¿Cómo rezar cuando no salen ni las palabras? Un cura de barrio tiene la respuesta...
Francisco Javier (Patxi) Bronchalo, cura de Leganés, diócesis de Getafe, ha escrito un libro Rezar como Jesús nos enseñó (Nueva Eva) que da respuesta a este interrogante.

Si estás atravesando un momento de cambio, o estás viviendo una época de crisis, o bien has perdido la esperanza y la confianza en Dios, hay un libro que te puede ayudar a salir de ese túnel negro en dónde no se ve la luz.
Rezar como Jesús nos enseñó (Nueva Eva) está escrito por Francisco Javier (Patxi) Bronchalo, un sacerdote que lleva doce años de cura y es párroco en Nuestra Señora de Butarque, un barrio de gente trabajadora en Leganés, además de bloguero de Religión en Libertad y con activa presencia en las redes sociales para iluminar sobre el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia católica.
-Así es. Cuando estaba en el seminario atravesé una noche interior muy fuerte. Como una crisis de no ver sentido a lo que había visto años anteriores con claridad: ser cura. Recuerdo que en unos ejercicios espirituales un sacerdote me dijo: "Cuando no puedes ni rezar puedes empezar a decir las oraciones del Padre Nuestro empezando por la última y hasta la primera".

Francisco Javier Bronchalo es autor de 'Rezar como Jesús nos enseñó'.
-Empezar diciendo "líbranos del mal" es reconocerse necesitado de Dios estando en el pozo más hondo, es decirle que que necesitamos un Salvador, necesitamos ser rescatados. El camino de vuelta a Dios empieza así, reconociendo la fragilidad.
»No pedimos solo que nos pasen menos cosas malas, le decimos a Dios que nos arranque del poder del mal, de la desesperación, de la angustia, del pecado que nos destruye por dentro y de todo lo que nos separa de Él. Es un grito de salvación.
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-Sí. "No nos dejes caer en la tentación" es la oración humilde de quien sabe que solo no puede. Es el siguiente paso. El pueblo de Israel después de haber visto como Dios por medio de Moisés les sacaba de Egipto, después de haber experimentado como milagrosamente les abría el mar Rojo para que pasaran y pudieran librarse del faraón y su ejército que los perseguía, después de haber tenido experiencia real del Señor en su vida concreta tuvieron la tentación de volver atrás, a la esclavitud de Egipto, porque el camino por el desierto era duro.
»Después de haber salido del mal el tentador puede presentarnos que aquella situación de mal puede parecer de nuevo buena, por eso es importante rezar con esta sexta petición del Padre Nuestro. El cristiano no confía en su fuerza, sino en la gracia de Dios. Pedimos que Él nos sostenga cuando el corazón se tambalea.
-Totalmente cierto. Perdonar de verdad muchas veces es imposible humanamente. Como decía, no es cuestión de nuestra fuerza. Por eso el perdón cristiano es también un milagro de la gracia que podemos pedir a Dios para que Él conceda que el corazón se apacigüe y esté en paz. Incluso para llegar a rezar por los enemigos, como Jesús enseñó en el monte de las Bienaventuranzas e hizo en el monte Calvario.
»Cuando uno se sabe profundamente perdonado por Dios, empieza a encontrar la fuerza para perdonar incluso lo que parecía imperdonable. Por eso tras haber pedido salir del mal y no caer en tentación toca pedirle perdón por los pecados cometidos, quizás algunos de ellos influyeron en que nos fuéramos al pozo.

-Sí. El perdón siempre termina en una mesa. El "pan de cada día" es la vida que Dios nos regala y, en plenitud, es la Eucaristía. Después del perdón viene el banquete del Padre, como en la parábola del hijo pródigo, que salió del pozo de vivir con los cerdos y caminó de vuelta a casa. Para comulgar necesitamos estar en gracia, por eso la confesión es necesaria, pedir perdón nos hace participar plenamente en el banquete de la Eucaristía.
-Tuve la dicha de ir a Manila con un grupo de jóvenes hace algunos años. Allí conocí a este sacerdote francés, el padre Matthieu, que iba por las calles de los barrios más pobres de allí y de los vertederos recogiendo a los niños de la calle. Muchos niños y niñas vivían en los grandes basureros recogiendo desperdicios para venderlos, muchos eran víctimas de la trata y eran obligados a prostituirse por las mafias.
»Él les sacaba de allí y les llevaba a un hogar en el que eran atendidos y cuidados, recibían educación y todo el día giraba en torno a Dios, juntos rezaban por la mañana y por la noche y tenían la Misa todos los días.
»Me impresionó como el padre Matthieu exponía el Santísimo en medio de los vertederos y los niños empezaban a acudir. A alguno le daría un patatús de verlo, diría que no es litúrgico. El padre Matthieu me dijo algo precioso: "Yo no sé llevar a estos niños a Dios… así que llevo a Dios a los niños". Eso es el cristianismo: hacer presente el amor de Dios allí donde alguien sufre.
-Esto tiene que ver con la vocación concreta. ¿Qué quiere Dios de mí? Sin duda mi bien y mi salvación y que ayude al bien y a la salvación de otros. La vocación es el camino que Dios me pone para ello. Pero escuchar la voz de Dios requiere hacer todo el camino previo de las meditaciones anteriores.
»Tener la experiencia de que Dios nos ha sacado del pozo, saber que en la vida no va a faltar la tentación, estar reconciliados de nuestros pecados con Dios y vivir del alimento que es la Eucaristía. Es entonces cuando podemos preguntar a Dios qué quiere de nosotros. La voluntad de Dios se descubre viviendo cerca de Él, en el trato con Él en la intimidad de la oración y en aprender a reconoce su voz en los hechos concretos de la vida.
-Cuando decimos "venga a nosotros tu Reino" pedimos que Dios reine de verdad en el corazón de cada persona. Jesús dijo que su reino no es de este mundo, que no está aquí o allí. Es un rey distinto que tiene por trono una cruz y por corona las espinas. Donde Dios reina hay verdad, justicia, misericordia y esperanza.
»El Reino empieza en el corazón, pero está llamado a transformar el mundo. Por eso esta petición va aquí, quien vive la vocación a la que Dios le llama hace presente el Reino de Dios, es sal y luz en medio de los que tiene alrededor.
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-Ser sal y luz no significa diluirse, sino dar sabor y claridad. Seguro que hay buena intención, pero me temo que esa interpretación de diluirse en el entorno puede hacer que el evangelizador pierda la fe y el entorno lo "evangelice" a él.
»Cuando esto ocurre vemos que avanza la secularización y la descristianización. De aquellos polvos vienen estos lodos. Cuando el cristiano se mimetiza completamente con el mundo deja de ser sal. La fe no está para desaparecer, sino para iluminar y servir desde dentro de la sociedad.
-Eso es. Y así culmina todos en la alabanza. Lo dice San Ignacio de Loyola al comienzo de los Ejercicios Espirituales, es el principio y fundamento: "El hombre es creado para alabar a Dios". Pero llegar a ello requiere hacer el camino anterior. El chico de la parábola del Hijo pródigo vivía con el Padre pero no le amaba de verdad, solo lo hizo después de haber recorrido el camino.
»Al hijo mayor le pasaba lo mismo solo que era más cumplidor y no se marchó, pero también él, sin necesidad de marcharse de la casa, tenía que hacer ese camino interior del que hemos hablado. "Santificado sea tu nombre" es reconocer quién es Dios y ponerlo en el centro. Es amarle no por lo que nos da sino por quién es Él.
-A mí me ha pasado. No hay que asustarse ni escandalizarse. Lo primero es pedir a otros que recen por tí, somos Iglesia, comunidad, tenemos hermanos, necesitamos hermanos. Lo segundo es recordar que cuando no tenemos fuerzas para rezar, basta con ponerse delante de Jesús en el sagrario. Basta decir "Señor, no puedo ni rezar, pero aquí estoy, tu conoces lo que hay en mi corazón. Líbrame del mal". Y eso ya es oración.