Entusiasmo y humildad del Camino con el Papa: así lo viví
Para mí, que formo parte del Camino desde hace 55 años, las palabras de León XIV confirmaron la fuerza profética de Kiko y de Carmen.
De izquierda a derecha en la foto: Kiko Argüello, Ascensión Romero y el padre Mario Pezzi rezan junto con el Papa León XIV.
¡Un entusiasmo enorme! Miles de itinerantes provenientes de todo el mundo fueron recibidos por el Papa a las doce de la mañana de este 19 de enero. El aprecio por las homilías de León XIV, por sus discursos y su anuncio incansable del amor de Cristo y de su Resurrección, habían creado en los hermanos, y también en mí –que formo parte del Camino desde hace 55 años- una gran alegría ante la expectativa de estar en presencia del Sucesor de Pedro.
Aplausos, vivas, contento, satisfacción por estar en la casa del Padre. León XIV nos saludó recordando que el deseo de anunciar el Evangelio es la preciosa contribución que el Camino ofrece a toda la Iglesia, de modo particular por medio de la vida de las familias que “dejan la seguridad de la vida cotidiana y se embarcan en la misión, incluso en territorios lejanos y difíciles, con el único deseo de anunciar el Evangelio y ser testigos del amor de Dios".
Los méritos del Camino solo lo serán realmente -continuó- si somos humildes y recordamos siempre que formamos parte de un cuerpo que es mucho más grande que nosotros y que tiene tantas facetas como ha suscitado el infinito amor de Dios a lo largo del tiempo.
La autora del artículo formó parte de la comunidad del Camino Neocatecumenal recibida por León XIV este lunes en el Aula de las Bendiciones del Palacio Apostólico vaticano.
Para mí, estas palabras fueron la confirmación de la fuerza profética de Kiko y de Carmen, que siempre nos han recordado y exhortado… ¡a la Santa Humildad de Cristo! ¿Quién podrá tenerla? Decenas de veces Kiko repitió esta frase a cada uno de nosotros. ¡Y a mí!
En cuanto a Carmen, iba constantemente con la radio en el oído, para no perderse ni una palabra de las pronunciadas por los Papas, en particular Juan Pablo II, al que quería mucho. Carmen no hacía más que recordarnos que somos solo una pequeñísima semilla en el seno de la Santa Madre Iglesia.
Gracias, Santo Padre, por habernos recordado estas verdades.
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