Religión en Libertad

Del punk a bautizarse en Madrid a los 24 años: la historia de conversión del músico Juan López

La voz del grupo María Jesús y su hijo charla con ReL sobre su particular camino de fe.

"En mi bautizo estaban mis padres, los vi juntos por primera vez después de 17 años", cuenta Juan López.@frayjuandelacruz

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"El día que comulgo, tomo mi medicina, que es Jesucristo, y no hay medicina mejor", dijo en una ocasión Fabio McNamara, uno de los mitos punk de la movida madrileña.

Remonto la calle Atocha de Madrid hasta llegar a la altura de la histórica parroquia de San Sebastián. En una de las paredes del atrio, una placa de mármol recuerda a las grandes celebridades que recibieron un día aquí algún sacramento: Lope de Vega, Churriguera, Bécquer, Santa Maravillas de Jesús... hasta Miguel de Cervantes, enterrado, también, en una capilla cercana.

Es domingo 18 de enero y el templo luce abarrotado, casi como nunca se había visto antes. Las finas gabardinas de niñas con lazo se mezclan con la moda transgresora de unos jóvenes punks con pendientes y abrigos, un tanto, chocantes.

Esta mañana, en la casa de la Cofradía de la Novena –la de los artistas–, tendrán lugar 14 confirmaciones y tres bautizos de adultos, entre ellos el de Juan López Soto, la voz del grupo de música María Jesús y su hijo (un sexteto madrileño de punk castizo, muy de moda hoy en los ambientes más undergrounds).

Religión en Libertad charla con este joven artista de 24 años sobre sus inicios en la música y, sobre todo, de su interesante y original camino para llegar a Dios... y a bautizarse, y a hacer la comunión y a confirmarse, y todo en un mismo día. 

-Cuéntamos, primero, ¿quién es Juan López Soto? ¿dónde te criaste? ¿qué papel tuvo Dios en tu infancia?

-Nací en Madrid y monté una banda de música cuando tenía 14 años, lo hice con mi mejor amiga, la cual falleció hace dos años. Se podría decir que la música es la que me ha ayudado en mi camino de fe. Después, formamos el grupo María Jesús y su hijo, del que soy cantante y compositor. 

»Mi confesor, el párroco de San Sebastián, que me ha ayudado mucho en todo este camino, me decía que el problema del mundo es que, muchas veces, se practica sin tener fe, que hace falta siempre tener la experiencia

»A mí, en casa, no se me habló nunca de Dios en el sentido judeocristiano, ni para bien ni para mal, y eso me dio una visión muy limpia de todo. Me dio el permiso, y estoy muy agradecido de ello, a verlo todo con asombro. Desde ese asombro es desde donde conozco a Dios. Es hermoso cuando no te cuentan las cosas. A Dios se le hace mucho más sencillo poder entrar así en tu vida.

Juan López con las vestiduras blancas propias del rito del bautismo.JS

-Pero, concretamente, ¿cómo llegas a encontrarte con Dios? ¿Cómo está siendo todo este camino de fe?

-Es a partir de esa intuición, que todos tenemos, de lo maravilloso y de lo religioso. Siempre me daba cuenta de la magia que había en las cosas que no se podían tocar. Siendo muy joven, tendría 13 o 14 años, podía sentir una gran cantidad de emociones, y esa sensación de sostén, de incondicionalidad por algo que estaba en presencia pero que todavía no era capaz de percibir sensorialmente.

»Es con esa intuición con la que empiezo a acercarme a Dios. Siempre me gustó mucho escribir canciones, poesía... y todo eso me conmovía. Hasta que en mi adolescencia, a partir de un texto de Allen Ginsberg, el gran poeta beatnik, conozco a San Juan de la Cruz y a Santa Teresa de Jesús. Fue, digamos, un acercamiento ontológico de Dios.

»Estudié en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, y, en el año 2024, con todas estas intuiciones y esta manera de sentir, mi amiga Ana fallece, que era con la que había comprendido todo este misterio desde la adolescencia. Aunque, yo nunca había hablado de esto con ella.

»Sus padres, que eran creyentes, decidieron no bautizarla, y, un día, me contaron que Ana, al final de su vida, había pedido ser bautizada. Cuando me enteré de eso, me emocionó muchísimo. Ana tenía la certeza de que, incondicionalmente, Dios estaba con ella. Y es justo, cuando ocurre su fallecimiento, cuando yo me encuentro en un momento de esa duda existencial que es necesaria en toda vida.

»Siento, entonces, una gran sincronía con la ausencia de una persona que había sido esencial en mi manera de sentir y de conectarme con las razones por las cuales hay un Dios. Es en ese momento de ausencia, de noche oscura, cuando decido ponerle nombre y lo hago con Cristo y el catolicismo. Empiezo a acudir a misa y lo disfruto mucho, muchísimo. Para mí... era verdadero alimento. Aun estando fuera de la Iglesia oficialmente, sentía cómo se me saciaba esa sed sagrada. Y esa sed sagrada se me saciaba, particularmente, con el Santo Evangelio.

»Tuve, además, la condición hermosa de que quise bautizarme en un lugar que fuese importante para mí. En la iglesia de San Sebastián de Madrid, la parroquia de los artistas. Donde muchos de los que a mí me han ayudado a comprender y a participar de Dios también hicieron un día su proceso de fe.

-Y, el quid de la cuestión... como adulto que acaba de entrar en la Iglesia y abrazar la fe, ¿quién es Dios para Juan López? ¿Y Cristo?

-Qué pregunta tan difícil. Pero, te confesaré que me ha ayudado mucho en todo este proceso de fe la filosofía. He estado muy acompañado de gente maravillosa, como algún padre de la Iglesia, y, sobre todo, por Simone Weil, son maravillosas sus meditaciones sobre Cristo. También me ha ayudado Aristóteles, coincido mucho con su manera de hablar de que todo intento de mencionar y de explicar a Dios es un fracaso. A mí con Dios y Cristo me ocurre lo mismo. 

»Cristo es la certeza que uno siente en la soledad. Mi bautismo, la ceremonia del otro día, fue una sensación muy grande de soledad. Es aquello que dice San Juan de la Cruz, que cuando uno tiene el encuentro más certero con Dios, frente a frente, siempre está solo. Esa soledad pesa tanto, y es una de las grandes razones por las que la gente se acerca a Dios y a Cristo. Ahora, puedo decir que me siento acompañado.

»Siento que en ese descendimiento que uno hace, en esa escala del conocimiento de uno mismo, hay alguien que me da la mano. Aunque me cueste mucho verlo, estoy siempre acompañado. Y eso para mí es Cristo.

Juan López, el segundo por la izquierda, con su grupo.instagram @frayjuandelacruz

-Más allá de dar un sentido completo a tu existencia... ¿cómo te ayuda la fe en la rutina del día a día?

-De muchas maneras. Pero, para mí, rezar es mi alimento, me sustenta. Y la fe me ayuda a quitarme el miedo. Pienso mucho en la cantidad de gente que ha profesado mi fe durante este tiempo, durante estos dos milenios, y me hace entrar en paz con la condición mortal de mi cuerpo. Me ayuda a entrar en la certeza de la vida eterna.

»Me ayuda a entender que nunca más seré mi propio centro, con la paz que eso da. Sin que eso sea un desprecio ni un acto deshonesto contra mí, sino justo lo contrario. El acto más bello es entender que uno no está en medio de él, sino que hay Algo más grande, que obra entre todos nosotros y que nos sostiene. La fe me ayuda a hacer las paces con todo eso.

-¿Qué decían tus amigos de la música de todo este camino de fe? Me imagino que alguno pensaría: "éste se ha vuelto totalmente loco"...

-Creo que se lo esperaban, porque siempre he sido muy abierto a este tema... y ellos me han ayudado a acercarme. Es muy hermoso ver cómo se está volviendo, después de un tiempo, a mirar con otros ojos más limpios, sin menos prejuicio, a la religión católica. A ellos les extraña un poco y no pueden entenderlo, me preguntan el por qué, pero me acompañan, y eso es bonito.

»En el mundo en el que me he movido, del rock and roll, del teatro, de mundos aparentemente más ajenos, que están siempre llenos de vida... pareciera que esa gente no tuviera que estar apoyándonos, pero es justo lo contrario.

Juan López con el también converso Fabio McNamara.@frayjuandelacruz

-Y, ¿qué les pareció el rito propio del bautismo?

-Les pareció increíble. Fue impresionante. Los ritos son muy elocuentes. Son barrocos. Al final, este país es maravilloso. En la Contrarreforma se entiende muy bien todo esto. Mucha gente lloró, gente que yo sabía que, particularmente, no profesaba una fe cristiana. Muchos de ellos se emocionaron y sintieron cosas que no han sabido explicarme. Como decía San Juan de la Cruz, cuanto más trato de explicarlo, más me alejo.

-¿Y tu familia... qué te decía? ¿Pudo acompañarte alguien en este día tan importante para ti?

-Estaban mis padres, los vi juntos por primera vez después de 17 años. Fue muy emocionante, porque ahí es cuando uno comprende que no se trata de una cuestión de creencia, sino que es experiencial, que lo ontológico es inherente a todos los seres humanos y que tiene poder para obrar.

»Mi madre, posiblemente, es una mujer muy anticatólica, y la vi emocionada cuando me dio la paz. La alegría que había... dándose cuenta de que se había obrado una pacificación en toda nuestra familia. Vi a mis tías octogenarias encantadas. Vi a gente muy cercana, de mi familia, a la que la Iglesia había unido, gente que yo había visto desunida durante mucho tiempo.

Juan, el tercero por la derecha, esperando a recibir el bautismo.JCadarso

-¿Y tú, personalmente, cómo viviste tu bautismo?

-Con los ojos cerrados. Fue muy hermoso. Recuerdo que cuando me bautizaron, cuando me echaron el agua, fui tan consciente en ese momento de que era merecedor del amor incondicional de Cristo. Él tenía para mí reservada esa dulzura en mi camino. Eso para mí es un tesoro que guardo. Poder experimentar eso, ese es el verdadero sentido del bautismo.  

-Por cierto, ¿cómo te han ayudado los catequistas, tus padrinos, los sacerdotes... en todo este camino?

-Tuve la suerte de tener a un confesor cerca, y su acompañamiento me ha ayudado a entender a Cristo, a Dios, y a entender el Evangelio con una sensación epifánica en cada encuentro semanal que tenía con él. Me ayudó en alguna crisis que tuve con Cristo, con sensaciones grandes de miedo

»He disfrutado mucho en este año y medio recorriéndome todas las parroquias de Madrid. Había días en los que me hacía tres o cuatro misas. Y me dolía profundamente cuando algún padre se ponía óntico, porque Dios y Cristo son profundamente ontológicos. Las explicaciones ónticas alejan a la gente de Dios. 

»Lo ontológico me ha hecho salir con esperanza a buscar a Cristo, su mensaje, su verdad y todo eso que tiene reservado para mí, de ir en Su búsqueda con paciencia. Cuando hablamos de pecado, por ejemplo, hablamos en el sentido profundo, no en la norma del "no hagas", "no puedes", "esto está mal", hay que entender ontológicamente lo que significa la virtud, lo que significa el pecado. 

»Todos me han ayudado mucho en este sentido, los catequistas, los sacerdotes, mis padrinos... La madre de mi amiga Ana fue mi madrina, es una persona que me ha ayudado mucho en mi fe.

Juan es miembro de la cofradía de la Virgen de la Novena. @frayjuandelacruz

-En una sociedad sumida en la desesperanza, la ansiedad, las drogas... ¿Qué le dirías al hombre de hoy, tan moderno y tan racional, de que la fe puede ser una buena opción a contemplar?

-Lo bonito de la Iglesia es que contiene un montón de maneras de vivir la fe. En mi camino personal, siento que hay cierta falta de respeto en hablar como si la fe fuese una cuestión de creencias, de ideología política, de opiniones o de ideas. Toda aquella persona que ha tenido un encuentro con Cristo, que ha tenido esa sensación de presencia, como decía Rudolf Otto, sabe que la fe "más que amable tiene mucho de terrorífico". Los santos tienen mucho de terrorífico.

»Tendríamos que empezar a hacer una diferenciación entre la creencia y la experiencia. Porque, la religión, sin duda, es experiencia. Si me acerco a alguien a hablarle de Cristo solo desde lo que yo creo se quedará como "pues, muy bien", pero nada más. Lo religioso es inherente a la experiencia humana.

»En este momento de la historia, en el que parece que ya nos lo han contado todo, y que la explicación científica nos ha quitado la cosa más maravillosa –como decía María Zambrano– que es el asombro y el misterio, le invitaría a que pensase en esas cosas que están presentes en su vida y que, por mucha explicación que haya, hay un no sé qué siempre queda en uno. No tenemos capacidad de ponerle palabras ni de hacer justicia a Dios. 

-¿Y, ahora, ya como católico, cómo encaja la vida de fe con la música? ¿Son compatibles ambas formas de vida? 

-Totalmente. Hay un documento que me ha acompañado mucho, que es esa carta hermosa que hace Juan Pablo II a los artistas. Eso que escribió lo entendemos todos los artistas. Esa manera en la que Dios obra a través de nosotros. Me ayuda mucho entender que la música es ceremonial y, al igual que una misa, une a la gente en la Tierra en su experiencia terrenal.

-En esos momentos de noche oscura... ¿hubo algún pasaje bíblico que te golpeara especialmente?

-La Pasión según San Juan, y, sin duda, en la traducción de Fray Luis de León, el Cantar de los Cantares. Cuando uno lo lee... es que no se lo espera. De repente, se habla tan fieramente de Dios, tan fieramente del dolor –que lo ha visto tan bien San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual–. Esa manera de hablar poéticamente sobre cómo uno se siente en la ausencia. De cómo se siente el alma, de cómo se siente la esposa en la ausencia del encuentro divino. "Que me bese con besos de su boca, porque mejores son tus amores más que el vino". Para mí, es una manera simbólica de comprender a Dios a través de la experiencia.

-Una vez bautizado, pudiera parecer que ya lo has alcanzado todo, pero, ¿hay algo que te dé miedo o vértigo? 

-Mi encuentro con Dios ha sido en soledad, y me da miedo que la gente no lo experimente de la misma manera. Me da miedo vivir el catolicismo en un sentido juicioso. Quiero poder hablar libremente de Cristo siendo como sea. Para mucha gente el rock and roll está muy lejos de Cristo, y, para mí, es una de las cosas que más me ha acercado a Él, a la experiencia con Él.

»Una vez tuve una experiencia de Cristo muy grande en un retiro monástico. Me dio tanto miedo, tanto miedo. Tomé conciencia, experiencié todo en un momento. Fue una experiencia que me dejó llorando en el suelo de rodillas. Experiencié realmente el significado de asumir que hay Alguien que ha muerto por todos nosotros. Es una de las cosas que más miedo me da, ese asombro, ese encuentro con Algo tan grande y no poder saber llevarlo con dignidad y cumpliendo mis obras para con Él. Para Alguien que ha dado tanto. Que ha dado todo por mí.

-Para terminar, Juan, ¿qué te parece la vuelta de Dios a la esfera pública y, especialmente, a la artística... como, por ejemplo, lo que ha ocurrido con Rosalía o la película 'Los Domingos'? 

-Hay gente que se cerró mucho con lo de Rosalía, pero es impresionante. A mí me ha gustado mucho. Yo hago rock and roll, que está muy alejado de lo que ella hace, pero es increíble cuando ves que ha leído a Santa Teresa, a San Juan de la Cruz, a Simone Weil... y, dices, Dios mío, yo he participado de Cristo, como... parece que ella también ha participado. Recomiendo firmemente que lean la carta de Juan Pablo II a los artistas, da una libertad de entendimiento. De darse cuenta de que es todo incondicional. De que la creación siempre está en el lado de Dios.  

«Incluso cuando escudriña las profundidades más oscuras del alma o los aspectos más desconcertantes del mal, el artista se hace, de algún modo, voz de la expectativa universal de la redención»Carta a los artistas, Juan Pablo II

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