La monja que desafió a nazis y soviéticos y sacó una bomba de relojería de su parroquia
La hermana Iwona Król, enfermera, considerada heroína silenciosa en Polonia, en proceso de beatificación.

Las isabelinas polacas quieren beatificar a Iwona Król, monja enfermera valiente en la Segunda Guerra Mundial
La religiosa isabelina Iwona Król (1908-1990) vivió en la atribulada Polonia de la Segunda Guerra Mundial y la dictadura comunista posterior. Por un lado, se puede ver como una silenciosa monja que atendía a niños y enfermos sin llamar la atención. "Ningún diario la mencionó nunca", dice la postuladora de su causa de canonización.
Pero, por otro lado, fue una mujer valiente que con discreción actuó en situaciones muy peligrosas, entre nazis y comunistas, bombas y arrestos.
La recuerdan y honran en Wschowa, un pueblo de 13.000 habitantes al suroeste de Polonia, con un castillo real que visitaban los reyes polacos del siglo XVIII. La recuerdan las religiosas isabelinas del lugar, los vecinos que la conocieron en la parroquia de San Estanislao y los niños del Hogar Infantil. El grupo parroquial de Cáritas lleva su nombre. Su proceso de beatificación se abrió en 2023.

Las religiosas isabelinas ante la placa de la parroquia de Wschowa que recuerda a la hermana Iwona Król
Servir a los pobres como enfermera
Las isabelinas (Hermanas de Santa Isabel) son una congregación femenina fundada en 1842, inspiradas por la figura medieval de Santa Isabel de Hungría, princesa húngara y viuda joven volcada en servir a los pobres. Hoy cuenta con unas 950 religiosas en países de Europa Oriental, Sudamérica y Tierra Santa. Muchas son enfermeras, catequistas en escuelas infantiles y sacristanas en parroquias y curias episcopales.
Iwona Król nació en 1908 y fue bautizada como Anna. Era la mayor de doce hijos. A los 22 años entró en las isabelinas. Con ellas obtuvo su diploma de enfermería, trabajando en un hospital y un hogar de ancianos.
Llegó a Wschowa con 31 años, en 1939, con la Guerra Mundial, y allí permaneció el resto de su vida.
Llevando una bomba de relojería (literal)
Varios episodios muestran su coraje. El primero fue que se negó a firmar la Volksliste, el registro en el que los nazis pedían que se apuntaran todas las personas de sangre alemana, como era su caso, lo que les permitía un estatus superior en la Polonia alemana. Aunque recibió presiones para firmar, logró no hacerlo.
En 1945 el Ejército Rojo, de la Unión Soviética, ocupó la ciudad. Los soviéticos, o agentes comunistas, colocaron una bomba de relojería en la parroquia. La religiosa arriesgó su vida entrando en el edificio, tomando la bomba y llevándosela lejos. La bomba explotó varias horas después en el parque Planty.

La postuladora de las isabelinas en la tumba de Sor Iwona Król en Wschowa
Protegiendo objetos sagrados de los soviéticos
Jolanta Pawłowska, una parroquiana que ha hablado en el proceso de beatificación, recuerda que el párroco Józef Kliche, forzado a marchar del lugar, entregó las llaves a la hermana Iwona y le pidió que cuidara sus objetos sacros.
Los soviéticos se dedicaban a saquear iglesias y profanar los objetos que no les parecían valiosos, como paños y casullas.
La religiosa viajó por los pueblos cercanos recogiendo las Hostias consagradas y objetos litúrgicos. A veces se conseguía adelantar a los soviéticos; otras veces, recogía con amor las Hostias consagradas tiradas por los suelos, y los vasos litúrgicos. En cierta ocasión escondió en un cesto de ropa sucia Hostias, casullas y vasos litúrgicos.
El líder soviético, llamado Mishin, le dio un pase especial por ser enfermera, para poder recorrer la ciudad día y noche para atender enfermos. Irónicamente, ¡él mismo enfermó gravemente y sería paciente de la Sierva de Dios!
Cariñosa cuidando enfermos
Tras los avatares de la guerra, se dedicó a cuidar enfermos con constancia y dedicación. Era cariñosa con ellos y siempre les llamaba con apelativos dulces.
En la crónica parroquial de 1959, el párroco Andrzej Kostka señaló: "El incansable cuidado y la dedicación de nuestra sacristana, la Hermana Iwona Król, en su labor por la iglesia merecen una mención especial".

Feligreses que recuerdan a Sor Iwona Król, que murió en 1990; fue cariñosa como enfermera y servicial como sacristana
Murió el 8 de agosto de 1990, mientras estaba de vacaciones con su familia. El funeral y el entierro fueron en Wschowa.
En 2023, al iniciarse el proceso de beatificación, que impulsan las isabelinas con el apoyo del obispo local, se inauguró una placa conmemorativa en la parroquia.
En la web que recoge la devoción a esta religiosa se lee:
- "Fue una vida rica en experiencias, tanto hermosas como difíciles. Fue una vida intensa y llena de acción. Pero también fue una vida tranquila y oculta, sin buscar elogios ni publicidad. La Hermana M. Iwona no deseaba ser santa, como le dijo a una de sus hermanas. Deseaba servir a Dios lo mejor que pudiera. Al leer su biografía y cientos de testimonios, descubrimos a una monja que siempre estuvo al servicio de los demás. No encontraremos nada sobre ella en la prensa de su época. No recibió honores ni agradecimientos. Sin embargo, su vida desinteresada ha quedado grabada en el corazón de muchas personas a quienes sirvió con amor y devoción".