Leah Sargeant, exatea de Yale: el feminismo busca una «igualdad en el vicio» con el hombre
La famosa escritora aboga por una consideración de la igualdad basada en admitir la dependencia mutua.

Leah Libresco Sargeant la exfeminista que recorre medio mundo pregonando la verdadera igualdad basada en la fe.
Hasta 2012, Leah Sargeant era una destacada bloguera estadounidense conocida por su divulgación del ateísmo. Aquel año sorprendió a sus miles de seguidores anunciando su último post como atea tras convertirse al catolicismo. Desde entonces, ha enfrentado los grandes pilares del discurso dominante en Estados Unidos. Especialmente el feminismo woke, que aborda en sus últimos escritos, conferencias y libros como “La dignidad de la dependencia: un manifiesto feminista”.
Libresco ha abordado en numerosas ocasiones el cambio que supuso la fe tras una infancia y juventud criada como “feminista progresista” en una familia desvinculada de la religión y educada en colegios marcados por una cultura judía no practicante.
Personajes
La famosa bloguera ex atea Leah Libresco recibe el bautismo que anunció y ya es católica
Aci / Ewtn
En sus primeros años de juventud admitía tener una “postura predeterminada” hacia la fe, convencida de que la religión era falsa, sin que los ejemplos que llegaban a su vida le resultasen mínimamente convincentes. Algo que cambió en la universidad de Yale.
“Cuando fui a la universidad, debatía con las personas más interesantes que pude encontrar, que eran principalmente los católicos de mi grupo de debate. Solo gracias a la formación de mis padres pude amar la verdad más que mi orgullo y cambiar mi opinión sobre Dios”, explicaba recientemente a Northwest Catholic. Lo que me convenció, agrega, “fue insistir en la pregunta: ¿Cómo llegamos a conocer la verdad?”.
A su conversión le siguió un cambio radical en el modo de ver tanto el feminismo como la relación entre hombre y mujer.
El feminismo, una igualdad en el vicio
Fruto de ese cambio es su libro La dignidad de la dependencia, que según declaró a Catholic World Report, pretende ofrecer unas bases tan reveladoras como polémicas en torno al debate, “que la igualdad de las mujeres con los hombres no se basa en ser intercambiables con ellos” y que, “en esencia, ser humano es depender de los demás, no ser autónomo”.

Leah Libresco Sargeant fue una atea militante durante sus años de secundaria y universidad.
En multitud de ocasiones, Libresco ha cuestionado la idea de que la verdadera igualdad y dignidad de la mujer se encuentren en obtener las mismas posibilidades que los hombres. Por polémico que resulte, lo explica de forma sencilla con el argumento de que, con el feminismo, no se reivindica otra cosa que “una igualdad en el vicio” que pueden tener los hombres. Al mismo tiempo, dice, con la “mentira de la autonomía” se acaba con la “radical dependencia” que hombres y mujeres tienen entre sí y respecto de Dios.
La cuestión de la dependencia rodea toda la obra de Libresco, oponiéndose a los estragos de la “autonomía radical” que propugnan el individualismo o el feminismo.
“Cada vez vemos más personas mayores y discapacitadas que optan por el suicidio asistido. Estos suicidios con asistencia médica […] Quienes optan por la eutanasia suelen citar el miedo a ser una carga para los demás como la razón para morir, en lugar del dolor de su enfermedad terminal”, explica.
Dependencia mutua frente a autonomía radical
Frente a dicha autonomía, la escritora apunta al matrimonio y la familia como los ejemplos más comunes de “dependencia mutua”, uno de sus grandes conceptos contra el feminismo dominante. “Mi relación con mi esposo no es "igualitaria" en el sentido de que no saldamos cuentas equitativamente”.
Su afirmación cobra todo el sentido cuando Libresco menciona su embarazo, el tercero, mientras escribía el libro, una etapa en la que fue especialmente consciente de esa dependencia de su marido.
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Según el feminismo, explica, cuando una mujer está embarazada de otro ser humano, la dependencia y fragilidad del bebé producen dos efectos: hacen que la vida del niño parezca menos valiosa para quienes creen que la autonomía es necesaria para ser plenamente humano, y hacen que la mujer sea considerada inferior en comparación con el hombre, que nunca tiene que entrar biológicamente en una relación de dependencia semejante.
Por ello, agrega, “la idea de que nuestra vida se vea trastocada por otra persona [el bebé] es un golpe a la igualdad de las mujeres. Este es el argumento original para el acceso de las mujeres al aborto”. Del mismo modo que el hombre podía desvincularse de sus hijos, el feminismo asegura que también las mujeres debían poder hacerlo, dándose lo que ella llama una igualdad en la ausencia de moralidad. De no poder abortar, dice, las mujeres “no podrían ser intercambiables con los hombres y perderían la igualdad política”.
La sensación de ser necesarios
Lo que ella y su marido experimentaron en el embarazo fue radicalmente opuesto a la tesis feminista.
“La naturaleza de nuestra relación cambió durante el embarazo y la lactancia. Dedicamos tiempo a compartir tareas, pasándonos cosas para que yo pueda confiarle mucho más durante el embarazo. Cuando se tienen cada vez menos matrimonios y los hijos son cada vez más tardíos, menos hombres tienen esa sensación de ser totalmente necesarios para sus familias. Pero ese es precisamente el don de los hombres”, explicaba a Church Life Journal.
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La entrega que puede elevar a los hombres
Tratándose de un libro de feminismo, Libresco ofrece un ejemplo claro en torno a lo que debería distinguir a los hombres atendiendo a esa “dependencia mutua” y es poner su naturaleza al servicio de los demás.
“Es importante reconocer que poseen más fuerza de la que necesitan solo para sí mismos. El don de la fuerza debe ser invocado y ofrecido con amor. Cualquier persona mayor debería poder llamar a un joven de la iglesia, tanto para que su comunidad lo cuide en lugar de un desconocido, como para que estos jóvenes, que se preguntan para qué sirven sus fuerzas, reciban una respuesta inmediata”, explica.
La verdadera igualdad
En una reciente conferencia, La belleza de la verdad: navegar la sociedad actual como mujer católica, Sargeant abordaba los cimientos sobre los que construir la relación entre hombre y mujer. Y esta, lejos de ser “igualdad en el vicio”, apunta a que “hombres y mujeres están ordenados al bien y hechos para la amistad mutua”.
Actualmente, el feminismo y el pensamiento dominante arrojan una visión fundamentada en dos mentiras, la de que la igualdad de la mujer se basa en poder ser intercambiable con el hombre, y que la autonomía es fundamental para una vida plenamente humana.
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De este modo, si con el feminismo y su simplificación de las diferencias se termina viendo a la mujer como “un hombre defectuoso”, la alternativa basada en la propia realidad biológica dice que “la diferencia fundamental es cómo [las mujeres] dan a luz a los hijos”.
Una premisa que, según Sargeant, niega directamente la segunda mentira de la autonomía como culmen de la realización personal.
“Siempre fuimos hechos para necesitarnos unos a otros. No nos traicionamos cuando nos mostramos como profundamente humanos. Nuestra tarea es dar a las personas la seguridad de que esta verdad es buena. La esperanza no nace del exceso de fuerza, sino en medio de nuestra fragilidad, y nos recuerda cómo somos amados y por quién”, concluía.