Religión en Libertad

Del Mundial de hockey a la vida religiosa: «Sigo amando el deporte, me sé todos los resultados»

Maria Vergine dei Tramonti lleva 20 años como religiosa y reside en Lausana, Suiza.

Maria Vergine dei Tramonti, arriba, la tercera por la izquierda. clarín/Familia Simmermacher

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Nació como María Belén Simmermacher pero, en el noviciado, cambió de nombre a Maria Vergine dei Tramonti. Vive en Lausana (Suiza) desde 2006 y es una de las tres religiosas en la Residencia Universitaria Católica Foyer Bon Accueil. Clarín cuenta su historia.

Maria disputó el Mundial Junior de Buenos Aires 2001, aunque casi no jugó: unas semanas antes, en la Copa América con la selección absoluta, se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha y retrasó su operación para estar en el equipo juvenil. Simmermacher era "una gran promesa de buen juego, que apuntaló a las titulares, aunque estuviera fuera del campo".

Llamada a dejarlo todo

"Fue una experiencia muy fuerte y muy linda de mi juventud. Tenía 17 años, estaba en el último año del colegio cuando fui convocada al Mundial Sub-21 de 2001. Obtuvimos la medalla de plata, y para mí fue un momento de gran crecimiento humano y deportivo, compartiendo un nivel de exigencia muy alto y representando al país", dice Maria, monja desde hace 20 años.

Maria, en el centro, arriba.Clarín/ Familia Simmermacher

Nacida en Argentina el 4 de octubre de 1982, Maria compaginó el hockey con sus estudios y su trabajo como Asistente de Contabilidad Administrativa. Hasta que, a los 23 años, entró al noviciado de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y, después de un año, el 19 de marzo de 2007, tomó sus primeros votos religiosos. Su profesión perpetua llegó el 19 de marzo de 2013; tenía apenas 30.

"A finales de 2005 dejé voluntariamente el seleccionado y el hockey en el San Isidro Club. Fue una decisión ligada al proceso de discernimiento vocacional que estaba viviendo. Dios quería otra cosa para mí, me llamaba a dejar todas las cosas 'del mundo' para corresponder al llamado de amor y dilección que Él hace a las almas consagradas y que tiene pensado desde toda la eternidad", comenta.

María, con sus seis hermanos y su extensa familia.Clarín/ Familia Simmermacher

La infancia de Maria siempre estuvo marcada por la fe. "Por mi familia hemos tenido la gracia de practicar nuestra fe, participar de la santa misa en familia, y realizar peregrinaciones. Recuerdo que todos los años esperábamos con ansias las cabalgatas a caballo desde Luján a San Nicolás con la Virgen de Luján, patrona de la Argentina", relata.

Hasta que le llegó la vocación. "Durante la universidad llevaba una vida normal: estudiaba, trabajaba, jugaba al hockey en la primera división, entrenaba a las divisiones más pequeñas del SIC y estaba en la selección. El proceso vocacional comenzó después de graduarme, a partir de encuentros concretos con la vida religiosa. Conocí a las hermanas en Bariloche la primera vez en el verano de 2004, ¡y me invitaron a escalar una montaña! Me llamó la atención el modo de vida, la sencillez y el espíritu de sacrificio y pobreza unido al clima de alegría".

"Después de un tiempo de discernimiento, de conocer a las hermanas, participar en convivencias, visitar una casa de misericordia y hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, llegó un punto en el que interiormente no podía dudar: quería dar toda mi vida a Jesucristo. Fue una gracia muy fuerte y muy concreta que aún hoy recuerdo".

Una vocación de la que sigue enamorada, a pesar de los sufrimientos de la vida. "Es como cuando uno se enamora y luego se casa… Es para siempre… Momentos difíciles los hay, pero Dios da la gracia y nos ayuda. Y lo que es más cierto todavía es que cuando nos decidimos a darle todo, no nos pide nunca cosas más grandes de las que podemos hacer, no nos pide cosas imposibles, aunque sí difíciles, heroicas, cosas altas".

"Es una alegría que Dios bendiga las familias con un hijo religioso… A veces, suena un poco 'chocante' en nuestra sociedad… Pero, si lo miramos con fe, dejando de lado lo sentimental, entendemos que es una de los regalos más grandes que Dios puede hacer a una familia. Nosotros somos 7 hermanos, 39 primos, 4 religiosos y dos de ellos son sacerdotes", añade.

De Argentina, María se marchó primero a Italia, donde estudió Derecho Canónico y fue Maestra de Novicias, y luego a Suiza. "Recuerdo una vez cuando las Leonas vinieron a jugar unos amistosos en Roma. Pedí permiso a mis superiores para ir a ver el partido y pude saludar al entrenador. Pero las jugadoras de mi época ya no estaban… Por supuesto, sigo los resultados de la Pro League, del Mundial y de las otras competiciones internacionales por los medios. Sigo amando el hockey y estoy al tanto de los resultados. Además, mis sobrinas son fanáticas del hockey, así que tengo que estar actualizada".

En 2020, sus superiores le propusieron viajar a Suiza. "Fue un gran desafío la inculturación en un nuevo país, pero también una experiencia misionera con muchos frutos. Acepté con gran alegría ser la Directora de la residencia universitaria donde vivo desde hace seis años. Actualmente somos 3 religiosas y 22 jóvenes universitarias. Además, realizamos otros apostolados con familias y con niños", concluye.

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