JD Vance o el catolicismo liberal «a la norteamericana»
La polémica generada por el ataque de Donald Trump al Papa León XIV ha llevado al católico vicepresidente a tomar posición.

JD Vance en Fox News, en el momento de respaldar la actitud de Trump hacia el Papa por su posición en torno a la guerra en Irán.
El tenis, como la vida misma, se nutre de aciertos y de errores. Estos últimos, a su vez, pueden ser forzados o no forzados. Desconozco si JD Vance, el actual vicepresidente de los Estados Unidos, juega al tenis. De lo que estoy seguro es que cometió un error no forzado.
Vance, obligadamente, se metió en la polémica generada por Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, contra el Papa León XIV. En un tuit, ya conocido de modo masivo, Trump arremetió contra la persona y los juicios del Papa norteamericano sobre la guerra en Medio Oriente en la cual los Estados Unidos son aliados del Estado de Israel. La respuesta del pontífice, a su vez, fue firme y cortés.
Teniendo en cuenta lo dicho, resulta más fácil comprender y explicar las palabras de JD Vance en un programa de Fox News: “Ciertamente creo que, en algunos casos, lo mejor sería que el Vaticano se limitara a cuestiones de moralidad, a lo que sucede en la Iglesia católica, y dejara que el presidente [Trump] dicte la política pública estadounidense”.
Para comenzar, conviene recordar lo siguiente: la misma Iglesia es la que distingue entre los principios de reflexión, los criterios de juicio y las orientaciones para la acción en cuanto a la Doctrina Social. De esta manera, es una obligación de la Iglesia formular un juicio moral sobre una materia social en general y también en particular. Le corresponde tanto enseñar sobre la justicia (o injusticia) de la guerra (general) como de estas guerras concretas (como se trata del caso de Medio Oriente hoy: particular). Pretender que la Iglesia -el Vaticano, en expresión de Vance- no se pronuncie sobre un asunto tan importante es, cuando menos, ingenuo. Otra cosa es que la Iglesia hable sobre cuestiones técnicas de la estrategia militar. En esto último, obviamente, no es competente.
Dicho esto, las palabras de JD Vance tienen mucha miga y son muy representativas de la mentalidad a la cual responde una muestra representativa de los católicos de este país. En resumidas cuentas: se trata de un ejemplo de catolicismo liberal “a la norteamericana”.
O, mejor dicho, de liberalismo con una pátina de catolicismo. Porque, donde el catolicismo afirma la distinción y la unión entre lo religioso y lo político, el liberalismo sostiene su separación. La distinción y unión en simultáneo se justifica en vistas a la consecución del fin último del hombre que es la bienaventuranza eterna. En el catolicismo, la autoridad política tiene “peso propio” a la vez que, en su ejercicio, se debe subordinar a la autoridad religiosa dado que la última procura la vida eterna. En torno a esta verdad, mejor formulada por Santo Tomás de Aquino, gira la relación entre la Iglesia y la comunidad política. Se trata, ni más ni menos, que de enseñanza perenne de la Realeza Social de Cristo. Sucede, a veces, como desde la disolución de la Cristiandad, que esta debida unión -la tesis, sin perder de vista la distinción entre uno y otro poder- no resulta posible -la hipótesis, una sociedad multi-religiosa-. Pero esto no implica renunciar o deformar la doctrina, es decir, convertir la tesis en hipótesis o la hipótesis en tesis.
Como enseñó expresamente el Papa León XIII a los obispos norteamericanos en 1895 en un documento bastante olvidado (encíclica Longinqua oceani, 6 de enero de 1895, n. 6):
- “No cabe la menor duda de que han conducido a estas felices realidades principalmente los mandatos y decretos de vuestros sínodos, sobre todo los de aquellos que, andando el tiempo, fueron convocados y sancionados por la autoridad de la Sede Apostólica. Pero han contribuido, además, eficazmente, hay que confesarlo como es, la equidad de las leyes en que América vive y las costumbres de una sociedad bien constituida. Pues, sin oposición por parte de la Constitución del Estado, sin impedimento alguno por parte de la ley, defendida contra la violencia por el derecho común y por la justicia de los tribunales, le ha sido dada a vuestra Iglesia una facultad de vivir segura y desenvolverse sin obstáculos. Pero, aun siendo todo esto verdad, se evitará creer erróneamente, como alguno podría hacerlo partiendo de ello, que el modelo ideal de la situación de la Iglesia hubiera de buscarse en Norteamérica o que universalmente es lícito o conveniente que lo político y lo religioso estén disociados y separados, al estilo norteamericano. Pues que el catolicismo se halle incólume entre vosotros, que incluso se desarrolle prósperamente, todo ese debe atribuirse exclusivamente a la fecundidad de que la Iglesia fue dotada por Dios y a que, si nada se le opone, si no encuentra impedimentos, ella sola, espontáneamente, brota y se desarrolla; aunque indudablemente dará más y mejores frutos si, además de la libertad, goza del favor de las leyes y de la protección del poder público”.
Así como no sé si JD Vance juega al tenis, tampoco sé si él leyó este documento de León XIII. Resulta oportuno, en tiempos en que pareciera predominar la preocupación por la salud de “la pachamama”, volver a enseñar la Doctrina Social de siempre. De esta manera, católicos sinceros -y conversos recientes- como JD Vance podrían descubrir el admirable orden de las verdades sobre materia social que enseña la Iglesia, a la cabeza de las cuales está la de la Realeza Social de Cristo. En bien de los norteamericanos y de todos los pueblos de la tierra, comenzando por los de Medio Oriente.