Christopher Hartley: «La Iglesia se ha dedicado mucho a lo social y ha dejado de anunciar a Cristo»
El experimentado evangelizador desvela el estado de su misión en Sierra Madre (México) y profundiza en los motivos que llevan al crecimiento de iglesias evangélicas

El padre Christopher Hartley ha evangelizado desde la Fundación Misión de la Misericordia en República Dominicana, Etiopía, Sudan del Sur o, actualmente, México.
La del sacerdote misionero Christopher Hartley no es una voz complaciente ni conformista. De los 43 años transcurridos desde su ordenación, tan solo ha pasado 22 meses en su España natal. En ese tiempo ha ido donde nadie más quería, o donde nadie se atrevía: fue expulsado por el gobierno de República Dominicana y celebró la primera misa en una región de una Etiopía totalmente islámica. Ahora, en el México profundo, lleva el Evangelio allí donde la Iglesia no ha ido en siglos, y donde ni él mismo recomienda ir. Ni siquiera a ayudar. Lejos de quedarse en los frutos de su labor o de conformarse con las estadísticas, lamenta que, en muchos lugares, o bien la Iglesia no llega o es reemplazada por los evangélicos.
El sacerdote acaba de escribir su quinta carta desde Sierra Madre (Guerrero, México), publicada en el portal de Fundación Misión de la misericordia, donde desvela al mundo, seguidores y benefactores los avances en la evangelización.
En ella se ha mostrado nuevamente sorprendido por la llegada del misterio de la Navidad a las montañas de la Galilea mixteca. Allí, escribe, sus buenas gentes son, sin pretenderlo, el mejor auto de Navidad, y lo que ve no es una representación, sino la vida misma. Casas de adobe, de barro y tierra, suelos de barro y techados bajos de ramas, gallinas, guajolotes -pavos- y niños que corretean…
Allí, en la Galilea Mixteca, no existe la Navidad imaginada sino la que se vive y se contempla en el devenir de las vidas de sus habitantes. Aldeas apretujadas en laderas y estepas "entre pinares y abrojos, fogones mugrientos y chisporreantes donde las tortillas que se doran y abrasan, pilones y tarteras donde se sacian las hambres de milpas y frijoles"…
“¿Qué otro nacimiento de musgos artificiales, de lucecitas parpadeantes, serpentinas de colores estridentes necesito yo para contemplar ante mis ojos lo que el Evangelio nos relata?”, plantea el sacerdote.
Acción Social
Sanz Montes celebra «un día inolvidable» en la Misión de la Misericordia de Christopher Hartley
José María Carrera Hurtado
Durante su última visita a su España natal, el sacerdote misionero conversa con Religión en Libertad con la franqueza que le caracteriza en torno al estado actual de la misión.
También habla de su trayectoria: 43 años de sacerdocio, de los cuales más de 41 han sido fuera de España como misionero, “lo único que he querido ser en esta vida”, subraya.
En ese tiempo ha vivido una infinidad de episodios de evangelización marcados por lo sencillo, lo más humilde y cotidiano. También otros más sonados, como cuando fue expulsado por el gobierno de República Dominicana en 2006. O cuando celebró la primera misa católica en Gode (Etiopía), un lugar que define como “completamente islámico” y en el que pasó siete años celebrando en la más absoluta soledad.
Después, en Sudán, un grave accidente le llevó a protagonizar un traslado de película en una avioneta rusa hasta Madrid, donde fue operado de urgencia y posteriormente encomiado a tomarse un leve descanso para recuperarse.

El padre Christopher Hartley (derecha), con el obispo Sanz Montes.
Lo más pobre y terrible
El misionero no quiso prolongarlo. En cuanto le fue posible, inició una investigación buscando “lo más pobre y terrible” de México para llevar el Evangelio. Finalmente, Sosa Arriaga, obispo de la Diócesis de Tlapa (Guerrero) desde 2013, le encomendó la evangelización de Arroyo Prieto.
Se trata de un lugar sin presencia de la Iglesia, compuesto por más de 160 pueblos que atendió solo desde su llegada en 2023, hasta que su conocido y amigo, el arzobispo Sanz Montes, visitó su misión y envió unos religiosos misioneros que colaboran con la Fundación Misión de la Misericordia.
"Un lugar que no recomendaría a nadie"
“Es una zona terriblemente peligrosa. Los secuestros, asaltos y asesinatos son frecuentes. No es un secreto para nadie, es como está todo México. No hay policía ni fuerzas del orden y no existe más ley que la del más fuerte o la del más violento. Es muy peligroso”, remarca Hartley, que admite que ni él mismo iría de no ser sacerdote.
“No es un sitio que recomendaría a nadie que tenga familia, ni siquiera para ayudar, a menos que sea consciente del riesgo de muerte”, advierte.
En la citada quinta carta desde Sierra Madre, Hartley celebra el aumento de sagrarios donde poder celebrar en su región, desde Arroyo Prieto hasta El Coyul o San Pedro el Viejo. También anuncia puntualmente los avances de su proyecto en marcha, la casa de Joya Real, para el que ya cuentan con 63.000 de los 130.000 euros presupuestados que le permitirán atender a decenas de pueblos y comunidades.
Las urgencias de la misión
El misionero lo describe como un pueblo grande con cientos de niños, con educación preescolar, primaria, secundaria y bachillerato.
“Hay una labor enorme que hacer con los niños y la juventud”, comenta, “gentes perdidas, desorientadas, que no conocen a Jesucristo, terriblemente alcoholizadas, la mayoría no ha recibido los sacramentos… Necesitamos con urgencia más evangelizadores, sacerdotes, religiosas, misioneros laicos que quieran venir a perder la vida por el Reino, por amor a estas gentes que no saben que son amadas hasta la locura”.
Junto con la necesidad de nuevos misioneros, el sacerdote observa un arraigado sincretismo entre la población a él encomendada.
Hartley no exagera al describir el panteón, en el que “lo mismo es el dios de la lluvia que el Corazón de Jesús”, y donde “Jesucristo no es rey de reyes, sino un santo más al que se reza”.
También está la barrera del idioma, ya que la gran parte de la población, de etnia mixteca, no habla nada o casi nada de español, su idioma es el mixteco y solo algunos son capaces de entender español. [NdR: Según el INALI, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas de México, el mixteco cuenta con cerca de 500.000 hablantes, ubicados en 23 municipios de Guerrero, 141 de Oaxaca y 8 de Puebla.]
Con todo, agrega, “siempre podemos hacernos entender”, ya sea gracias a traductores jóvenes o a homilías traducidas cada domingo.
La amenaza más grave, que Dios no es amor
Para Hartley, la amenaza más espantosa y la urgencia más acuciante es, sin embargo, que, para la población, la palabra `amor´ no está relacionada a la fe o la religión.
“Dios no es amor. No es que lo nieguen, es que no lo saben. Por eso se ofrecen sacrificios a su dios. Tienen que aplacarle, temerle y pedirle. Incluso usan a Dios pidiéndole que haga daño. No es infrecuente que venga alguien a pedir una misa para que Dios le de a sus enemigos `lo que se merecen´”.
El sacerdote asegura que todo ello, lejos de ser por maldad, es, sobre todo, porque nunca han sido evangelizados.
La pregunta, dice, “no es por qué son así, sino dónde estaba la Iglesia para que esta gente sea así, por qué no se les ha anunciado el Evangelio. Ellos mismos me dicen: `Si todo esto es verdad, porque la Iglesia ha tardado tanto en venir a contarlo´. El dedo nos señala a nosotros. Por supuesto que las estructuras del Estado no están presentes, pero tampoco las de la Iglesia”.
En este sentido, el sacerdote misionero lamenta una acusada contradicción que podría darse en algunos lugares: “No conozco una parroquia de gente rica que no tenga sacerdote, pero aquí, millones de personas esperan que venga alguien”.
Optimizando la evangelización: menos, pero más eficaces
En su caso, no solo pretende tapar dicho vacío, sino que su labor evangelizadora se encuentra en constante definición. En la misma carta, anuncia que algunas de sus modificaciones de cara al próximo año será la de grupos más pequeños de evangelización. En lugar de diez voluntarios que se trasladen de la misión a los pueblos, ahora dos o tres se irán a vivir a las propias casas de los autóctonos.
“Es una cuestión práctica. Se pierde mucho tiempo en ir y venir. Esto se trata de vivir más `en precario´, buscar una habitación, linternas, latas de conserva, un plato y poco más. Viviendo con ellos se les conoce mejor y no se pierde un minuto en ir y venir. Así se da mayor fruto evangelizador y menos gasto”.
Se trata de una práctica que Hartley puede poner en práctica al ser conocedor de la entrega y generosidad de los pueblos a los que evangelizan. “Dan incluso lo que no tienen. Es muy tierno que, cuando se va de dos en dos [voluntarios] es la misma gente la que les da de comer, comparten su comida, sus tortillas, sus frijoles y maíz. Son los pobres los que dan”.
Algo especialmente llamativo si se tiene en cuenta que, como explica Hartley, muchos de los mixtecos “no saben ni lo que es tener”. “Algunos me dicen: `Padre, deme algo´. Al preguntarle qué quieren, le responden: `Lo que quieras. No tengo nada´”.
Las iglesias evangélicas, al alza: los motivos
Preguntado por el fenómeno al alza del protestantismo en Hispanoamérica, admite que también en su región, de las más pobres del país, se asiste al surgimiento de pequeñas iglesias evangélicas. “Donde yo vivo son pequeñas, pero van aumentando”.
Preguntado por los motivos, apunta a la propia “ausencia de la Iglesia católica”, seguido de la corrupción que aprecia en las propias estructuras católicas.
En tercer lugar, dice, “la Iglesia en México, como en muchos países de Hispanoamérica, se ha dedicado mucho a lo social y ha dejado de anunciar a Jesucristo”.
“Los sacerdotes están entretenidos con cuestiones humanitarias como si la Iglesia fuera una ONG. En cambio, estas iglesias [evangélicas] se dedican a hablar de Jesucristo, la Biblia, el amor de Dios y la salvación”, admite.
¿Inculturar el Evangelio o evangelizar la cultura?
El sacerdote contempla como algo irónico el hecho de secundar algunas de las razones que los mismos evangélicos emplean a la hora de hablar de la Iglesia.
Por ejemplo, la de una población alcoholizada.
“La Iglesia no dice nada. Donde yo vivo, la cerveza se almacena dentro de las iglesias. Los protestantes lo critican y los párrocos lo permiten por el mito de la cultura y de respetar sus costumbres. La demagogia está en que se habla de inculturación del Evangelio, pero no se habla de la evangelización de la cultura. ¿Si lo hacemos nosotros, es un vicio, pero si lo hacen ellos, es cultura?”, plantea.
Ayuda para vivir un 2026 repleto de evangelización
El sacerdote misionero concluye su escrito a fieles y seguidores deseando unas felices Navidades, así como un 2026 “repleto de sueños de evangelización”.
Unos sueños que, en su caso, precisan de ayuda para cumplirse. Pide oraciones, sacrificios, y aportes económicos que contribuirán al crecimiento de su misión en Joya Real, actualmente en proceso de edificación, equipación, adquisición del ajuar litúrgico y vehículos necesarios para las visitas a las comunidades.
Las formas de ayudar económicamente son las siguientes:
1º BIZUM
El código que se ha generado para poder hacer las donaciones es el 02040. Los pasos son los siguientes: Sólo queda indicar la cantidad y el concepto para firmar la operación.
En el caso que se quiera solicitar el certificado de donaciones, se tendrá que hacer a través de la página web de Bizum, allí se puede encontrar el mail de contacto de la ONG donde se puede solicitar el certificado. Para identificar la donación, se pedirán los datos de contacto y el importe donado.
2º TRANSFERENCIA A LA CUENTA DE LA FUNDACIÓN
Datos del beneficiario: Fundación Misión de la Misericordia.
Entidad: Bankinter Número de Cuenta: 0128-0014-73-0100029293Iban: ES0801280014730100029293Código SWIFT o BIC: BKBKESMMXXX
3º DESDE ESTADOS UNIDOS
Nombre de la cuenta/Name on the account: Christopher Hartley
Número de Cuenta/Account number: 483097440575
Routing number: Paper: 021000322 & Electronic Wires: 026009593
For ZELLE transfer use e-mail address: hartley.christopher@gmail.com
4º PAYPAL O DOMICILIACIÓN BANCARIA
Desde la web de la Fundación, a través del enlace establecido a tal efecto https://missionmercy.org/dona/