Lunes, 09 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

La Cuarta Copa en el Reino de Dios


por Luciana Rogowicz

Opinión

“Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios»" (Lc 22, 17-18).

Estas palabras las escuchamos o leímos quizás muchas veces. Y posiblemente nos focalizamos en la parte central donde Jesús dice “tomen y compártanla”, e inmediatamente visualizamos su banquete celestial, el de cada Misa, en el pan y el vino consagrados.

Pero ¿qué significado tienen sus palabras “les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios“?

Para poder profundizar un poco mas sobre este interrogante vamos a repasar algunos textos anteriores acerca del misterio de la cuarta copa y sobre la pascua judía y la última cena.

Como vimos en el artículo acerca de por qué esta pascua es diferente a las demás, los relatos de los evangelios contienen varios detalles que indican que la celebración de la última cena de Jesús fue una pascua judía. Y es en estos orígenes, que vamos a encontrar una respuesta al interrogante acerca de por qué Jesús hizo esa afirmación acerca de no volver a beber del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.

Comprendiendo la pascua judía para comprender un poco más la pasión de Jesús

La cena de la pascua judía no es una cena común, sino que es una conmemoración, una actualización del misterio del éxodo, la noche en que el pueblo de Israel fue liberado por la mano de Dios de la opresión y esclavitud egipcias. Esta celebración, además de ser un precepto bíblico, relatado en el capítulo 12 del libro del Éxodo, contiene ritos que se fueron sumando a lo largo de los años, y forman parte de la tradición judía.

Esta cena tiene un orden litúrgico de 15 pasos. Y cada uno de ellos forma parte de la celebración, que se centra principalmente en relatar y rememorar la historia del éxodo de generación en generación, y agradecer y alabar a Dios por habernos liberado.

Uno de los principales rituales que se hacen en esta cena es la bendición de 4 copas de vino.

Todas las festividades judías y el inicio del shabat (santificación del sábado), comienzan con la bendición del vino, llamada Kidush. La primera parte de la bendición dice: “Bendito eres Tú, Adonai nuestro Dios, Rey del universo, que crea el fruto de la vid”. En fonética hebrea: “Baruj ata adonai eloheinu melej haolam boré pri hagafen”.

Las 4 copas de bendición de Pesaj

La cena de Pesaj (Pascua Judía), tiene la particularidad de tener 4 copas de bendición especiales. [Nota: cada comensal tiene su copa de vino o su vaso para beber durante la cena. Pero además, hay 4 copas diferentes y especiales, que están consagradas para estas 4 bendiciones especiales.]

“En la víspera de pascua, cuando se avecina el tiempo de Minjá (sacrificio vespertino), nadie debe comer hasta que no anochezca. Incluso el más pobre de Israel no comerá mientras no esté reclinado en la mesa, y no tendrá menos de cuatro copas de vino, aunque sea de los de la olla popular” (Mishná Capítulo 10, Masejet Pesajim).

Tomar las 4 copas de vino en esta cena era obligatorio para todos, incluso hasta para el más pobre, a quien le resultaba muy difícil poder acceder al vino.

Cada copa tiene un nombre diferente y tiene una función concreta durante la cena:

-La primera copa es la que nos introduce a la celebración. Es la copa de la bendición, el Kiddush.

-La segunda copa, llamada la copa del Juicio o del dolor, se sirve y da inicio a la liturgia pascual donde se relata la historia de lo que pasó en el éxodo. Se explican los símbolos de las comidas especiales de este día y se canta el salmo 113.

-La tercera copa está relacionada con la cena, la comida. El pan sin levadura, las hierbas amargas, y otros alimentos, cuyos símbolos apuntan a rememorar la historia del éxodo. Esta copa es llamada la copa de la redención. Luego de hacer la bendición de esta copa, se cantan los salmos del 114 al 118 y al finalizarlos se toma la copa final, la cuarta copa.

-La cuarta copa, la copa de la alabanza, da fin a la celebración y completa el rito pascual.

¿Cuántas copas hubo en la última cena de Jesús?

Siguiendo los relatos de la última cena en los distintos evangelios, podemos identificar la presencia de diferentes copas de bendición.

“Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios». Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios». Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes»" (Lc 22, 14-22).

En este evangelio identificamos la presencia de 2 copas. Y podemos darnos cuenta que se refiere a la segunda y tercera copa del seder de Pesaj, porque la tercer copa es la que se toma y bendice luego de la comida, y Lucas lo deja claro: “Después de la cena hizo lo mismo con la copa“.

En el evangelio de Marcos (Mc 14, 24) y en el de Mateo (Mt 26, 27-30) aparece lo mismo: Jesús después de comer, bendice la tercer copa.

Ahora bien, en cualquier cena de Pesaj, el paso que vendría a continuación es el canto de los salmos y luego la bendición de la última copa, la cuarta, con la que se concluye la celebración y el rito pascual.

Continuando el recorrido de los evangelios podemos ver que el próximo paso, el canto de los salmos, está claramente enunciado: “Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos” (Mc 14, 26; Mt 26, 30).

Cualquier judío o persona que conozca claramente los pasos y reglas de celebración de la pascua judía, en este momento se extrañaría y pensaría: ¿cómo que salieron hacia el Monte de los Olivos, si la celebración aún no terminó? Luego del canto de los salmos se bebe y bendice la cuarta copa y es allí donde se da fin a la cena. ¿Por qué no beben la cuarta copa antes de salir del cuarto donde estaban haciendo la celebración?

Jesús, como buen judío, seguramente conocía este rito pascual. Y no sólo no bebió durante la cena la cuarta copa, sino que lo hizo voluntariamente. Como pudimos ver detallado anteriormente, Jesús, con la tercer copa, aseguró que no iba a beber más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.

Desde el punto de vista judío, Jesús no finalizó la celebración de la Pascua judía, y lo hizo intencional y explícitamente.

¿Por qué Jesús no tomó la cuarta copa en la última cena?

Continuemos el trayecto de Jesús de esa noche.

“Cuando salieron de la cena, del cuarto donde estaban celebrando la pascua, se dirigieron al jardín de Getsemaní donde Jesús cayó con el rostro en tierra, orando así: «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». …Y nuevamente… Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad»... Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras” (Mt 26, 39-44).

En el jardín de Getsemaní Jesús reza al Padre tres veces pidiéndole que lo libre del “cáliz”. ¿Por qué Jesús se refiere a su pasión como un cáliz, una copa? En la actualidad quizás nos parece normal esta asociación, porque después de tantos años lo tenemos relacionado de ese modo. Pero en ese momento no estaba vinculado el cáliz con la cruz, o con el dolor. ¿Es posible que Jesús se esté refiriendo a esta cuarta copa que eligió no beber en la cena pascual en el cenáculo?

No es la primera vez en los evangelios que Jesús se refiere a beber el cáliz, aludiendo a lo que tenía que atravesar de acuerdo a la voluntad del padre: “Jesús dijo a Simón Pedro: «Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?»" (Jn 18, 11).

“Lo probó, pero no quiso tomarlo“. Aún no llega el Reino…

Continuando con el trayecto de Jesús esa noche, podemos ver que en el camino de la pasión

“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo” (Mt 27, 31).

Jesús, tal como afirmó durante la última cena, no iba a beber más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios, y en ese momento de su camino hacia la cruz, teniendo la oportunidad de calmar su sed, y algo de su dolor, Jesús se niega a beberlo.

Esto es destacable, ya que la tradición judía además de prescribir el deber de tener 4 copas de vino especiales en la cena, prohíbe beber vino entre la tercera y cuarta copa. (Mishná Capítulo 10.7, Pesajim).

Jesús en la cruz y sus palabras enigmáticas

Conocemos que Jesús en la cruz dijo 7 frases, o como le dicen los estudiosos de la biblia, “las 7 palabras de Jesús en la cruz”.

Algunas de ellas nos parecen lógicas, coherentes a su mensaje, como por ejemplo “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

Pero hay otras que son más complejas de comprender. Una de ellas es lo que menciona San Juan en su relato: “Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed” (Jn 19,28).

¿Para que se cumpliera la escritura hasta el final? ¿Jesús se da cuenta en ese momento que tiene sed? ¿Recién ahora, después de haber padecido por horas, sangrando y sudando hasta el extremo? ¿Después de haberse negado a beber el vino con hiel que le habían ofrecido y ahora, segundos antes de expirar, Jesús pide de beber?

“Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn 19, 23-30). [Nota: es importante aclarar que ese vinagre no era como el condimento para ensalada que hoy conocemos, sino una bebida que se le daba a los esclavos, o a los crucificados, para calmar su sed. Y lo más relevante para nosotros, era del fruto de la vid.]

Jesús pide beber en ese momento, consciente de lo que estaba haciendo: finalizando el rito pascual, bebiendo la cuarta copa que da fin a la celebración del Seder de Pesaj.

Jesús no finalizó la celebración pascual en el cuarto de la última cena, él la extendió para consumarla en la cruz, con su propia muerte, el sacrificio pascual por excelencia, el sublime cordero pascual, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29).

Del mismo modo, el sacrificio de Jesús no comenzó con la pasión, sino en la cena de Pesaj.

Con este gesto, Jesús une la cena de pesaj con su muerte en la cruz. Él cumple las promesas de la primer alianza y con este gesto, nos muestra que lo que era figura, signo de lo que iba a venir, está siendo llevado a su plenitud en una nueva creación.

La Cruz es parte de su Gloria

Jesús con estos gestos no sólo lleva a su plenitud el rito pascual, sino que al haber afirmado que no iba a volver a beber del fruto de la vid, hasta que lo beba en el reino de Dios, nos está mostrando que la cruz es parte del Reino de Dios.

Su reino no radica sólo en la resurrección. Su gloria se manifiesta también en la cruz. Y es imposible comprender su mensaje, su misión y su persona, si no podemos contemplar este misterio.

Jesús, en ese sufrimiento redentor de la cruz, se nos ofrece él mismo como la cuarta copa. Al “traspasarlo” brotan de su interior sangre y agua, del mismo modo que las copas de vino del Seder de Pesaj eran diluidas con un poco de agua. Y así, en esta nueva creación, nace su Iglesia, y nos permite participar de la vida divina como hijos de Dios en el Hijo.

Jesús se “vacía a sí mismo” (Flp 2, 7), y de este modo se hace para nosotros ese cáliz mediante el cual “jamás volveremos a tener sed” (Jn 4, 14).

¡Que esta semana santa hayamos podido contemplar este misterio para que nos ayude a entender un poco más acerca de este Dios que a veces tanto nos cuesta comprender!: “Este Dios arrojado a los pies de los hombres que es un Dios que no habíamos conocido antes de Cristo y que aún no conseguimos o no queremos conocer. Este Dios que lo que lava -como escribe Ibáñez Langlois- no son los pies hermosos de Adán y Eva por el paraíso, sino los pies de la historia, las extremidades del animal caído que camina pecando por el polvo, que peca de los pies a la cabeza. Este Eterno que se ha puesto de rodillas y tiene manos de madre para los pies de Judas, es realmente mucho más de lo que nunca pudimos imaginarnos".

Que nunca dejemos de asombrarnos y de creer en un amor tan bello…

Publicado en el blog de la autora, Judía & Católica.

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