Martes, 25 de enero de 2022

Religión en Libertad

Precisiones sobre Vivaldi y Bruckner

Antonio Vivaldi y Anton Bruckner.
Antonio Vivaldi (1648-1741) y Anton Bruckner (1824-1896), dos grandes compositores de profunda fe católica sobre los que se vertieron calumnias que carecen de fundamentación histórica seria.

por José Fanjul Alemany

Opinión

En una reciente noticia en ReL con el título Edward Elgar, el Católico que compuso "Pompa y Circunstancia" y convirtió en música el Purgatorio,  traducida del sitio web Crisis Magazine y muy interesante e instructiva en lo demás, se reproducen dos insinuaciones graves acerca de dos conocidos compositores católicos.

En concreto, se dice que "[l]a ciudad de Verona expulsó al clérigo Vivaldi para proteger a sus niñas en edad escolar y Bruckner, años más tarde, sintió una atracción similar, unida a una fascinación por las calaveras humanas".

Considero que esas acusaciones, tan graves para el honor de dos católicos difuntos, no son ciertas, o al menos, no están sustentadas por pruebas históricas.

Vivaldi

La ciudad de Verona nunca expulsó al sacerdote Antonio Vivaldi por esta o por ninguna otra causa. Él enseñó en Venecia durante tres décadas a niñas huérfanas, pobres, abandonadas o discapacitadas como profesor de violín y canto de 1703 a 1715, salvo el periodo 1709-1711, en el Ospedale della Pietà, donde fue ascendido a maestro de conciertos y responsable musical de la institución (1716),  y de 1723 a 1740 (murió en 1741), a pesar de sus frecuentes viajes, siguieron pagándole por escribir dos conciertos al mes para la orquesta y por ensayar con ellos por lo menos cinco veces cuando estaba en Venecia.

En 1709, la junta prescindió de sus servicios en favor de otro profesor, y en 1711, volvió a contratarlo con voto unánime. Pero no existe la menor base, ni en esos sucesos ni en otros de su vida, para la acusación infamante de pedofilia, abusos sexuales y abuso de su posición. Esto puede comprobarse, por ejemplo, en un artículo de The Guardian expresamente dedicado a esa cuestión.

Ciertamente, Antonio Vivaldi pidió dispensa de la obligación de celebrar Misa, alegando sufrir de lo que parece una angina de pecho, pero rezaba a diario el Breviario y muy devoto del rosario, y existen muchos testimonios de su devoción a Santa María y su piedad católica, que aún le ganó fama de intransigente y que reconocen incluso sus enemigos, como los historiadores protestantes, además de este artículo de Religión en Libertad.

Cuando Antonio Vivaldi estuvo en Roma, Benedicto XIII lo invitó a que tocara para él, y fue condecorado por el Emperador. Y cuando fue acusado de conducta impropia con una soprano que había sido su pupila y era protagonista de sus óperas, haciendo los rumores que el cardenal Fabricio Ruffo le impidiera representar una de sus óperas en Ferrara, se defendió con vehemencia.

Dice en su carta a Bentivoglio de 16 de noviembre de 1731 (comienza en página 7, y la traducción es mía): "Su Eminencia el cardenal Ruffo me ha ordenado no venir a Ferrara a dirigir ópera, porque soy un clérigo que no dice Misa, y porque soy amigo de la cantante Giró. (...) Su Excelencia se imaginará el estado de mi mente tras un golpe semejante (...) Lo que más me abruma es la mancha que Su Eminencia ha puesto sobre la reputación de esas pobres mujeres sin par. (...) Las malas lenguas pueden decir lo que quieran. Su excelencia sabe que en Venecia tengo mi casa, por la que pago 200 ducados, y las hermanas Giró tienen otra lejos de mí. (...) En los últimos catorce años hemos presentado juntos en muchas ciudades de Europa, y su modestia fue admirada en todas partes. (...) Sus devociones semanales son públicas, y declaraciones públicas y juradas las atestiguan. Es imposible celebrar la ópera sin la Giró porque no es posible encontrar otra prima donna de su calibre. (...) He enseñado en la Pietá treinta años sin el menor escándalo".

No hay ninguna prueba de conducta impropia. En 1792, el compositor protestante Ernst Ludwig Gerber escribió sobre el anciano Vivaldi que "el rosario nunca dejaba su mano salvo cuando tomaba la pluma para escribir una ópera". Por su parte, Benedicto XVI dijo en Castelgandolfo el 9 de agosto 2011 que "Vivaldi era un sacerdote católico, fiel a su Breviario y a sus prácticas de piedad. La escucha de su producción de música sacra revela su espíritu profundamente religioso".

Bruckner

En lo que se refiere a Anton Bruckner, de cuya profunda piedad también ha hablado Religión en Libertad, Benedicto XVI dijo de él el 22 de octubre de 2011 lo siguiente: "Hay sin embargo un elemento que se encuentra en los fundamentos de la música de Bruckner, tanto la sinfónica como la sacra: la sencilla, sólida y genuina fe que profesó durante toda su vida, hasta el punto de desear ser enterrado en la Abadía de San Florián, en la cripta bajo el gran órgano que había tocado tantas veces. (...) El gran director Bruno Walter solía decir que 'Mahler siempre buscó a Dios, mientras que Bruckner lo había encontrado'. La sinfonía que acabamos de oír tiene un título muy específico: Dem Lieben God [Para mi Amado Dios], casi como si quisiera dedicar y confiar el último y más maduro fruto de su arte a Aquel en quien siempre había creído (...) escrito de una sentada, y reelaborado durante quince años".

Bruckner, afligido por crisis nerviosas, trastorno obsesivo-compulsivo, incluyendo aritmomanía, una gran ingenuidad, humillaciones en el trabajo, una campaña propagandística en contra por cuestiones musicales, y tendencia a la melancolía, propuso matrimonio en nueve ocasiones a mujeres más jóvenes o mucho más jóvenes que él. A veces, lo hizo poco después de conocerlas.

Compuso varias canciones para Aloisia Bogner, hija de Michael Bogner, cuando ella tenía 16 años y él 26, y la pidió en matrimonio. Ella lo rechazó y se casó con otro pretendiente al año siguiente, aunque conservó la partitura de Der Mondabend. Más adelante, realizó otras ofertas de matrimonio a los padres de Josefine Lang, que tenía 17 o 20 años (página 13, él tenía 43) y que fue rechazada, a Marie Bartl, una actriz de 17 años a la que felicitó tras su representación, con la que sostuvo correspondencia y a la que propuso matrimonio, escribiendo también a su madre, rechazando ella su oferta.

También cortejó a la wagneriana Marie Demar, una estudiante de conservatorio de veinte años que sostuvo correspondencia con él, paseó con él, le envió su retrato e imprimió el de él en su ex libris, pero rechazó su propuesta de matrimonio. Otras mujeres a las que pidió matrimonio sin éxito fueron Mathilde Fessl, Marie Payrleiter, Caroline Weilnbock, Margaret Boucher y Wilhelminna Reischl, hija de un comerciante. Todas, en general, de entre 17 y 20 años.

No obstante, pese a la diferencia de edad, esas muchachas estaban en edad matrimonial (como puede apreciarse por el hecho de que sus respectivos padres consintieran al cortejo), y la atracción por ellas no es, por tanto, pedófila. Por mucho que estas jóvenes estuvieran fuera del alcance de Bruckner, mucho mayor, torpe y más bien feo, o que la idea de una unión pudiera resultar absurda, no es impropia.

De hecho, el compositor no podía tolerar las bromas rudas, y en 1892, ya anciano, le dijo al crítico musical Wilhelm Zinne que nunca había tenido una relación sexual en toda su vida. Existe, incluso, un procedimiento que establece su inocencia. Las propuestas de matrimonio de Bruckner le dieron mala fama, y fue acusado de conducta impropia en su enseñanza a jóvenes alumnas, acusación de la que fue totalmente exonerado. Pese a lo cual decidió enseñar desde entonces solo a varones.

Además, pese a su fuerte deseo de contraer matrimonio durante toda su vida, el músico rompió voluntariamente su compromiso con la joven camarera de un hotel de Berlín, Ida Buhz, devota protestante, cuando ella, que le había aceptado con el consentimiento de sus padres pese a la diferencia de edad, no quiso sin embargo convertirse al catolicismo.

Murió, así, soltero con más de setenta años, sin cumplir en toda su vida su ilusión de casarse, que como vemos era muy profunda. Creo que no se le hace justicia diciendo que se tratara de un pedófilo, o de un hombre con una inclinación similar a la pedofilia.

He creído que, siendo la honra el mayor de los bienes externos, es de justicia proteger de acusaciones e insinuaciones que no vayan acompañadas por pruebas a estos hermanos que Dios tenga en Su gloria. Que podamos escuchar su música con paz y admiración.

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