Alcohólico y drogadicto a los 9 años: ahora, a los 15, anima a otros a hacer «votos de abstinencia»
El joven Brian Vázquez colabora en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en León (Guanajuato, México).

Sin recursos para sostener su consumo, empezó a robar dinero y bolsos. "Esa era mi vida", resume.
A sus 15 años, Brian Vázquez ha vivido experiencias que muchos adultos no vivirían jamás. Alcoholismo, drogadicción, vida en la calle y pequeños delitos han formado parte de su día a día desde que era un niño. Misyjne cuenta su historia.
Hoy, sin embargo, su rutina es muy distinta: cada noche se arrodilla para rezar y pedir fuerzas a Dios. "Ahora, en lugar de beber y consumir drogas, me pongo de rodillas y le pido ayuda para poder perdonarme a mí mismo", explica.
Marcado por la pobreza
Su historia es la de un adolescente que tocó fondo demasiado pronto y que, contra todo pronóstico, ha encontrado un camino de recuperación.
Brian colabora actualmente en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en León (Guanajuato, México), donde acompaña a personas atrapadas en la adicción y las anima a realizar votos temporales de abstinencia en una capilla habilitada especialmente para ello. Aunque ha preferido no mostrar su cara, comparte su testimonio para ayudar a otros jóvenes que viven situaciones similares.
La historia de Brian comienza en un entorno marcado por la pobreza. "Hoy en León se ven muchos niños abandonados que, desde muy pequeños, consumen drogas o se emborrachan en las calles", relata.
Él mismo formó parte de ese grupo. A los nueve años ya vivía en la calle, rodeado de menores que pedían dinero en los semáforos, no para comer, sino para comprar su siguiente dosis. "Tenía amigos así y no quería sentirme diferente. Quería pertenecer a su grupo", recuerda.
Su iniciación comenzó con marihuana, pero pronto llegaron las sustancias sintéticas, que le ofrecían una vía rápida para escapar de una realidad que le resultaba dolorosa. "Después de una noche de drogas, me despertaba sintiéndome aún peor, sobre todo cuando veía a mi madre, que estaba muy preocupada". Sin recursos para sostener su consumo, empezó a robar dinero y bolsos. "Esa era mi vida", resume.
El cambio no llegó de inmediato. Durante años, Brian vivió entre "fiestas" callejeras, consumo constante y una sensación creciente de vacío. Sin embargo, la preocupación por su familia y el deterioro físico y emocional que sufría comenzaron a hacer mella. "Con el tiempo, me di cuenta de que las drogas ya no eran tan divertidas. Al principio una dosis era suficiente, luego necesitaba dos, y después cada vez más".
A los 14 años ingresó en Alcohólicos Anónimos. Allí escuchó una frase que marcaría su proceso: lo único que esperaban de él era que dejara de beber y consumir drogas. Fue entonces cuando empezó a rezar. "Comencé a pedirle a Dios ayuda en mi lucha contra la adicción y perdón por las cosas malas que había hecho. También oro para poder perdonarme a mí mismo".
Aunque reconoce que aún siente la tentación por las drogas y el alcohol, asegura que la oración diaria le sostiene. "Es una especie de escape que hace la vida más placentera, pero ahora me siento feliz, en paz y con más energía. Aun así, sigo sintiendo atracción por aquello que me hacía infeliz". Por eso, cada noche repite el mismo gesto: arrodillarse y pedir fortaleza.
En el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe se ha creado una capilla destinada a quienes desean comprometerse con la abstinencia durante un periodo concreto. "Animamos a las personas a hacer promesas a Dios: un mes, un año, dos o incluso de por vida", explica Brian.
Sabe que muchos recaen, pero insiste en que lo importante es volver a intentarlo. "La clave es no rendirse. Una persona adicta no puede 'simplemente dejarlo'".
Brian habla con la autoridad de quien ha vivido el infierno de la adicción. "Hermano, yo he pasado por eso. Sé lo que es estar drogado todas las noches, sentirte fatal, temblar porque tu cuerpo pide otra dosis". Su consejo es claro: "No vayas por donde yo he estado. Lo que puedo ofrecerte es mi ayuda".
Multimedia
La pornografía, ¿cuánto es pecado y cuánto adicción? Lo explora Red de Redes
Religión en Libertad
Hoy, asegura, vive una vida que jamás imaginó. "Soy feliz. Tengo buenas relaciones familiares. Veo a mi madre tranquila y a mis hermanas a salvo. Y, sobre todo, me siento bien conmigo mismo". Por eso insiste en su mensaje final: "No vale la pena cambiar esta paz por el alcohol y las drogas".