El obispo de Córdoba, en el funeral en Adamuz: «Dios estaba en los vagones accidentados»

El obispo de Córdoba recordó a las víctimas y la esperanza en la vida eterna
Más de setecientas personas han participado este domingo en Adamuz en la misa funeral presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, en sufragio por las víctimas del accidente ferroviario que ha dejado 45 muertos y decenas de heridos.
Con la presencia excepcional en el altar improvisado en la Caseta Municipal de localidad de la Virgen del Sol, patrona de Adamuz, junto a monseñor Fernández ha concelebrado el obispo emérito Demetrio Fernández, el párroco Rafael Prados y un buen número de sacerdotes. En la misa hubo también autoridades civiles, militares y académicas, además de personas que vivieron en primera persona el accidente, también voluntarios y efectivos de Protección Civil y de la Guardia Civil que prestaron un servicio en la noche del 18 de enero y días posteriores.
En su homilía, el obispo ha recordado esa noche “oscura y trágica” en la que “cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España. Otras resultaron heridas de distinta gravedad. La preocupación por su recuperación, continúa. Abramos ahora nuestros oídos y nuestros corazones a la Palabra de Dios que nos acerca al que es la luz: Jesucristo, nuestro Señor”,

Cientos de personas asistieron al funeral en Adamuz
De este modo, el prelado ha aludido al autor del Libro de las Lamentaciones cuando expresa su dolor con palabras trágicas: “Me han arrancado la paz, se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor” y se muestra incapaz de olvidar lo sucedido hasta que decide echar mano de algo que tiene en la memoria y le da esperanza: “que la misericordia de Dios no termina y no se acaba su compasión”.
Al hilo de esto, el prelado manifestó cómo el domingo pasado “se apagaron las luces de los dos trenes y las vidas de cuarenta y cinco hermanos nuestros”. “Hemos escuchado el lamento de sus familias y allegados. También su corazón se vio privado de la paz y sus labios llegaron a dar por agotada la esperanza. Incluso la fe de algunos se tambaleó brotando más preguntas que respuestas: ¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo siendo una persona tan buena le pudo pasar lo que le pasó?”, ha expresado el Obispo recordando a tantas familias y al pueblo de Adamuz que quedó sumido en la tristeza.

En la misa estuvo presente la Virgen del Sol, patrona de Adamuz
“Aunque nos resulta imposible vivir plenamente el gran dolor causado por el trágico accidente, tampoco somos capaces de apartar de nuestra mente y de nuestro corazón la impresión de tristeza y perplejidad que nos embargan”, ha dicho el prelado planteando la siguiente pregunta: ¿Qué hacer, pues, para recuperar la esperanza? El pastor de la Diócesis ha instado a los fieles a hacer un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico para recordar, “para volver a pasar por el corazón los regalos que nos fueron proporcionando, no sólo a su familia, sino a todos, en su condición de abuelos, padres y madres, hijos, nietos, vecinos, feligreses”. “Recordemos sobre todo su generosidad, su apertura social, su fe y piedad y volvamos nuestro pensamiento a Dios”, ha aclamado.
“Él no nos ha ahorrado a nadie pasar este trago amargo de muerte y dolor, ni siquiera a su propio Hijo Jesucristo, pero no olvidemos que el amor de Dios Padre hacia nosotros fue tan grande que nos entregó a su propio Hijo al que no le ahorró la muerte con el fin de que “no se pierda ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”, ha subrayado.
Lo acontecido hace una semana en Adamuz ha planteado a muchos preguntar: ¿Dónde estaba Dios cuando esto sucedió? El obispo ha respondido que a la pregunta inicial “dolorida y hasta escéptica, podemos responder que sí, que Dios estaba allí, en los mismos vagones accidentados. Estaba allí porque muchos lo invocaron al ver el inminente peligro. Y, estamos seguros, a cuarenta y cinco se los llevó en paz, a otros les curó sus heridas y los trasladó a la posada, es decir, al hospital. Se sirvió para ello de buenos samaritanos, alguno muy joven, llegados de Adamuz, de Villafranca y de otros lugares, buenos samaritanos que rescataron a los heridos de los vagones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo…”. Recordando que Dios estaba también allí, en los hospitales, en el hogar de jubilados de Adamuz y en el Centro cívico de poniente en Córdoba, ha concluido pidiendo a todos llenarse de fe y esperanza “para levantarnos y seguir caminando”.