Este website utiliza cookies propias y de terceros. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Política de cookies.
Los blogs de Religión en Libertad
                    Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Accede a nuestros RSS
Inicio / Blog

La mayor participación, poder comulgar

Corazón Eucarístico de Jesús

17 junio 2017

Normalmente, y en un lenguaje coloquial, teñido de las ideas corrientes, escucharemos la palabra “participación” referidas a realidades exteriores, a acciones y servicios litúrgicos concretos. A la pregunta: “¿quién va a participar en la Misa?”, la respuesta es “X va a hacer las moniciones, Y y Z llevarán las ofrendas, W leerá la acción de gracias”. ¡Craso error, perspectiva desenfocada! Se confunde la parte con el todo, el servicio litúrgico –un oficio, un ministerio, una “intervención”- con la totalidad de la participación.
 
  
          Pero vayamos al centro de todo y de esa manera comprenderemos cómo todos los demás elementos se ubican en su sitio correctamente. La mayor participación posible en la celebración eucarística es poder comulgar santamente las cosas santas. Quien participa más plenamente en la Eucaristía, y llega al corazón del Misterio, en una participación completa, es quien puede acercarse a comulgar. Esa es la mayor participación posible, inimaginable en la Eucaristía.
 
            El culmen, el coronamiento, de toda participación plena, consciente, activa, interior, fructuosa, piadosa, es la recepción sacramental del Cuerpo y la Sangre del Señor. Esa es la doctrina y enseñanza clara, por ejemplo, del último Concilio: “Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, recibiendo los fieles, después de la comunión del sacerdote, del mismo sacrificio, el cuerpo del Señor” (SC 55).
 
            La “participación más perfecta en la misa” es recibir la sagrada comunión. Este principio tan elemental corrige las visiones distorsionadas en torno a la “participación” y a lo que se suele denominar como una “Misa muy participativa”. La mayor y mejor participación en la misa, en palabras del Concilio Vaticano II, es recibir la comunión participando del mismo sacrificio eucarístico.
 
            Ya el siervo de Dios Pío XII, Papa culto y sabio, en la encíclica Mediator Dei –sustrato claro de muchos puntos de la Sacrosanctum Concilium del Vaticano II- exhortaba a que la plena participación es la comunión eucarística en la que los fieles se asocian al sacrificio de Cristo y que, si es posible, comulguen los fieles de las hostias consagradas en la misma misa:
 
 
           “Es también muy oportuno, cosa por lo demás establecida por la sagrada liturgia, que el pueblo se acerque a la sagrada comunión después que el sacerdote haya consumido el manjar del ara; y, como arriba dijimos, son de alabar los que, estando presentes al sacrificio, reciben las hostias en el mismo consagradas, de modo que realmente suceda «que todos cuantos participando de este altar recibiéremos el sacrosanto cuerpo y sangre de tu Hijo, seamos colmados de toda bendición y gracia celestial»” (Mediator Dei, n. 148).
 
            Toda la celebración eucarística tiende a que los fieles, debidamente dispuestos en su alma, tomen parte del sacrificio de Cristo recibiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor. Quienes comulgan participación plenamente, en el mayor grado que existe, de la Misa.
 
            Para ello, se ha de comulgar estando en gracia, es decir, con conciencia clara de no estar en pecado, con un discernimiento previo, un examen de conciencia. “A pesar de nuestra debilidad y nuestro pecado, Cristo quiere habitar en nosotros. Por eso, debemos hacer todo lo posible para recibirlo con un corazón puro, recuperando sin cesar, mediante el sacramento del perdón, la pureza que el pecado mancilló... De hecho, el pecado, sobre todo el pecado grave, se opone a la acción de la gracia eucarística en nosotros. Por otra parte, los que no pueden comulgar debido a su situación, de todos modos encontrarán en una comunión de deseo y en la participación en la Eucaristía una fuerza y una eficacia salvadora” (Benedicto XVI, Hom. para la clausura del Congreso Euc. Internacional de Quebec, Roma, 22-junio-2008).
 
            La reducción secularista de la liturgia ha convertido la comunión eucarística en un mero compartir fraterno, en la solidaridad común significada en el pan, fomentando la comunión masiva de todos en base a la “fiesta común”, oscureciendo la verdad de la fe sobre la Presencia de Cristo, y distribuyendo la comunión precipitadamente en muchos casos, con poca unción, sacralidad y adoración. “Se ha de poner atención para que esta afirmación correcta no induzca a un cierto automatismo entre los fieles, como si por el solo hecho de encontrarse en la iglesia durante la liturgia se tenga ya el derecho o quizás incluso el deber de acercarse a la Mesa eucarística. Aun cuando no es posible acercarse a la Comunión sacramental, la participación en la santa Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa. En estas circunstancias, es bueno cultivar el deseo de la plena unión con Cristo, practicando, por ejemplo, la comunión espiritual” (Benedicto XVI, Exh. Sacramentum caritatis, n. 55).
 
            Ya no se entiende ni se explica, en la reducción secularista, la comunión como la mayor participación en el Sacrificio de Cristo, sino sólo se resalta la línea horizontal, la (presunta) comida festiva de los hermanos: “La Eucaristía no es sólo un banquete entre amigos. Es misterio de alianza” (Benedicto XVI, Hom. en la clausura del Cong. Euc. Internacional de Quebec, Roma, 22-junio-2008).
 
 
 

            Lo que recibimos en la comunión es al mismo Cristo, a quien adoramos, y que quiere entablar una relación de intimidad con cada uno, divinizándonos, santificándonos, transformándonos en Él, su vida pasa a nosotros[1]:
 
 
“No se puede "comer" al Resucitado, presente en la figura del pan, como un simple pedazo de pan. Comer este pan es comulgar, es entrar en comunión con la persona del Señor vivo. Esta comunión, este acto de "comer", es realmente un encuentro entre dos personas, es dejarse penetrar por la vida de Aquel que es el Señor, de Aquel que es mi Creador y Redentor.
 
La finalidad de esta comunión, de este comer, es la asimilación de mi vida a la suya, mi transformación y configuración con Aquel que es amor vivo. Por eso, esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir a Cristo, de seguir a Aquel que va delante de nosotros” (Benedicto XVI, Hom. en el Corpus Christi, 26-mayo-2005).
 
 
            Esta participación de los fieles en la Eucaristía santísima es del todo especial. Requiere un acto de fe, esperanza y caridad; implica conciencia clara y devoción; supone y expresa la adoración a Cristo realmente presente[2]. Por eso no es indiferente el modo de comulgar respetuoso y adorante y la forma misma, por parte de los ministros, de distribuir la sagrada comunión. El respeto, la adoración, incluso la solemnidad, deben acompañar este momento santo, alejando lo informar, lo trivial, lo apresurado, propiciando que cada fiel vea la Hostia cuando se le muestra, pueda responder “Amén” consciente de hacer una profesión de fe, y comulgue orando y con cuidado.
 
            El Misal romano, en su Introducción general, nos introduce bien en el misterio de la comunión eucarística, su sentido y su realización litúrgica. “Por la fracción del pan y por la Comunión, los fieles, aunque sean muchos, reciben de un único pan el Cuerpo, y de un único cáliz la Sangre del Señor, del mismo modo como los Apóstoles lo recibieron de las manos del mismo Cristo” (IGMR 72). Los fieles participarán plenamente si pueden comulgar, es decir, si pueden acercarse al Sacramento debidamente dispuestos: “Puesto que la celebración eucarística es el banquete pascual, conviene que, según el mandato del Señor, su Cuerpo y su Sangre sean recibidos como alimento espiritual por los fieles debidamente dispuestos” (IGMR 80).
           
            La comunión, en el rito romano, es preparada por diversos ritos:
 
-Padrenuestro
-Paz
-Fracción del Pan consagrado y conmixtio
-Invitación a la comunión con las palabras de humildad del centurión (“Señor, no soy digno…”)
 
            En la medida de lo posible, se visibiliza la participación en ese mismo Sacrificio de Cristo si los fieles pueden comulgar con el Pan consagrado en esa Misa: “Es muy de desear que los fieles, como está obligado a hacerlo también el mismo sacerdote, reciban el Cuerpo del Señor de las hostias consagradas en esa misma Misa, y en los casos previstos (cfr. n. 283), participen del cáliz, para que aún por los signos aparezca mejor que la Comunión es una participación en el sacrificio que entonces mismo se está celebrando” (IGMR 85).
 
 
            Así se distribuye la sagrada comunión:
 
“- Después el sacerdote toma la patena o el copón y se acerca a quienes van a comulgar, los cuales de ordinario, se acercan procesionalmente.
 
-No está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos.
 
-Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos.
 
-Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas.
 
-Si la Comunión se recibe sólo bajo la especie de pan, el sacerdote, teniendo la Hostia un poco elevada, la muestra a cada uno, diciendo: El Cuerpo de Cristo.
 
-El que comulga responde: Amén,
 
-y recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo.
 
-Quien comulga, inmediatamente recibe la sagrada Hostia, la consume íntegramente” (IGMR 160-161).
           
“El Concilio Vaticano II al recomendar especialmente que “la participación más perfecta es aquella por la cual los fieles, después de la Comunión del sacerdote, reciben el Cuerpo del Señor, consagrado en la misma Misa” exhorta a llevar a la práctica otro deseo de los Padres del Tridentino, a saber, que para participar más plenamente en la Eucaristía, “no se contenten los fieles presentes con comulgar espiritualmente, sino que reciban sacramentalmente la comunión eucarística”” (IGMR 13).
 
            Los fieles se ofrecen junto con Cristo al Padre. Reciben parte del Sacrificio de Cristo Víctima al comulgar. Ahí reside el mayor y más excelente modo de plena participación en la Misa. “Los fieles participan más plenamente de este sacrificio de acción de gracias, de propiciación, de impetración y de alabanza, cuando, conscientes de ofrecer al Padre, de todo corazón; juntamente con el sacerdote, la sagrada Víctima y, en ella, a sí mismos, reciben la misma Víctima en el Sacramento” (Instrucción Eucharisticum Mysterium, 3e).
 
 
[1] “Es bella y muy elocuente la expresión «recibir la comunión» referida al acto de comer el Pan eucarístico. Cuando realizamos este acto, entramos en comunión con la vida misma de Jesús, en el dinamismo de esta vida que se dona a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a través de Jesús, hasta nosotros: se transmite una única comunión en la santa Eucaristía" (Benedicto XVI, Hom. en el Corpus Christi, 23-junio-2011).
[2] “La palabra latina para adoración es ad-oratio, contacto boca a boca, beso, abrazo y, por tanto, en resumen, amor. La sumisión se hace unión, porque aquel al cual nos sometemos es Amor. Así la sumisión adquiere sentido, porque no nos impone cosas extrañas, sino que nos libera desde lo más íntimo de nuestro ser” (Benedicto XVI, Hom. Misa de clausura de la JMJ, Colonia, 21-agosto-2005).
Por lo que cuestan dos cervezas al mes ayudas a mantener Religión en Libertad
Volver arriba
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter
¡No te pierdas las mejores historias de hoy!
Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria
COMENTARIOS
¿Quieres comentar?
Desplegar el formulario
Comentario (máx. 500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)

Título (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Clave (obligatorio)
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado. Para registrarse pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
  
  REGISTRO PARA COMENTARIOS
Para comentar las noticias y artículos de Religión en Libertad es preciso registrarse. Para ello sólo es necesario dar un nombre o apodo ("nick"), una dirección real de correo electrónico y una clave. El usuario recibirá en su cuenta de correo electrónico una petición de confirmación. Una vez confirmado el registro, ya podrá introducir los comentarios que desee, sin más que teclear su clave. El nombre o "nick" se mostrará, no así la dirección de correo electrónico.

Religión en Libertad eliminará del registro a todos los usuarios que reiteradamente introduzcan comentarios inapropiados u ofensivos, que en cualquier caso serán eliminados.

CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de religionenlibertad.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Religionenlibertad.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
RSS   Añádenos a igoogle  Añádenos a Yahoo  Añádenos a Windows Live  Añádenos a Netvibes  Añádenos a Wikio  Añádenos a Bloglines
Javier Sánchez Martínez
Javier Sánchez Martínez, sacerdote de la diócesis de Córdoba, ordenado el 26 de junio de 1999. Ha ejercido el ministerio sacerdotal en varias parroquias, en el Centro de Orientación Familiar de Lucena (Córdoba) y como capellán de Monasterios. Ha predicado retiros, tandas anuales de Ejercicios espirituales a seglares, religiosas y Seminarios e impartido diversos cursos de formación litúrgica; asimismo publica artículos en distintas revistas como "Pastoral Litúrgica" y boletines de formación de ANE Y ANFE.

Licenciado en Teología, especialidad liturgia, por la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid), es vicario parroquial de Santa Teresa de Córdoba, profesor del I.S.CC.RR. "Victoria Díez", profesor para la formación permanente de religiosas y vida consagrada, y miembro del Equipo diocesano de Liturgia.

Javier Sánchez Martínez, es autor, editor y responsable del Blog Corazón Eucarístico de Jesús, alojado en el espacio web de www.religionenlibertad.com
ARCHIVO
OCTUBRE 2017

La relación de la Iglesia con el mundo

Lo propio de Dios es curar

Una clase magistral de tipología

Magisterio sobre evangelización (XXXII)
SEPTIEMBRE 2017

Lo que la Iglesia hizo en el Concilio Vaticano II

Encarnación, pelagianismo, tentación...

De catequesis y catequistas

Participar en la liturgia ofreciéndonos (I)

Sólo evangelizan los santos

Consolación y alegría

Ver posts de otros meses

AGOSTO 2017 (6 artículos)

JULIO 2017 (6 artículos)

JUNIO 2017 (6 artículos)

MAYO 2017 (6 artículos)

ABRIL 2017 (6 artículos)

MARZO 2017 (6 artículos)

FEBRERO 2017 (6 artículos)

ENERO 2017 (6 artículos)

DICIEMBRE 2016 (7 artículos)

NOVIEMBRE 2016 (8 artículos)

OCTUBRE 2016 (7 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (8 artículos)

AGOSTO 2016 (8 artículos)

JULIO 2016 (8 artículos)

JUNIO 2016 (7 artículos)

MAYO 2016 (7 artículos)

ABRIL 2016 (8 artículos)

MARZO 2016 (11 artículos)

FEBRERO 2016 (9 artículos)

ENERO 2016 (11 artículos)

DICIEMBRE 2015 (9 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (10 artículos)

OCTUBRE 2015 (10 artículos)

SEPTIEMBRE 2015 (10 artículos)

AGOSTO 2015 (10 artículos)

JULIO 2015 (10 artículos)

JUNIO 2015 (9 artículos)

MAYO 2015 (10 artículos)

ABRIL 2015 (10 artículos)

MARZO 2015 (13 artículos)

FEBRERO 2015 (9 artículos)

ENERO 2015 (11 artículos)

DICIEMBRE 2014 (11 artículos)

NOVIEMBRE 2014 (11 artículos)

OCTUBRE 2014 (12 artículos)

SEPTIEMBRE 2014 (11 artículos)

AGOSTO 2014 (11 artículos)

JULIO 2014 (11 artículos)

JUNIO 2014 (10 artículos)

MAYO 2014 (11 artículos)

ABRIL 2014 (7 artículos)

MARZO 2014 (7 artículos)

FEBRERO 2014 (3 artículos)

DICIEMBRE 2012 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2012 (8 artículos)

OCTUBRE 2012 (3 artículos)

SEPTIEMBRE 2012 (11 artículos)

AGOSTO 2012 (10 artículos)

JUNIO 2012 (2 artículos)

MAYO 2012 (6 artículos)

ABRIL 2012 (6 artículos)

MARZO 2012 (10 artículos)

FEBRERO 2012 (9 artículos)

ENERO 2012 (9 artículos)

DICIEMBRE 2011 (9 artículos)

NOVIEMBRE 2011 (11 artículos)

OCTUBRE 2011 (9 artículos)

SEPTIEMBRE 2011 (8 artículos)

AGOSTO 2011 (4 artículos)

JULIO 2011 (7 artículos)

JUNIO 2011 (4 artículos)

MAYO 2011 (6 artículos)

ABRIL 2011 (3 artículos)

MARZO 2011 (2 artículos)

FEBRERO 2011 (4 artículos)

ENERO 2011 (4 artículos)

DICIEMBRE 2010 (10 artículos)

NOVIEMBRE 2010 (6 artículos)

OCTUBRE 2010 (6 artículos)

SEPTIEMBRE 2010 (4 artículos)

AGOSTO 2010 (6 artículos)

JULIO 2010 (9 artículos)

JUNIO 2010 (9 artículos)

MAYO 2010 (13 artículos)

ABRIL 2010 (12 artículos)

MARZO 2010 (10 artículos)

FEBRERO 2010 (7 artículos)

ENERO 2010 (13 artículos)

DICIEMBRE 2009 (15 artículos)

NOVIEMBRE 2009 (13 artículos)

OCTUBRE 2009 (3 artículos)

PortadaVaticanoEspañaAmérica LatinaVida y familia Historias de conversiónHistorias de evangelizaciónOpiniónBlogsVídeosHEMEROTECA
Sobre Nosotros Servicios Legal Síguenos en Facebook
Síguenos en Twitter
Accede a nuestros RSS
Accede a nuestros RSS