Religión en Libertad

«Contrabandistas de la fe»: la migración filipina que evangeliza el mundo sin llamar la atención

Los migrantes filipinos abarrotan las iglesias de países como Estados Unidos o Baréin.

Filipinos en misa rezan con las manos levantadas el Padrenuestro.archivo

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Los católicos filipinos repartidos por el mundo se han convertido en lo que el Papa Francisco describió como "contrabandistas de la fe": personas que transmiten el Evangelio no tanto mediante argumentos, sino a través de la esperanza, la constancia y la simple presencia. CNA cuenta este fenómeno.

Lo que comenzó como una migración por simple necesidad económica ha terminado convirtiéndose en toda una forma inesperada de evangelización, realizada por familias comunes que viven su fe de manera abierta, comunitaria y alegre.

Se encargan de la pastoral

Para muchos trabajadores filipinos en el extranjero, migrar nunca fue una misión religiosa, sino una obligación hacia sus familias. Para personas como Fulgencio Abuan —quien pasó décadas en Oriente Medio—, la fe, sin embargo, ha ido desplazándose hasta ocupar el centro de su vida. 

La fe de los católicos filipinos es muy fervorosa.

Su encuentro con movimientos laicales como Parejas para Cristo en Baréin profundizó su espiritualidad mediante reuniones de oración y formación.

Su modo de evangelizar consistía en acoger a recién llegados, invitar a rezar, organizar convivencias y humanizar la vida parroquial. En contextos donde la expresión religiosa era muy limitada, los filipinos aprendieron a dar testimonio de manera constante pero discreta.

Un fenómeno semejante ocurre en Asia. En Japón, la misionera laica Erlyn Regondon lleva más de diez años acompañando a inmigrantes filipinos y feligreses internacionales en la Archidiócesis de Tokio. Observa que muchos filipinos, en el extranjero, asumen papeles como catequistas, monaguillos, coordinadores, miembros del coro.

El cardenal Tarcisio Isao Kikuchi ha reconocido que los filipinos no solo ofrecen acompañamiento pastoral, sino que también aportan dinamismo, estabilidad y juventud a las parroquias japonesas.

Parroquias que resucitan

En Estados Unidos se repite el mismo patrón. El obispo auxiliar de Filadelfia, Efren Esmilla, ha visto cómo parroquias casi vacías recuperan vida gracias a la llegada de inmigrantes filipinos. Suele resumirlo con una frase en tagalo: "Si hay un filipino, la parroquia revive".

En 2023 unos 2.16 millones de filipinos trabajaban en el extranjero.

Para Esmilla, las procesiones, las fiestas marianas y la espiritualidad no solo preservan identidad cultural: reavivan la alegría y la participación comunitaria. La convivencia después de misa, la música y la hospitalidad atraen tanto a filipinos como a feligreses que se habían alejado.

Según la Autoridad de Estadísticas de Filipinas, en 2023 unos 2.16 millones de filipinos trabajaban en el extranjero. La mayoría se encuentra en Asia, seguida de América, Europa, Australia y África. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos siguen siendo los destinos principales.  

La Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas reconoce desde hace años la dimensión misionera de la inmigración. A través de su Comisión para Migrantes e Itinerantes, ofrece acompañamiento pastoral, formación y apoyo a quienes enfrentan soledad, choque cultural o riesgo de perder la fe.

Las diócesis de acogida colaboran cada vez más con instituciones filipinas, entendiendo que la pastoral migratoria no es solo asistencia, sino misión. Sacerdotes, religiosos y laicos filipinos sirven hoy en regiones que, siglos atrás, fueron evangelizadas por misioneros occidentales.

Cinco siglos después de que el cristianismo llegara a Filipinas, la historia se ha invertido. Los descendientes de quienes fueron evangelizados ahora llevan la fe más allá de sus fronteras, no por estrategia, sino por las exigencias de la vida.

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