Religión en Libertad

Ana Iris Simón: «A veces, siento vergüenza de hablar de mi fe, me parece injusto y pido por ello»

«Yo me escapaba a misa cuando mis padres se estaban echando la siesta», confiesa la escritora.

"Crecí en una familia muy atea por parte de padre, anticlerical, además de militante", cuenta Simón.YOUTUBE

Redacción REL
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La escritora Ana Iris Simón visitó hace unos días el pódcast El Cafetal para hablar sin filtros de un proceso que, como reconoce, no estaba en sus planes: su conversión al cristianismo.

De atea y profundamente anticlerical, marcada por una historia familiar compleja, pasó a descubrir en la fe algo que no esperaba encontrar. Ana Iris cuenta cómo la figura silenciosa y luminosa de su abuela fue sembrando preguntas, y cómo terminó encontrándose con Cristo no como ideología, sino como presencia.

La joven escritora habla también de algo que muchos no confiesan: la vergüenza. La incomodidad de hablar de Dios en ciertos ambientes. El miedo a parecer ingenua, retrógrada o fuera de lugar. Y, sin embargo, la imposibilidad de callar cuando lo que uno ha descubierto es demasiado real como para esconderlo.

La batalla de escapularios

"Crecí en una familia muy atea por parte de padre, anticlerical, además de militante, porque mi bisabuelo murió exiliado en Francia, era comunista", comienza diciendo Ana Iris.

"Como a mucha gente le viene en herencia la fe, a otras le viene en herencia la ideología, y me alegro mucho de ello, porque mi padre me legó aquello que para él era más importante. Eso hizo que yo tuviese una visión del otro, de la justicia social, que me acabó llevándome a Dios", añade.

Ana Iris, por parte de padre era atea y por parte de madre católica, con un tío abuelo misionero en Nicaragua. "Mi padre me inculcaba la visión del mundo atea. Se murió una niña del cole que tenía 3 años, y mi padre me explicó, pues esa niña ahora la han encerrado y está bajo tierra, y de su cuerpo van a salir plantas, y las plantas serán comidas por animales y esos animales por pajaritos. Una cosa un poco tétrica, pero bonita. En realidad fue bonita y a mí me convenció. Y mi abuela me cogía y me decía, no seas tonta, que tu amiga está en el cielo con los angelitos. Me ponía escapularios a escondidas y luego mi padre me los quitaba. Era como muy gracioso ver esas dos partes", recuerda.

"Y justo cuando voy a cumplir 9 años, que es la época en la que se hace la comunión, se muere mi abuela, el día de mi cumpleaños. Esta abuela que era la que me llevaba a las procesiones siempre, me contaba la historia de Cristo y tal. Entonces a mí me preguntaron, ¿quieres bautizarte? Porque yo no estaba bautizada. Y decido que sí. Creo que por mi abuela, porque si ella creía en Dios y yo creía en mi abuela, porque para mí era el mejor ser humano y lo sigue siendo, que existió nunca, pues aquello debía ser verdad", relata Simón.

Una relación de fe entre pequeños y mayores que ahora le toca vivir con sus propios hijos. "Ahora me está impactando mucho la fe de los niños, porque tengo dos hijos que sí que están creciendo en un entorno de fe y para ellos Dios está presente. Pero no sé si yo creí en algún momento siendo niño ni en Dios. El caso es que yo antes de eso, yo me escapaba a misa cuando mis padres estaban echando la siesta. Yo no sé qué debían pensar las señoras al ver a una niña ahí en misa. Y de hecho, yo conmulgué antes de hacer la comunión, porque ese cura no era el que me correspondía y yo decidí por mi cuenta y riesgo que yo eso lo hacía. Y me puse en la fila y lo hice varias veces, de hecho, y convencí a una amiga mía que no está bautizada a día de hoy para que comulgara. No me he confesado de ello, pero creo que en algún momento tendré que hacerlo".

Puedes ver la charla completa en este enlace.

Un ansia por aquel misterio que le venía de niña. "Ahora creo que era una llamada a algo que se me había negado, por un lado, por ese ateísmo de mi padre. Y también una relación contra el padre, hacer algo que estaba prohibido. Pero creo que la verdad de las cosas era que ahí había una llamada a algo que me estaba buscando desde pequeña", reconoce.

Durante la charla, la escritora también trata lo que supone su conversión en el cotexto en el que ella creció. "Mi conversión ha ido muy aparejada de tener vergüenza. A mí al principio me daba vergüenza hablar de Cristo, de Dios, de lo que yo sentía, de lo que yo vivía. Me sigue dando, sigo sin atreverme a ser lo suficientemente valiente como para contar cómo y por qué de repente siento la presencia de Cristo, los momentos más duros de mi vida en los que Él me acompañó. Es injusto y también pido mucho por eso", comenta Simón.

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