as a Natural Phenomenon; Steven Pinker, Jared Diamond -autor de El tercer chimpancé- y una serie de otros darwinistas según los cuales el hombre es solo un animal, Dios una extraña invención de la mente y la moralidad no el signo de nuestra humanidad y de nuestra relación con Dios (que nos habla en el santuario de la conciencia), sino el mero fruto de la evolución biológica.
En otras palabras, evolucionistas para quienes, al no existir una moral objetiva y superior, la única ley es la ley animal de la supervivencia del más apto en la "lucha por la vida".
¿Conclusión? Hoy sabemos que los autores de los libros ideológicos de "ateología" más importantes de las últimas décadas han tenido un éxito extraordinario y una inmensa publicidad gracias también a su relación con la persona y el dinero de Epstein, principal financiador de la Edge Foundation de John Brockman.