Jueves, 13 de junio de 2024

Religión en Libertad

Russell Crowe interpreta a un supuesto padre Amorth que tiene poco que ver con el real

«El exorcista del Papa»: fantasía, terror... poco seria, pero no es impía

Escena de 'El exorcismo del Papa'.
En la película, el veterano padre Amorth recluta a un cura novato español con un curso acelerado de exorcismos.

por Pablo J. Ginés

Opinión

El 5 de abril se estrenó en España El exorcista del Papa, película de terror y aventuras supuestamente inspirada en la figura real del exorcista Gabriele Amorth, sacerdote que fue exorcista oficial de la diócesis de Roma desde 1986 hasta su muerte en 2016.

Amorth pertenecía a la Sociedad de San Pablo (los paulinos, populares por sus librerías) que realizan un apostolado con medios de comunicación, y él era periodista, con muchos artículos en Famiglia Cristiana. Escribió muchos libros de estilo ágil con sus testimonios de exorcismos, las experiencias de su maestro el padre Cándido y opiniones sobre muchos temas.

En realidad, esta película de James Avory (Overlord, Samaritan), bien protagonizada por Russell Crowe (Gladiator), tiene muy poco del Amorth real, y se limita a hacer una película de terror y aventuras en un castillo maldito con cierto aroma a serie B, algo que le da algún encanto. Podría hablar de un exorcista de fantasía en un mundo de fantasía y funcionar igual. De hecho, en buena parte lo es.

No es una película de exorcismos "con base real" como las de Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose, 2005; Líbranos del Mal, 2014). Es, simplemente, una gran fantasía de terror que usa la figura de un exorcista que ha vivido de verdad.

A su favor, diremos que no es impía, no tiene elementos woke y sus curas son simpáticos. Quede claro que es para mayores de 18 años.

¿Cuánto hay del verdadero padre Amorth?

Lo único que queda del Amorth real en esta película fantástica es:

- su nombre;
- que se declaraba periodista y sacerdote y escribió muchos libros ("son buenos libros", dice la película al final);
- que fue partisano dos años en la Segunda Guerra Mundial;
- que regañaba a los clérigos que no creían en el demonio;
- que, como exorcista de Roma, su jefe era el Papa, y atendió muchos casos;
- que prefería hacer los exorcismos en latín;
- que quería a la Virgen María;
- que basaba el exorcismo en conseguir el nombre del diablo en cuestión;
- que era independiente y un poco socarrón (hacía burlas irónicas).

Todo lo demás es ficción y aventura y efectos especiales.

Desde un punto de vista espiritual, lo mejor que se puede decir de la película, insistimos, es que no es impía ni blasfema. Aunque aparecen algunos curiales tontos, para reforzar la personalidad del padre Amorth, no hay nada que ataque a la Iglesia. Además, recoge bien la importancia de la Confesión (aunque vemos una confesión acelerada sin mayor necesidad) y tiene una mirada simpática hacia los sacerdotes.

Pero aunque en los exorcismos se mencione a Jesús y algunos personajes filosofen sobre Dios y la libertad, y aunque la Virgen esté presente en algunos objetos y escenas, en realidad ninguno de ellos es parte de la película: son sólo atrezzo, decorado. Nunca se hace una llamada a la conversión, a la vida cristiana, a la vida con Jesús.

Maestro y discípulo

En la vida real Amorth hablaba a menudo de su maestro el padre Cándido. Y en la película clásica de Friedkin -que cumple 50 años ahora- también encontramos la relación entre el exorcista veterano y el ayudante novato (Merrin y Karras). Esta misma relación la vemos aquí.

Cura veterano y cura novato colaboran en ayudar a una familia en El Exorcista del Papa

Un cura veterano y un cura novato colaboran en ayudar a una familia en 'El Exorcista del Papa'; sin efectos especiales, ¡es algo que pasa en muchas parroquias!

El joven cura español Matías Esquivel (ficticio, lo interpreta bien el costarricense Daniel Zovatto) es un poco acartonado, pero sincero y generoso. Se pondrá al servicio del cura veterano para ayudar a una familia que acaba de conocer. Reconocerá sus pecados del pasado y se reafirmará en su vocación. Tratará de adaptarse a las circunstancias y a su maestro.

Crowe está encantador como un exorcista un poco rebelde que choca con lechuguinos de la Curia -se lo puede permitir por su cargo-, que lleva una petaca de alcohol ("para la garganta", dice), que monta en Vespa por Roma ¡y conduce hasta las montañas de Segovia en ella! Lo han comparado con un simpático Bud Spencer contra el demonio. Resuelve algunas situaciones con mera fuerza bruta, otras con latín y agua bendita.

Este Amorth se trata bien y con cariño con el Papa (Franco Nero), que no es Juan Pablo II sino un Papa barbudo de fantasía (no hay Papas barbudos desde que murió Inocencio XII en 1700). Pero algunos gestos que hacen y sus formas de comportarse parecen más propios de una corte medieval o academia jedi o fantástica que de la Roma de los años 80. También son increíbles, por completo, propios de un pastiche de fantasía, las bibliotecas llenas de clérigos de capuchas negras y el centro eclesial "super-avanzado" con ordenadores que se revela hacia el final.

Empieza copiando El Exorcista, pero mal

La película tiene dos partes. La primera intenta copiar la estructura de El Exorcista, con su homenaje de noche, coche, maletín y sombrero, su familia sin padre, sus ruidos entre paredes, los signos demoníacos, el temor de una madre, el fracaso de los médicos...

Todo esto, en la película de 1973, era aterrador porque "te podía pasar a ti". Sucedía en la gran ciudad, en un ambiente moderno, con amigos en casa, con muchos médicos, con gente en el metro. Todo era urbano y cercano.

Pero en El Exorcista del Papa todo esto es increíble, de cuento, porque sucede lejos de la "vida real", en un absurdo castillo neogótico en las montañas de Segovia, que lo mismo podrían ser los Cárpatos y el castillo de Drácula (aunque se esfuerzan en mostrarnos un coche de los 80 con matrícula SG).

Enseguida se suceden los clásicos más fantásticos del cine de terror sobrenatural: chicas con poca ropa que salen a pasillos oscuros, gritos muy soeces, un par de desnudos tentadores, sangre, cosas que vuelan, cuerpos imposiblemente deformes y aullidos...

Salas ocultas, tronos con esqueletos... la película es de terror genérico, más que de exorcismos

Salas ocultas, tronos con esqueletos... a partir de la mitad, la película pasa a ser de terror genérico, más que de exorcismos.

Más adelante parece un juego de La Llamada de Cthulhu o una película de vampiros de la Hammer: descubrir salas secretas, textos ocultos, esqueletos, tronos... Hay una revelación sobre la Inquisición española (por una vez, quitando algo de culpa a España y a la Iglesia). Y luego muchas explosiones exageradas, efectos especiales, más gritos y latín.

Se disfruta si se ve como fantasmas chinos

Lo curioso es que el espectador podrá disfrutar si se deja llevar y se mentaliza de que está viendo simplemente una película de sustos, fantasía y terror, contra demonios muy malos. Podrían ser demonios de cine wuxia de Hong Kong, como en Una historia china de fantasmas. Simplemente, aquí, los buenos son unos curas bastante majos.

En este sentido, esta película es mejor que las dos absurdas temporadas de la teleserie El Exorcista de la Fox, de 2016 y 2017, que agobiaban con su propaganda woke, personajes gays, conspiraciones para dominar el mundo (aquí hay otra, pero no se la toman tan en serio) y cultistas infiltrados. Podría competir con 30 Monedas de Alex de la Iglesia, pero la serie española, aunque bastante absurda en sus monstruos y ritmo, al menos mostraba un pueblo español creíble. 

En fin, es una película para fans del género, no el de cine de exorcismos, sino el de terror sobrenatural fantástico genérico.

Pero si leen los libros de Amorth, como recomienda la película, pueden descubrir cosas nuevas... quizá aterradoras de verdad, quizá esperanzadoras.

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