El Papa advierte: nuestro mundo busca constantemente «novedades a expensas de cosas importantes»
León XIV extrajo de la resurrección milagrosa de Lázaro una lección que también planteó San Agustín en las «Confesiones».

El mensaje del Papa fue esperanzado y de oración, pero inquieto por la situación en Oriente Medio.
Además de su tradicional consideración religiosa antes de rezar el Ángelus, su también tradicional consideración posterior a dicha oración llevó al Papa a una reflexión "con tristeza" sobre la situación en Oriente Medio y en otras regiones del mundo "devastadas por la guerra y la violencia".
"No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos", añadió León XIV: "La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana".
El milagro con Lázaro
Antes de estas consideraciones, el pontífice había recordado que este quinto domingo de Cuaresma recuerda uno de los milagros más impactantes del Evangelio, en la medida en que hizo llorar a Jesucristo: la resurrección de Lázaro (Jn 11, 1-45).
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"Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás", dice Nuestro Señor en ese pasaje evangélico del día.
"La liturgia nos invita así a revivir", valoró el Papa, "a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen".
La gracia de Cristo, precisó, "ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes -tiempo, energías, valores, afectos- como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales".

Aunque la lluvia alejó a público de la Plaza de San Pedro, hubo españoles y muchos de la diócesis de Córdoba, a los que saludó específicamente el Papa.
Todos llevamos dentro "una necesidad de infinito", añadió el pontífice, a la que no podemos responder confiando "en lo efímero": "Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él".
San Agustín, muy presente
Apuntaba así, según la cita de San Agustín a la que hacía referencia, a las primeras líneas de sus Confesiones:
- "Grande sois, Señor, y muy digno de toda alabanza, grande es vuestro poder, e infinita vuestra sabiduría. Y no obstante eso, os quiere alabar el hombre, parte ruin de vuestra creación: un hombre que lleva en sí no solamente su mortalidad y la marca de su pecado, sino también la prueba y testimonio de que Vos resistís a los soberbios. Y con todo eso presume alabaros un hombre, parte ruin de vuestra creación. Pero Vos mismo lo excitáis a ello de tal modo, que hacéis que se complazca en alabaros; porque nos criasteis para Vos, y está inquieto nuestro corazón hasta que halle descanso en Vos".
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El camino de la gracia
El relato de la resurrección de Lázaro nos invita pues con la fuerza del Espíritu Santo, añadió el Santo Padre, a "liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad", donde "no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad".
Lo que nos pide Jesús entonces es "salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites".