Sábado, 31 de julio de 2021

Religión en Libertad

La fe en Dios no es un límite para la ciencia

Retrato de Galileo.
Galileo Galilei (1564-1642) fue un científico cristiano, amigo y protegido de cardenales y Papas, que atendieron y muchos respaldaron su hipótesis heliocéntrica, antes y después de su condena. Murió tras recibir los sacramentos y en compañía de su hija monja. Retrato de Galileo (detalle) por Justus Sustermans (1636).

por Clementino Martínez Cejudo

Opinión

Si, como hemos dicho, la ciencia no puede probar que existe Dios, hay que decir, por igual razón, que tampoco puede probar que no existe. A tal fin, su método es igualmente inadecuado. ¿De dónde viene, pues, la negación de la existencia de Dios que quieren apoyar en la ciencia? De la afirmación de que no existe sino materia. Pero ¿lo ha probado la ciencia? No. Recurrir a la teoría del Big Bang o la Gran Explosión es admitir que hay un efecto sin causa,​ pues “esa gran explosión sería el principio del universo, es decir, el principio inicial en el que se formó la materia, el espacio y el tiempo como principio primero del mundo”. Pero ¿cómo explota algo que no existe y da lugar al principio de lo que existe? Por otra parte, recurrir a que la materia es eterna en el tiempo y en el espacio tampoco se ha probado y, por supuesto, no se va a poder probar.

Eminentes científicos creyentes

Como prueba de que la ciencia no es opuesta a la fe está el hecho de que muchos y eminentes científicos supieron compatibilizar y aun encontrar o reafirmar su fe en Dios en el trabajo científico. Los científicos que enumeramos seguidamente, su categoría mundialmente reconocida y algunas de sus afirmaciones lo prueban con toda rotundidad.

Nicolás Copérnico (1473-1543), canónigo, defensor del heliocentrismo (el centro de nuestro sistema no es la tierra, sino el sol). Este modelo, que fue el primero en describir en términos científicos, fue presentado en la obra De revolutionibus orbium caelestium.

Johannes Kepler (1571-1630) fue un astrónomo y matemático alemán, considerado el fundador de la astronomía física y la óptica moderna. Su figura es recordada universalmente por haber elaborado la descripción de las leyes del movimiento de los planetas en su órbita.

Su fe cristiana la expresó continuamente. "El objetivo principal de todas las investigaciones sobre el mundo exterior debe ser descubrir el orden racional y la armonía que ha sido impuesta por Dios en él, por el cual nos ha revelado en el lenguaje de las matemáticas"(Astronomía Nova... de Motibus, 1607).

"Creo que fue por la ordenanza divina que obtuve por suerte lo que antes no podía alcanzar con ningún esfuerzo; creo que, aun más, de buena gana, porque siempre había orado a Dios que dejara que mi plan tuviera éxito si Copérnico había dicho a la verdad" (Kepler sobre su teoría de las órbitas planetarias, que se basaba en la teoría de Copérnico).

"La sabiduría del Señor es infinita, como lo es también su gloria y su poder. Ustedes, cielos, canten Sus alabanzas; sol, luna y ustedes planetas, ¡glorifíquenlo en su idioma inefable! ¡Alabadle, armonías celestiales, y todos ustedes que pueden comprenderlo! Y tú, mi alma, ¡alaba a tu Creador! Es por Él y en Él, que todo existe" (citado en Methodist Review [1873], vol. 55, págs. 187-188.)

Pierre Gassendi (1592-1654), sacerdote, filósofo, astrónomo y matemático, midió la velocidad del sonido. Se considera que las teorías de Gassendi han preparado el camino para estructurar los métodos empíricos modernos, anticipándose al filósofo inglés John Locke y al francés Étinne Bonnot Condillac.

Isaac Newton (1642-1727), matemático, astrónomo y físico. Descubrió la ley de la inercia y la gravitación universal. Toda su vida fue profundamente religioso.

Games Bradley (1695-1762), sacerdote anglicano y astrónomo (se aproximó a determinar la velocidad de la luz).

Leonhard Euler (1707-1783) fue un eminente científico suizo, un pionero de la física y un genio de las matemáticas.

Euler les dio un giro a las matemáticas con descubrimientos y aportaciones en áreas muy diversas. Trabajó prácticamente en todas las áreas: geometría, cálculo infinitesimal, las funciones trigonométricas, el álgebra avanzada y la teoría de los números. Él introdujo una gran parte de la terminología y la notación matemática moderna, incluyendo la de la función matemática f(x). Asimismo, aportó muchos otros conceptos que llevan su nombre: el número neperiano, las integrales eulerianas, el criterio de Euler, la constante de Euler, la fórmula de Euler, y la notable identidad de Euler.

Gran parte de lo que sabemos sobre la fe cristiana de este prodigioso de las matemáticas es conocido gracias a dos obras que él mismo dictó: Defensa de la Revelación Divina ante a las objeciones de los librepensadores (1747) y Cartas de Euler sobre diferentes temas de la Filosofía Natural, dirigidas a una Princesa Alemana (1768-1772). 

Lázaro Spallazini (1729-1787), sacerdote jesuita y biólogo, descubrió la inseminación artificial. Llamado "biólogo de biólogos" y, según algunos, "el más claro predecesor de Pasteur".​

Alessandro Volta (1745-1827), químico y físico italiano, de misa y rosario diarios, descubridor de la corriente eléctrica continua, del metano, de la pila eléctrica y el creador de la unidad de la fuerza motriz.

Gregor Mendel (1822-1844), religioso agustino, naturalista. Llevó a cabo hibridación de plantas y es famoso por las llamadas Leyes de Mendel.

Max Planck (1858-1947), físico matemático alemán, premiado con el Nobel en 1928, es considerado el creador de la teoría cuántica. En 1900 Planck formuló que la energía se irradia en unidades pequeñas separadas denominadas cuantos. Avanzando en el desarrollo de esta teoría, descubrió una constante de naturaleza universal que se conoce como la constante de Planck.

En cuestión de creencias, según él: “La religión y la ciencia no se excluyen entre sí, como muchos contemporáneos nuestros creerían o temerían. Se complementan mutuamente y se condicionan la una a la otra”. Para Max Planck, “Dios es el único camino para encontrar seguridad ante la certidumbre e incertidumbre de la vida, lo cual, según él mismo, sólo se podía lograr confiando plenamente en su voluntad y poderío”.

Alexis Carrel (1873-1944), médico, católico, converso ante una curación en Lourdes. Aportó a la ciencia técnicas pioneras de sutura para vasos sanguíneos, cultivo de tejidos y trasplantes. Premio Nobel en 1912. El 3 de noviembre de 1938 (seis años antes de su muerte) se dirigió así al Señor: "Nada quiero para mí, sino vuestra gracia. Que yo sea en vuestras manos humo llevado por el viento... Cada minuto de mi vida, Señor, esté consagrado a vuestro servicio. En la oscuridad en la que voy tanteando, yo os busco sin cesar. Si bien ciego, me esfuerzo en seguiros: Señor, indícame el camino".

Guglielmo Marconi (1874-1937), ingeniero eléctrico, católico, Premio Nobel de Física en 1909. Famoso por las comunicaciones inalámbricas. Desarrolló la Ley Marconi.

A pesar de que la ciencia jugaba un papel fundamental en su vida, para Guglielmo Marconi la fe en Dios era mucho más importante, y él no estaba apenado de ser cristiano y científico a la vez: “La ciencia es como una débil luz de una linterna parpadeante en un bosque profundo y espeso, a través del cual la humanidad se esfuerza por encontrar su camino hacia Dios. Es sólo la fe la que puede llevar a la luz y servir de puente entre el hombre y el Absoluto. Me siento orgulloso de ser cristiano. Yo creo no sólo como cristiano, sino como un científico también”.

Con respecto a la pregunta del origen de la vida, Marconi declaró la imposibilidad del cientifismo de responderla, declarando: “El misterio de la vida es ciertamente el problema más persistente jamás puesto en la mente del hombre… La incapacidad de la ciencia para resolverlo es absoluta. Esto sería realmente aterrador, si no fuera por la fe” (1934). “La ciencia sola no puede explicar muchas cosas, y sobre todo, el mayor de los misterios: el misterio de nuestra existencia”.

Alexander Fleming (1881-1955), médico y católico, descubridor de la lizosima y la penicilina, Premio Nobel en 1945.

Victor Francis Hess (1883–1964), físico austriaco, católico practicante, investigador sobre la radiación, la radiactividad de la tierra, la conductividad eléctrica, etc. Premio Nobel en 1936. “¿Debe un científico dudar de la realidad de los milagros? Como científico, respondo enfáticamente «no». No puedo ver ninguna razón en absoluto por la cual Dios Todopoderoso, quien nos ha creado y a todas las cosas a nuestro alrededor, no deba suspender o cambiar, si le resulta prudente hacerlo, el curso natural promedio de los acontecimientos”.

Niels Bohr (1885-1965), físico danés, devoto luterano. Contribuyó al conocimiento del átomo y a la mecánica cuántica. Introdujo la teoría de las órbitas cuánticas y la ley de la gota cuántica. Premio Nobel en 1962.

Erwin Schrödinger (1887-1961), físico y filósofo austriaco, premio Nobel de Física en 1933. Hizo importantes contribuciones a la mecánica cuántica y la termodinámica. Schrödinger fue el primero en sugerir claramente la idea de un código genético y marcó el camino a seguir para encontrarlo.

Siempre se mostró creyente. Negó explícitamente el materialismo (es decir, la teoría de que la materia es la única realidad): “La conciencia no puede contarse en términos físicos; porque la conciencia es absolutamente fundamental, no se puede contar en términos de ninguna otra cosa.”

Defendió lo inadecuado de la ciencia para cuestiones de Dios. Schrödinger reconoció enfáticamente la naturaleza espiritual e invisible de Dios y negó la aseveración de algunos teístas que erróneamente dicen que la esencia de la ciencia es atea. “Un Dios personal no puede ser encontrado en la imagen de un mundo que solo se vuelve accesible al precio de que todo lo personal sea excluido de ella”.

“Sabemos que todas las veces que Dios es experimentado, es una experiencia exactamente tan real como una impresión sensitiva, tan real como la personalidad de uno mismo; y como tal, Él no se ve en la imagen del tiempo-espacio”.

“¿De dónde vine, y a dónde voy? Esa es la gran pregunta inconmensurable, la misma para cada uno de nosotros. La ciencia no tiene respuesta para ella.”

Georges Lemaître (1894-1966), físico y astrónomo belga, sacerdote católico. Propuso la teoría de la expansión del universo y la teoría del Big Bang sobre el origen del universo: “La razón de esa teoría fue justamente probar que el universo tuvo un comienzo, como sus creencias manifestaban. La teoría fue elaborada para reafirmar la existencia de un creador."

Werner Heisenberg (1901-1976), físico, de la Iglesia Evangélica. Formuló el principio de incertidumbre y aportó una contribución fundamental al desarrollo de la teoría cuántica. Premio Nobel en 1932. Heisenberg concordaba con Francis Bacon en que "un poco de [conocimiento] inclina al hombre al ateísmo, pero la profundidad del mismo lleva las mentes de los hombres a la religión". “El primer sorbo de la copa de la ciencia te vuelve ateo, pero en el fondo del vaso Dios te está esperando.” 

En su artículo Verdad científica y religiosa (1973), Heisenberg afirmó: “En la historia de la ciencia, desde el famoso juicio de Galileo, se ha sido afirmado en repetidas ocasiones que la verdad científica no puede reconciliarse con la interpretación religiosa del mundo. Aunque ahora estoy convencido de que la verdad científica es inexpugnable en su propio campo, nunca he encontrado que sea posible descartar el contenido del pensamiento religioso…”

Wernher von Braun (1912-1977), ingeniero mecánico y aeroespacial alemán, padre de los cohetes y viajes espaciales, director del Centro Marshall de Vuelo Espacial de la NASA.

Defendió con toda claridad la existencia de Dios, la inmortalidad, no haber antagonismo entre ciencia y religión y la imposibilidad de evolución del mundo a partir de un proceso aleatorio.

“Ahora los científicos creen que, en la naturaleza, la materia no puede ser destruida sin antes ser convertida en energía. Ni siquiera la más pequeña de las partículas puede desaparecer sin dejar rastro. La naturaleza no sabe de extinción: sólo de transformación. ¿Tendrá Dios menor consideración por su obra maestra de la Creación: el alma humana?”

“La inmortalidad, para mí, es la continuidad de nuestra existencia espiritual después de la muerte…”. “Cada persona recibe un regalo de la vida en esta Tierra. Una creencia en la continuidad de la existencia espiritual, después de un mero movimiento durante setenta años de existencia física aquí, en el interminable ciclo de la eternidad, hace que cada acción de cada momento de vida sea una inversión con dividendos de largo alcance”. 

Francis Collins (1950), genetista, cristiano converso, es uno de lo genetistas más importantes del mundo. Desde 1999 hasta 2008 dirigió el Proyecto Genoma Humano. Él mismo se considera cristiano serio. Defiende la evolución teísta o creación evolutiva y la compatibilidad entre ciencia y fe cristiana.

“Tengo el privilegio de ser alguien que trata de entender la naturaleza usando las herramientas de la ciencia. Pero también está claro que hay algunas preguntas muy importantes que la ciencia no puede realmente contestar, como por ejemplo: '¿Por qué hay algo en vez de nada?' '¿Por qué estamos aquí?' En esos dominios he encontrado que la fe ofrece un mejor camino para dar respuestas. Me parece extrañamente anacrónico que en la cultura de hoy en día parezca que hay una presunción generalizada de que los puntos de vista científicos y espirituales son incompatibles”.

[Para una relación aún más extensa de científicos creyentes: blog Creyentes Intelectuales.]

Cierto que podrán presentar otra lista de no creyentes, pero esto no eliminará la verdad de que muchos y grandes científicos han sido creyentes y, en consecuencia, que ciencia y fe no son excluyentes.

Tiempo para pensar y tomar decisiones

Todo el que no tenga prejuicios estará a favor del desarrollo científico. En consecuencia, se impone una adecuada inversión en el desarrollo de la ciencia. Pero, a la vez, pienso que es un error haber relegado el estudio y la inversión en los estudios de letras. La ciencia necesita hombres de letras, pensadores que sepan encauzar ese magnífico río de conocimientos que aporta la ciencia. Pues, si bien las aguas son buenas y los ríos también, un río desbordado no trae sino desgracias. Hace falta que vayan encauzadas.

Ahora bien, es un hecho evidente que hoy carecemos de pensadores, y mañana, con este modo de proceder en la enseñanza, todavía más. Mientras la ciencia progrese y su corriente vaya a sus anchas sin personalidades que la encaucen, que desde el pensamiento le den el ritmo y sentido verdadero, puede llevarnos a una vida menos humana. Sin personalidades de pensamiento claro y profundo, la ciencia lleva a un mundo descarrilado. Sin conductores bien preparados, este admirable tren de la ciencia no puede llevar a feliz término.

Estamos en unos momentos en los que todos debemos reflexionar, agradecidos y con humildad.

Es un tiempo que, con su carga de inseguridad, impotencia, soledad y muerte (¡muerte en soledad!), nos ha dado la oportunidad de reflexionar sobre muchas cosas, como el sentido de nuestra vida y la banalidad de muchas cosas, la precariedad de todo lo humano y la incapacidad de la ciencia para dar la respuesta que esperaba esta sociedad, que cree tener todo en sus manos y a pedir de boca. Dejar de hacerlo sería colocarnos en un sinsentido y perder la oportunidad, para muchos única, de abrirnos a la luz.

Con todo, nuestro agradecimiento a tantos científicos por el esfuerzo que ha supuesto y sigue suponiendo dar la adecuada respuesta; y nuestro agradecimiento, no menor, a los sanitarios por su trabajo hasta la extenuación y peligro real de sus vidas. Desde aquí muchas gracias a todos los que han trabajado y trabajan para vencer esta terrible pandemia del coronavirus.

Humildad para reconocer que las situaciones pueden superar continuamente a la ciencia. Los científicos, a los que todos debemos estar agradecidos, no son capaces de todo, son humanos y no pueden ni podemos considerarlos unos pequeños dioses que tienen en sus manos el cielo y la tierra. Y humildad también para que los científicos reconozcan sus limitaciones. Todopoderoso solo hay uno: Dios. Algo que han reconocido muchos grandes científicos, como hemos indicado más arriba. Podemos mucho menos de lo que creemos poder.

Pincha aquí para leer otro artículo del autor sobre esta cuestión.

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