Flores en el desierto: dos santas palestinas que siguen dejando huella porque su devoción crece
La historia de Santa María Alfonsina y Santa Mariam muestra cómo la gracia florece en lugares difíciles.

Las reliquias de Santa Mariam de Jesús Crucificado (Mariam Baouardy) y Santa María Alfonsina Ghattas, en una misa en Belén en el décimo aniversario de su canonización.
Tierra Santa (entendida en sentido amplio) ha sido siempre tierra de mártires, pero también de una santidad no martirial, como las dos monjas palestinas del siglo XIX cuya vida resume Andrea Galli en el nº 256 (diciembre de 2025) de Il Timone:

Mariam Baouardy (a la izquierda) y María Alfonsina Ghattas, dos santas palestinas cuya devoción crece en todo el mundo, no solo en Tierra Santa.
Flores en el desierto, dos santas palestinas
El libro de la santidad de la Iglesia solo incluye dos nombres originarios de Tierra Santa en la era moderna. Dos religiosas que tenían dones sobrenaturales especiales: sor Mariam Baouardy y sor Maríaa Alfonsina Ghattas, canonizadas juntas el 17 de mayo de 2015.
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Dos nuevas santas para Tierra Santa: «También los musulmanes y los hebreos pueden celebrarlo»
Joshua Lapide/AsiaNews
Santa Ghattas
Santa Ghattas (1843-1927), nacida en Jerusalén, fue fundadora de la Congregación de las Hermanas del Rosario y dedicó su vida a la educación de las jóvenes y a la difusión del culto a la Santísima Virgen.
Entre 1874 y 1880, cuando aún pertenecía a la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición y trabajaba como profesora y catequista en Belén, Beit Sahour y Jerusalén, tuvo varias apariciones de la Virgen, que le pidió que fundara un nuevo instituto con las características que luego asumió.
Santa Baouardy
Pero aún más sorprendente fue lo que vivió santa Baouardy (1846-1878), sor María de Jesús Crucificado -su nombre religioso- una figura que desde hace algunas décadas está gozando de una creciente popularidad en numerosos países: desde la India, donde se han publicado sus biografías en inglés y malayalam, hasta Francia, país al que estaba especialmente vinculada, pasando por Oriente Medio e incluso Italia, donde se reconoció su intercesión por una curación milagrosa en 2009 de un recién nacido de Augusta (Siracusa), Emanuele Lo Zito.
- Así fueron canonizadas en 2015 las dos monjas palestinas.
Nacida en Galilea en el seno de una familia árabe católica, su vida fue breve y estuvo marcada por continuas pruebas: huérfana desde los dos años, su tío, con quien creció, intentó concertar un matrimonio para ella cuando solo tenía 13 años, pero Mariam se opuso enérgicamente, declarando que solo quería pertenecer a Dios.
A los 18 años, un joven musulmán, que trabajaba con ella como sirviente en una rica familia de Alejandría (Egipto), intentó convertirla al islam y, ante su negativa, reaccionó violentamente y le cortó el cuello. Mariam fue dada por muerta, pero, según ella misma contó, una "misteriosa monja de azul" la devolvió a la vida y la curó.
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Tenía 13 años, le cortaron el cuello por no apostatar, una extraña mujer la cuidó... era la Virgen
C. Fernández / Cari Filii
Se convirtió en religiosa carmelita tras un intento fallido, por problemas de salud, de ingresar en las Hermanas de San José de la Aparición y llegó a fundar el Carmelo de Belén y el de Nazaret. Murió a los 32 años.
Sus compañeras presenciaron numerosos fenómenos inexplicables en sor Mariam, de los que dieron testimonio: llagas en las manos, los pies y el costado que se abrían y se cerraban; estados de éxtasis recurrentes; capacidad de intuir pensamientos ocultos y prever acontecimientos futuros de la comunidad; hematomas, desgarros en la ropa y otros signos de lucha "Los demonios me han golpeado toda la noche", dijo Mariam una mañana; episodios de levitación durante la oración y mucho más.
En este contexto asombroso, las hermanas siempre contaban que, durante los éxtasis, sor Mariam mencionaba a menudo la Tierra Santa y, a veces, Jerusalén, sufriendo por la falta de amor y unidad entre los hijos de esa tierra. Su tumba, en el Carmelo de Belén, es visitada por cristianos locales y peregrinos de diversas partes del mundo, que encienden velas y dejan peticiones de gracia. También muchos palestinos musulmanes acuden a rendirle homenaje, debido a su fama de taumaturga.