Martes, 04 de octubre de 2022

Religión en Libertad

El experto en orientación Juan María López Osa resume las bases y objetivos de esta disciplina

Cristo, ¿«el mejor coach de la historia»? Así es la innovadora fórmula del «coaching cristiano»

Juan María López Osa.
Durante cerca de 4 décadas, Juan María López Osa se ha posicionado como emprendedor en el campo del coaching y la automoción: hoy, dedicado a su fe y su familia, se dedica a lo que considera su "pasión", ayudar a los demás a través del coaching cristiano.

José María Carrera

Juan María López Osa (San Sebastián) está casado, es padre de cinco hijos y abuelo de cuatro nietos. Durante toda su vida ha compaginado profesionalmente sus servicios de coaching y orientación con los propiamente empresariales en el campo de la automoción. Tras cerca de 40 años de dedicación a la empresa, López Osa se define a sí mismo como "católico practicante", "fanático de los libros" -solo del campo empresarial, filosofía, psicología y coaching tiene más de 500- y "100% familiar". Especialmente desde que tomó conciencia de la incompatibilidad, en su caso, de empresa, despacho y familia: "Mandé al garete al despacho y aposté por mi familia".

Actualmente, López Osa se dedica a lo que realmente le "apasiona" y que además es "su necesidad vital". "Trasladar a otras personas lo que me ha servido para construir una vida en plenitud y ayudar a otros a través de un coaching basado en los valores y en la persona", cuenta a Religión en Libertad. Hemos hablado con él en torno a esta disciplina relativamente novedosa en la que acumula décadas de experiencia.

-Usted junto a otras personas en la actualidad están promoviendo un tipo de coaching cristiano. Para ponernos en antecedentes, ¿cuándo nació el coaching y por qué?

-Quien de alguna manera lo sistematiza es Timothy Gallwey que describe su experiencia en el libro “El juego interior del tenis” (The Inner Game of Tennis”). En una de las clases de tenis que impartía se dio cuenta que su alumno estaba rectificando sus golpes de una manera natural, sin instrucciones del maestro y con resultados efectivos. Él se da cuenta de que en lugar de impartir instrucciones lo que tenía que hacer es “facilitar” el aprendizaje natural de manera que el alumno aprenda a interiorizarlo con sus propias conclusiones que son, por lo tanto, mucho más efectivas. Por eso se habla también de método Socrático, porque Sócrates, como cualquier buen coach, mediante la mayéutica y las preguntas “poderosas” era capaz de que las personas mejoraran desde ellas mismas.

Juan María López Osa.

"El coach lo que hace es acoger, escuchar, cuestionar, validar sentimientos y hacer que el cliente pueda cambiar el foco".

-En concreto, ¿qué hace un coach? ¿Es lo mismo que podría hacer un mentor o un maestro de vida?

-No. Un coach puede coincidir con un mentor o con un maestro de vida en determinados aspectos, cuando, por ejemplo, se ve obligado a aconsejar ante un bloqueo del cliente o de la persona acompañada pero mientras el coach cuestiona, el mentor, la propia palabra lo dice, protege, y el maestro de vida aconseja, de acuerdo con su experiencia, conocimientos o ambos. El coach lo que hace es acoger, escuchar, cuestionar, validar sentimientos y hacer que el cliente pueda cambiar el foco, la perspectiva, para conseguir que sea él mismo quien, tras la oportuna elección, adopte decisiones y las lleve a la práctica. La interiorización es mucho más efectiva si la respuesta adecuada la encuentra el propio cliente.

-¿En qué principios podríamos decir que se sustenta esta actividad?

-El coaching es una relación basada en el encuentro personal y en la confianza, para que de la escucha activa, el acompañado pueda con la ayuda del coach o acompañante ver dónde está, cuál o cuáles son sus metas, que genere en sí mismo la consciencia necesaria y diseñe acciones, establezca metas y se haga responsable de la gestión de su progreso. Para esto se utiliza el diálogo que busca, como ya he dicho, el encuentro personal y, conseguido dicho ‘encuentro’, mediante la utilización de determinados recursos por parte del Coach, como preguntas poderosas, metáforas, etc., sacar al acompañado de su zona de confort y que la propia persona plantee sus retos.

-¿Es todo “trigo limpio” en este mundo?

-En primer lugar, hay algunos libros y teorías realmente absurdas que no van más allá de un relativismo y falta de criterio impresionantes. Le diría a cualquiera que lea esta entrevista que huya como de la peste de libros que ya en el título o subtítulo “prometan” algo. Por ejemplo: “Cómo aprender un idioma en 20 días sin esfuerzo”. Lo malo es que si compras el libro, aunque sea inocuo, te darás cuenta de que el titular es falso y habrás perdido tiempo y dinero. Piensa en las dietas milagro, no digamos nada si hablamos de “cómo ser feliz en veinte días”. Aquí vendría bien distinguir entre la felicidad ficticia, vacía, carente de sentido y el “Nada te turbe, nada te falte […] sólo Dios basta”, de nuestra gran Santa Teresa, que implica una felicidad trascendente y plenificante.

Si una persona se va a dedicar al acompañamiento, por ejemplo, como es mi caso, o a cualquier otra disciplina, entonces sí, que invierta, se forme y con un adecuado asesoramiento compre libros. “El Hombre en busca de sentido”, por ejemplo, de Víctor Frankl amueblaría bien unas cuantas cabezas. Hay muy buenas webs y personas como Monseñor Munilla, Obispo, que todos los años elabora un listado con libros buenos que conviene leer o tener en mente. Esto, más que autoayuda, es dejarse ayudar.

-Como empresario, sabe que se ha puesto de moda en el mundo de la empresa las sesiones y charlas sobre la felicidad o el sentido de la vida. ¿Por qué existe este deseo en el mundo de los ejecutivos o las altas finanzas?

-Lo que he visto en la relación con otros coaches, con profesionales en las empresas, con las personas, en suma, es que, en gran medida, el relativismo, el “todo vale”, - mientras no robes o no mates -, el conseguir el éxito profesional a toda costa y, por desgracia, también a veces, el trepar, se ha convertido en un modo de vida. Y como el ser humano no encuentra la felicidad por ese camino, devora cualquier libro de autoayuda en la búsqueda de la solución milagrosa. No tienes más que ver cómo las librerías de los aeropuertos y estaciones de tren o autobús están repletas de libros de autoayuda con títulos del estilo de cómo ser feliz, cómo hacerte millonario, cómo dejar de trabajar, cómo, cómo, cómo… Se trata, en el fondo, de conseguir la felicidad rápidamente ya sea dinero, éxito, fama, dominio, poder.

El problema es que cuando las personas se hacen preguntas profundas, cuando pelamos la cebolla llegamos al “para qué”. No sólo el por qué estoy aquí, sino el para qué estoy, cuál es el propósito de mi vida, de nuestra vida y ahí es donde muchas personas, coaches incluidos, prefieren cerrar los ojos y mirar hacia otro lado porque resulta más cómodo y menos comprometedor. En el fondo nos asusta la dimensión de la verdad y lo que ésta exige, porque lo que nos interpela nos mueve a actuar y nos compromete.

-Usted es católico, ¿se puede decir que practica un coaching católico?

-Yo no hablaría tanto de coaching católico como de coaching basado en valores cristianos. En esto el mejor coach de todos los tiempos es Cristo. Si lees los evangelios en clave desapasionada y con la mirada técnica, - si es que es posible hablar así -, de un coach, te das cuenta de cómo mira Cristo, cómo escucha, cómo interpela, cómo descentra y cómo ama y transforma a toda persona con la que se encuentra.

El catolicismo aporta la humanidad y divinidad de Cristo, la Trinidad, el Amor entre Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, integra a la mujer mediante la más excelsa de las mujeres, María, nuestra Madre e integra la visión de la familia, bajo la tutela de San José. Y, para cerrar el círculo, Cristo se queda presente y con nosotros hasta el fin de los tiempos en la Eucaristía ¿Se puede proponer algo mejor? Yo creo que no. Ahora bien, esto es importante, si yo hago coaching lo haré desde mis valores más profundos, que son los que ya he expuesto, pero no con afán adoctrinador sino buscando aquello que sea mejor para esa persona, sea o no cristiana. Lo que nunca haré es acompañar en su viaje de transformación a una persona que me proponga alcanzar metas que estén en oposición a mis valores.

Puedes contactar con Juan María López Osa a través de su web, del correo electrónico info@juanmalopezcoach.es o a través del teléfono 600 465 808.

-Si una persona tiene problemas serios de orden de vida o mentales, ¿no bastaría con acudir a un buen psicólogo/psiquiatra católico o dejarse guiar por un buen director espiritual? ¿Dónde acaba el campo de uno y empieza el del otro? 

-Si estamos ante una persona que presenta problemas de ansiedad, depresión, trastornos de bipolaridad, bulimia, etc., es evidente que requiere la atención de un profesional de la psicología o la psiquiatría. Estas personas necesitan una terapia, un seguimiento y un tratamiento que, en ocasiones, será farmacológico. En la dirección espiritual una persona puede reorganizar los patrones de vida pero con un objetivo muy concreto: el progreso en su vida espiritual. El director propone pautas, proporciona consejos e, incluso, puede dar una orden concreta. En el Coaching es la persona acompañada quien mediante el acompañamiento del Coach fija sus propios objetivos. En un artículo publicado en mi web titulado "Cómo ayuda el coaching en la dirección espiritual” abordo con más amplitud este tema.

-¿Todos tenemos que pasar por un coach? ¿En qué momento es necesario?

-No necesariamente pero sí muy conveniente por tres razones. En primer lugar por prudencia. En la vida nos encontramos ante situaciones que requieren un adecuado discernimiento. En ese momento un adecuado acompañamiento puede resultar esencial, porque como dice el refranero “nadie es buen juez en propia causa” y si estamos ciegos podemos tomar decisiones equivocadas. En segundo lugar por eficacia. Será mucho más fácil alcanzar un objetivo concreto, que en esto consiste la eficacia. Y el tercer punto es por eficiencia, es decir, utilizando nuestros recursos, tiempo, esfuerzo, dinero, etc. eficientemente, sin perdernos en cuestiones irrelevantes.

-Hoy nos encontramos con muchos libros de autoayuda y escritores de mucha fama que nos prometen la felicidad y el bienestar. ¿Cómo hacemos para distinguir lo bueno de lo malo? 

-En primer lugar, lo de la autoayuda es como lo del ciego que guía a otro ciego. Leer está muy bien, aplicar lo aprendido, si es que hemos aprendido algo, es otro cantar. Aplicar lo que hay en un libro se puede hacer, pero es muy complicado. No es que los libros de “autoayuda” sean malos “per se”, ni mucho menos; de hecho, los hay muy buenos; en lo que está mal es esto de la autoayuda, que sería algo así como el auto medicarse, lo que sinceramente, es muy peligroso. Aquí ocurre lo mismo. Si quieres afrontar un cambio positivo en tu vida déjate acompañar por alguien experto que te aporte valor añadido y realmente pueda ayudarte.

-A raíz de su experiencia y formación, ¿cree realmente necesaria esta actividad para los tiempos que vivimos? ¿Cómo ve a la sociedad y al hombre de hoy?

-Perdidos. Básicamente sin rumbo y con un enorme vacío y tristeza. El ser humano anhela ser feliz. Los jóvenes son una maravilla y quieren ser felices pero no se les enseña a serlo ni se les muestra el camino.

Se nos vende o se nos quiere vender una sociedad libre de dolor y sufrimiento, de enfermedades y viene un virus, inundaciones o nevadas inmensas, un terremoto o una guerra y el ser humano se da cuenta de su paso efímero por esta tierra. El problema de la sociedad y el hombre de hoy lo definió magistralmente Joseph Ratzinger cuando habló de que “se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas”. Este es el gran problema. Es el drama del “me apetece” que tan certeramente denunciaba también el Obispo José Ignacio Munilla.

Por eso, creo sinceramente que el Coaching entendido como un proceso de acompañamiento sí puede ser importante. Parto de una antropología y filosofía cristianas que plenifican, que llenan de vida lo que tocan porque se entregan en una donación de amor. Hablo de un Coaching antropológicamente cristocéntrico que me descentra y descentra a quien acompaño, sacándole de su zona de confort porque no estoy ante un caso, sino ante una persona con toda su dignidad. 

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