Esperanza en tiempos de crisis
Cuando reconozcamos que estamos bajo la Ira Divina, nos haremos merecedores de la Divina Misericordia.

El obispo Avendaño en el Cerro de los Ángeles con una catecúmena en la Vigilia Pascual de 2026
Varios estudios recientes indican que, a pesar de la continua disminución de la religiosidad en Occidente, se observa un leve repunte del cristianismo entre los jóvenes, especialmente entre los varones. Aun así, varios medios advierten que hablar de un "renacimiento religioso" manifiesta un exagerado optimismo ya que, la generación Z —nacidos entre 1997 y 2012— sigue siendo, en términos generales, la menos religiosa de la historia.
No obstante, es indudable que algo está cambiando. Pues, si bien la mayoría de los jóvenes de dicha generación tiende a respaldar posturas sumamente progresistas, algunos otros empiezan a cuestionar las "bondades del liberalismo secular" que, —caracterizado por el materialismo, el hedonismo y el individualismo— promueve la obsesión por el rendimiento, el placer, el éxito y la apariencia. Todo lo cual, aun cuando se llegue a conseguir, es incapaz de satisfacer los anhelos más profundos del alma humana.
A esto se suma la decepción y frustración de varios jóvenes que, al tiempo que tienen fácil acceso a entretenimientos y placeres varios —no pocos de ellos perversos, como la pornografía— se ven incapaces de lograr sus más nobles y dignos sueños. Pues, los precarios sueldos y el alto costo de vida ha convertido, el anhelo más natural de todo joven, el formar una familia, en "un lujo" al que no todos pueden aspirar. En consecuencia, varios jóvenes sufren depresión, ansiedad, angustia y soledad pues, tienen la sensación de que su vida carece de sentido.
Por ello, no debería sorprender que, en una sociedad en la cual la religión, en el mejor de los casos, se limita al ámbito de lo estrictamente privado, varios jóvenes —aun cuando crecieron al margen de una formación religiosa— estén mostrando interés por el cristianismo. Pues, cansados de las perversas ideologías disolventes —que los empujan a rechazar su historia, su cultura, sus tradiciones, sus costumbres y hasta su propia esencia e identidad— buscan la estabilidad, el orden, la claridad y la trascendencia que solo el cristianismo es capaz de ofrecer. Además, en una cultura que ataca y cuestiona la identidad masculina, una minoría considerable de varones ha encontrado en los principios cristianos el modelo que les impulsa a vivir una masculinidad virtuosa, plena, comprometida y orientada al servicio y a la caridad.
El egocentrismo que, constantemente, promueve nuestro mundo mediante frases como "te lo mereces", "tú lo vales" o "piensa primero en ti mismo", contrasta fuertemente con el llamado de Cristo: "Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí". (Mt 16, 24). Pues, mientras la cultura contemporánea exalta la satisfacción personal como meta principal, el cristianismo invita a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo anteponiendo así, las necesidades de los demás a los intereses egoístas. Esto, lejos de promover una vida cómoda o centrada únicamente en el bienestar individual, plantea un camino que exige sacrificio, generosidad y esfuerzo. Mas, como afirmó Paul Claudel: "La juventud no fue hecha para el placer, sino para el heroísmo". Por ello, varios jóvenes rechazan una espiritualidad superficial, emocional y mundana. Pues, no buscan respuestas fáciles, sino la Verdad que exige pero que conduce a la libertad.
Como vemos, ni todos los placeres y distracciones con las que el mundo actual pretende enajenar al hombre, han podido ahogar ese deseo, que viene de lo más profundo del alma humana, de conocer a Dios. De ahí que, los jóvenes desencantados por el materialismo y el utilitarismo anhelen la trascendencia; heridos por las divisiones e inestabilidad —no solo social sino también familiar— busquen la estabilidad y permanencia; confundidos por el relativismo y la normalización de la inmoralidad, busquen normas firmes y verdades objetivas sobre las cuales construir sus vidas. Frente a las cambiantes ideologías deseen la inmutabilidad de la doctrina y, ante la fugacidad de los placeres mundanos la verdadera felicidad en este mundo y, sobre todo, la dicha eterna.
Por ello, varios jóvenes, cansados y decepcionados de las vacías, fútiles y engañosas promesas del mundo están buscando activamente a Dios. Pues, por experiencia propia saben que, quien tiene todo, pero le falta Dios, no tiene nada. Por el contrario, quien no tiene nada, pero tiene a Dios, nada le falta. De ahí su sed creciente de Dios. El único merecedor de nuestra confianza ilimitada pues es el único que no defrauda. El único capaz de dar vida, y darla en abundancia. Ya que, ni todos los avances y logros posibles podrán colmar la necesidad que tiene el hombre de Dios. Como señala San Agustín: "…porque nos has creado para ti, nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti".
Por ello, parafraseando a Fulton Sheen, esta crisis religiosa no es un momento de desesperación, sino de oportunidad. Cuanto más anticipemos el desastre, más podremos evitarlo. Pues cuando reconozcamos que estamos bajo la Ira Divina, nos haremos merecedores de la Divina Misericordia. Recordemos que, a causa del hambre el hijo pródigo dijo: "Me levantaré e iré a mi padre". Las mismas disciplinas de Dios generan esperanza. El ladrón de la derecha llegó a Dios mediante una crucifixión. El cristiano encuentra fundamento para el optimismo en el pesimismo más profundo, pues su Pascua se celebra tres días después del Viernes Santo.