Religión en Libertad

Bari Weiss, la «progre» que se rebeló contra el servilismo de la prensa sistémica ante el wokismo

Se fue del New York Times, fundó The Free Press y ahora ha llegado a la CBS reprochando a muchos compañeros lo partidistas que son.

Bari Weiss, periodista de origen judío, bisexual y progresista, ha tenido la valentía de denunciar el servilismo de su profesión ante la ideología dominante.The Free Press (captura)

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Bari Weiss desafió la ortodoxia woke de "su" New York Times. Sacudió el coro unánime de la gran prensa lanzando The Free Press, un periódico dedicado a la verdad más que a una ideología. Ahora ha llegado a la cima del gigante CBS, lista para revolucionar la corriente dominante desde la fuente.

Mattia Ferraresi ha contado su trayectoria en Tempi:

En la primera reunión con los directivos editoriales de CBS News, la nueva directora, Bari Weiss, consiguió que todos enmudecieran con una simple pregunta: "¿Por qué el país piensa que sois partidistas?". Los responsables de las redacciones de una de las cadenas más importantes de Estados Unidos se miraron sin saber muy bien qué decir. Desde siempre, los periodistas que trabajan en las redacciones de programas legendarios como 60 Minutes están acostumbrados a considerarse seres imparciales, portadores de la verdad sin prejuicios evidentes, servidores cívicos que han hecho voto de objetividad. Justificar posibles parcialidades no es el tipo de actividad a la que están acostumbrados en el transcurso de sus carreras, presumiblemente largas y remuneradas. Debió de ser un shock o una ofensa mortal (o ambas cosas) escuchar que el país que eligió dos veces a Donald Trump para la Casa Blanca considerara que esta augusta cadena de televisión fundada en 1927 sea el vehículo de una ideología considerada lejana y elitista, si no abiertamente hostil, al sentido común del pueblo.

Por otra parte, Weiss llevaba al menos cinco años esperando para hacer esta pregunta. Y no como voz libre y molesta del periodismo independiente, sino como jefe de una organización que encarna el pensamiento del establishment y se sitúa en el centro del mainstream.

Regreso a la tierra

Weiss ha sido, y sigue siendo, la directora y alma de The Free Press, un proyecto online nacido en la plataforma Substack y que originalmente era un boletín informativo titulado Common Sense, en referencia al sentido común que fue después ampliamente explotado por la segunda campaña electoral de Trump. En cinco años, la combativa Weiss, junto con su esposa Nellie Bowles y su hermana Suzy Weiss, ambas periodistas, ha creado una realidad con más de cincuenta redactores y ha atraído a más de 1,7 millones de suscriptores, consolidándose como una voz importante en el periodismo estadounidense. Por eso, la CBS compró The Free Press por la monstruosa cifra de 150 millones de dólares, confiando a Weiss, de 41 años, la dirección del departamento de noticias, donde ahora coordina a unos 2500 empleados.

Para comprender el alcance de este acontecimiento hay que retroceder unos años. En mayo de 2020, Weiss dimitió del New York Times, donde había sido columnista durante tres años, afirmándose como una voz original frente al consenso cada vez más alineado que dominaba la página de comentarios. Weiss se marchó en abierta controversia con el clima ideológico que reinaba en la redacción e hizo pública su carta de dimisión, una acusación contra las asfixiantes normas de la opinión obligatoria, vigiladas por celosos guardianes vanguardistas o conformistas complacientes y autocensurados que, en los canales corporativos de Slack, la acusaban de ser demasiado de derechas, demasiado judía, demasiado poco fiel a los preceptos del MeToo y a las luchas por las minorías. Weiss, que se define a sí misma como centrista, escribió entonces que "ha surgido un nuevo consenso en la prensa, y quizás especialmente en este periódico: la verdad no es un proceso de descubrimiento colectivo, sino una ortodoxia que ya poseen unos pocos iluminados que tienen la tarea de informar a todos los demás". Esta actitud había convertido al periódico de los récords en "el periódico de los que viven en otra galaxia, en la que las preocupaciones están muy lejos de la vida de la mayoría de las personas".

Aquellas preguntas intolerables

El propio New York Times, al informar en sus páginas sobre la dimisión de Weiss, había aclarado cuál era su culpa a ojos de la redacción: Weiss "era conocida por cuestionar algunos aspectos de los movimientos por la justicia social que han cobrado fuerza en los últimos años. Criticó a una mujer que contó un encuentro desagradable con el cómico Aziz Ansari y puso en duda que las acusaciones de abuso sexual contra el juez del Tribunal Supremo Brett Kavanaugh debieran descalificarlo para ese cargo". Los dos artículos enlazados para mostrar la culpable insensibilidad de Weiss hacia las causas de la parte justa de la historia no contienen pruebas de las traiciones ideológicas descritas. Uno planteaba la pregunta de cuál era la frontera entre el acoso y una experiencia sexual desagradable en la que no se niega el consentimiento, sino que las cosas simplemente no corresponden a las expectativas de una de las personas involucradas, normalmente la mujer. Una pregunta hoy en día ampliamente reconocida como legítima; pero entonces era una herejía incluso sugerir que cualquier malestar femenino no fuera inmediatamente atribuible a un comportamiento masculino censurable y perseguible.

El otro artículo se limitaba a constatar que las acusaciones formuladas contra el futuro juez Kavanaugh por Christine Blasey Ford, que se remontaban a 36 años atrás y no estaban corroboradas por ninguna prueba salvo su propio testimonio, habían creado una situación en la que la ley no podía hacer gran cosa, al no haber más que la palabra de uno contra la del otro. Pero la cuestión era precisamente que la palabra de la presunta víctima debía, según los críticos de Weiss, ser suficiente para satisfacer las nuevas condiciones de un juicio justo.

Depuraciones y resistencia

En aquellos meses se estaba gestando la tormenta perfecta. En febrero, el productor cinematográfico Harvey Weinstein, el hombre en el centro del movimiento MeToo, fue condenado por abusos; en mayo, el afroamericano George Floyd fue asesinado por un policía blanco en Minneapolis, lo que catalizó las fuerzas de Black Lives Matter y las transformó en un movimiento social y cultural de enorme impacto. Era el momento de la cancelación sistemática de las opiniones divergentes, de señalar con el dedo a quienes se desviaban de la ortodoxia, de las batallas que todos estaban obligados a abrazar, so pena de exclusión social, vergüenza, pérdida del empleo o extrema dificultad para mantenerlo.

Poco después de la dimisión de Weiss, otro caso provocó un terremoto en el New York Times: un editorial del senador republicano Tom Cotton proponía enviar al ejército para sofocar las protestas que en muchas ciudades se habían convertido en revueltas permanentes, con saqueos, disturbios y la creación de focos de anarquía. La revuelta dentro de la redacción por el espacio concedido a esta idea (por otra parte, de nuevo actual) llevó al despido del editor jefe de la página de opinión, James Bennett, mientras que su segundo, Jim Dao, fue trasladado a la sección de noticias locales.

Cabe recordar que la página de opinión había publicado, muy recientemente, editoriales de Vladimir Putin y del líder talibán, entre muchos otros. Para dar una idea del clima que se respiraba entonces, Meghan Louttit, que sigue siendo una de las redactoras jefe del periódico, comentó lo siguiente en un chat interno: "La dimisión de James me hace sentir, en cierto modo, esperanzada", y añadió que el despido representaba un "primer paso". En definitiva, no era más que el comienzo de una revolución social, política y periodística. La victoria de Joe Biden en los meses siguientes certificaría el cambio de rumbo.

Después de cinco años y otra elección, más aplastante, de Trump, las cosas han vuelto a cambiar. Weiss escribió en su carta: "A medida que medios como el Times y otras instituciones periodísticas que en su día fueron grandes, traicionan sus estándares y pierden de vista sus principios, los estadounidenses tienen cada vez más hambre de noticias verificadas, opiniones animadas y debates sinceros. Hablo con estas personas todos los días". Y añadía: "Estados Unidos es un gran país que se merece un gran periódico". Weiss dejó el Times por una necesidad inevitable, obligada por circunstancias que le impedían quedarse, y fundó un periódico independiente en un momento de especial efervescencia de las voces periodísticas disidentes, facilitado por el crecimiento de Substack. Pero el objetivo de su dimisión de protesta no era salir de la corriente dominante para no volver jamás. Más bien era reconocer la necesidad de una renovación radical de las instituciones periodísticas tradicionales, una renovación que podría haber llegado gracias al éxito de medios como The Free Press, que salieron de su nicho para jugar en la liga de los grandes, modificándola inevitablemente.

La batalla más importante

Por eso es importante la llegada de Bari Weiss a la CBS: la valiente columnista que se marchó dando un portazo del periódico más importante de Estados Unidos, entra con alfombra roja en una de las cadenas de televisión más importantes de América, lugar de formación del pensamiento mainstream, aclamada porque supo hablar al país real mientras los viejos medios seguían dirigiéndose a una galaxia lejana.

Por supuesto, su contratación también debe leerse en el contexto de las relaciones de poder entre la administración Trump y los medios de comunicación, donde la primera utiliza de forma descarada y coercitiva sus poderes reguladores para inducir a los segundos a transformarse en formas apreciadas por el poder, pero Weiss nunca ha sido una propagandista MAGA [Make America Great Again]. Se ha limitado a hacer su trabajo de periodista, dando voz a puntos de vista que han hecho pensar y, en ocasiones, incluso enfadar a lectores de todo el espectro político. Desde lo alto de esa experiencia, ahora puede preguntar legítimamente a los periodistas de la CBS -e idealmente a todos los periodistas de las grandes instituciones- "¿por qué el país piensa que sois partidistas?".

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