La historia de Heinrich Dalla Rosa, sacerdote en Austria, guillotinado en 1945 con 36 años
Bajo los nazis, un profesor se mofó de Cristo: un cura valiente fue a corregirle y le costó la vida

Heinrich Dalla Rosa, párroco, usaba la música y la montaña para evangelizar a jóvenes y adolescentes; fue ejecutado por los nazis en 1945
Entre las historias de sacerdotes ejecutados por los nazis, la de Heinrich Dalla Rosa es poco conocida. Fue guillotinado con 36 años en Viena, en enero de 1945. Unos profesores de su pueblo austriaco le denunciaron, porque les había dicho que Alemania perdería la guerra y les pedía que no hablaran contra Cristo y el cristianismo.
Al principio, el padre Heinrich pensó que simplemente pasaría un tiempo en prisión. Después, entendiendo que sería ejecutado, creció su unión espiritual con los mártires, con la Iglesia y con Cristo.
En Austria y en Italia sólo se mencionaba la historia de Dalla Rosa en algunos trabajos poco conocidos sobre la resistencia antinazi en Tirol del Sur (hoy territorio italiano). Quizá por efecto de la película Vida oculta, de 2019, sobre el beato mártir Franz Jagerstatter, también austriaco, se ha renovado el interés por su caso. En español lo cuenta la traducción del libro italiano de Francesco Comina, La espada y la cruz (San Pablo, 2025), que recoge historias inspiradoras de católicos que se opusieron al nazismo.
De cuidar cabras a sacar buenas notas en el seminario
Heinrich Dalla Rosa nació en Lana (Tirol del Sur, Italia), un valle rodeado de picos alpinos. Su familia emigró a Austria, a una zona rural. Dejó el colegio por los malos tratos de otros niños, y en casa realizaba manuales y trabajos en el campo. Pastoreó ovejas y cabras. Pero a los 16 años entró en un colegio de los misioneros verbitas de San Gabriel, en Mödling (a 14 km de Viena).
Después estudió en Viena en un instituto de la congregación Reina de los Apóstoles, fundada en esa ciudad en 1923, inspirada por el jesuita Antonio María Bodewig, quien había trabajado en misiones en la India. La rama masculina se disolvería en 1954, pero la femenina sigue trabajando en varios países, con unas 800 religiosas. Con estos religiosos se despertó en Heinrich el interés por el ecumenismo, la unidad de los cristianos y por llevar el Evangelio de distintas formas y estilos. El primer superior general de esta congregación, Theodor Innitzer, sería cardenal arzobispo de Viena y primado de Austria cuando Hitler se anexionó el país en 1938.
El joven Heinrich se graduó con excelentes notas en 1930. Después estudió en el seminario de Graz (Austria) hasta 1935, año en que fue ordenado. Tenía 26 años. En 1939, con Austria ya plenamente controlada por los nazis, fue nombrado párroco de Sankt Georgen im Schwarzwald, un pequeño pueblo de 300 habitantes a 1000 m de altura.
La guitarra y la conciencia de renovación
Fue asesinado con 36 años, y sus diez años de sacerdote los vivió con energía y pasión juvenil, trabajando mucho con niños y jóvenes. Le gustaba relacionarse con la gente. También le gustaba la liturgia, pero veía que la Iglesia, ya en los años 30, necesitaba reformas para conectar con el pueblo. Le fascinaba, además, el ecumenismo, el trato con otras denominaciones cristianas.
Con su guitarra y una hermosa voz animaba a jóvenes y adolescentes a participar en la iglesia y sus actividades. Le encantaba la montaña y a menudo organizaba excursiones, incluso difíciles, que llevaban por rutas complicadas a paisajes impresionantes.
Henrich no soportaba "la provocación continua y constante de los camisas pardas nazis, su deambular por los pueblos para controlar todo", explica el libro de Francesco Comina. Temía que le lavaran el cerebro a sus feligreses, especialmente a los niños.
El sacerdote cantaba canciones de amor y de paz con los niños y les daba clases de música con un armonio. En la sacristía enseñaba que la religión de Cristo pide amar a los demás, cuidar a los débiles y necesitados. El Evangelio era su libro de referencia, su lectura de cada noche antes de acostarse y lo contrastaba con las falsedades ideológicas del sistema nazi, que ensalzaba la fuerza y el desprecio al débil.
Hay que tener en cuenta que a partir de cierto momento, el régimen nazi prohibió que los profesores de la asignatura de religión en las escuelas fueran sacerdotes. La asignatura se mantenía, pero a cargo de profesores dóciles al Partido. Por su parte, los niños seguían acudiendo a las parroquias para catequesis. A menudo, en catequesis los curas les decían una cosa, y en el colegio, funcionarios ideologizados, les decían la contraria.

El sacerdote Heinrich Dalla Rosa -de pie, sin sombrero en el centro- en la última boda que ofició en 1944, semanas antes de ser apresado
Vigilado por la Gestapo
Austria, como Alemania, estaba llena de delatores y espías. La Gestapo muy pronto supo que el joven sacerdote no era entusiasta del régimen. El sistema nacionalsocialista era totalitario, buscaba un control total de las personas, y un joven sacerdote culto e influyente que debilitaba el control del régimen no era de su agrado.
El párroco se trataba con cierta frecuencia con el matrimonio Hladnig. Ambos eran maestros. Otto Hladnig lo era de música y llegó a ser el director de la escuela. Hladnig era una persona compleja: había empezado de joven una carrera eclesiástica, pero lo había dejado atraído por el nacionalismo austriaco, en un partido similar pero distinto al nazi. Tenía rencor contra la Iglesia, y le habían puesto a dar clases de Religión. Por un lado, la Gestapo también vigilaba a Hladnig; por otro lado, él crecía en su convicción nacionalsocialista y antirreligiosa. Al principio, Hladnig mantuvo la habitual oración con los niños en clase, pero la suspendió cuando el régimen prohibió orar en las escuelas.
En la Pascua de 1941, los ejércitos nazis celebraban la ocupación de Salónica, en Grecia. Hungría y Bulgaria se habían unido al Eje y estaban ocupando Yugoslavia. Nada parecía frenarles (ni EEUU ni la URSS estaban en la guerra aún). En un encuentro ese día, el padre Heinrich sorprendió a todos, en una reunión con los Hladnig y más personas, afirmando que no estaba seguro de que Alemania fuera a ganar la guerra.
Después pasó más de un año en que el sacerdote evitó conversaciones sobre el tema y controversias con adultos. A finales de diciembre de 1943 Hladnig, embebido de ideología anticristiana, la proclamaba a los niños durante la clase de religión. También lo hacía con adultos: dio una conferencia sobre el ejército alemán a un grupo de profesores y aprovechó para criticar con dureza a Cristo y el cristianismo.
Los niños que iban a la parroquia explicaron al sacerdote que el director Hladnig despreciaba la Iglesia y la religión.
El párroco decidió ir a la casa del matrimonio. El marido no estaba, estaba sólo su esposa, embarazada. Durante una larga conversación de dos horas explicó a la mujer que una actitud tan contraria contra el cristianismo podía volverse en su contra cuando los nazis ya no estuvieran en el poder.
Las autoridades nazis supieron de esa conversación, tomaron nota, y 2 meses, después en febrero de 1944, citaron a declarar al párroco. Él acudió, respondió a los jueces y volvió a casa sin que pesaran cargos contra él.

La Espada y la Cruz, historias de católicos que se opusieron a Hitler, en editorial San Pablo
Tras el atentado contra Hitler
Quizá la cosa no hubiera ido a más de no ser por los hechos del 20 de julio de 1944: ese día, un complot dirigido por el conde Claus Schenk von Stauffenberg fracasó en un intento de asesinar a Hitler. Como consecuencia, el régimen organizó una ola de persecución contra toda oposición y las autoridades recuperaron casos menores y apartados. Así, el 23 de agosto, seis meses después de haber declarado en comisaría, el padre Heinrich fue detenido en su rectoría y llevado a prisión
Al principio, el sacerdote escribió a sus padres con optimismo considerando que todo se basaba en un asunto irrelevante. "Una situación así puede ser de gran utilidad para un pastor en su experiencia de vida. En la celda somos 17 y esto es una pequeña comunidad donde puedo seguir desempeñando mis servicios como sacerdote", escribió animoso.
Al pasar los días, meditó sobre su amor por la Iglesia, que crecía. "Aquí se tiene un deseo aún más profundo de Iglesia, una institución necesaria, un polo que equilibra los tiempos cambiantes. Por supuesto tendrá que reformarse y adaptarse todavía mucho y comprender que las declaraciones teóricas no convencen a la gente. Solo la participación en la vida, el anclaje a la tierra y la Encarnación, crean un contacto inmediato con las personas en busca de esta ancla de salvación", escribió.
Un juicio farsa
Le llevaron a Viena y fue convocado a juicio el 23 de noviembre. El juez era uno de los más duros y arrogantes del Reich, representante del Consejo Judicial de Berlín, Paul Lämmle. Se desarrolló a puerta cerrada, aunque su abogado contó detalles.
Fue un juicio-farsa "especialmente cruento, como si el desenlace ya estuviera escrito con una espectacularización de la acusación", detalla el libro de Comina. El sacerdote llegó al tribunal encadenado como un criminal. Declararon como testigos el maestro de música, su esposa, el vicario parroquial y la hermana del sacerdote.
El veredicto dice: "En enero de 1943, Heinrich dalla Rosa, pastor de Estiria, instó a la esposa de un profesor, en avanzado estado de gestación, a disuadir a su marido de trabajar para el Partido Nazi, ya que ninguna persona inteligente creía ya en nuestra victoria y que se tomarían represalias contra su marido tras una guerra perdida. (…) Su llamado a Hladnig para que dejara de trabajar para el Partido Nazi (…) probablemente paralizaría el compromiso de los Hladnig y su confianza en la victoria final de las armas alemanas. Aceptó consciente y voluntariamente este peligroso efecto de sus discursos (…) Al mismo tiempo, a sabiendas, se ocupó de los asuntos de los enemigos del Reich en tiempos de guerra. Por lo tanto, es culpable del delito de socavar la moral militar (…) y de complicidad traicionera con el enemigo".
Fue condenado a morir guillotinado. La acusación de "sovacar la moral" o "desmoralizar" era el que rutinariamente se usaba para condenar a muerte a cualquier opositor al régimen (por ejemplo, a los jóvenes de la Rosa Blanca, o al beato padre Metzger).
Al salir de la sala, esposado, viendo a los Hladnig, les dijo: "¡Os perdono!". Y al vicario Pölzl y a los demás presentes (incluyendo Franz Draxler, enviado por el obispado) les dijo: "Si tengo que morir, sé que moriré por mi religión".
Sus palabras a la maestra, junto con su comentario anterior 2 años antes, y la denuncia de Hladnig, fue lo que causó su juicio y ejecución. Él había hablado sobre el fin de la guerra... pero también contra las palabras de Hladnig que se mofaban de Cristo y el cristianismo. Otto Hladnig, al final de la guerra, diría que se sentía culpable... pero que no se consideraba el único culpable.
Los últimos días
En la cárcel, con condena a muerte, escribió ya a sus padres poniéndose en manos de Dios. "Me siento orgulloso de correr la misma suerte de Cristo. Sé que estoy lleno de la más santa alegría. Como sacerdote, he sido despreciado y condenado. Nada mundano ni nada terrenal oprime mi mente. Estoy contento por haber sido marcado como testigo de Cristo. Me haría feliz por dentro saber que vosotros sois capaces de pensar en la eternidad tanto como la pienso y la imagino yo", escribió.
Incluso 3 días antes de la ejecución el cardenal Innitzer, de Viena, intentaba pedir la revisión del juicio o un aplazamiento, pero no tuvo éxito.
El día de su ejecución, el 24 de enero de 1945, Heinrich escribió a su hermana Elizabeth: "Me han dicho que no debería haber dejado que todo sucediera con tanta calma. Yo pienso que también es providencia de Dios. Estoy totalmente sujeto a la incomprensibilidad de Dios, o mejor dicho, estoy totalmente sujeto a su guía más misericordiosa".
Al salir de la celda, dijo a sus compañeros: "¡Saludad a mis montañas!" Comina escribe que se alejó cantando en su interior las canciones de alabanza que había enseñado a sus niños y adolescentes.
Antes de que cayera la cuchilla, aún proclamó en voz alta: "¡Viva el verdadero Rey, viva Cristo!" Era una forma de reclamar a Cristo frente al "Reich" falso del nazismo.

En noviembre de 2023 recordaron con un oficio especial a Heinrich Dalla Rosa en su parroquia
Tras su muerte
Ese día, 11 hombres y 3 mujeres fueron guillotinados por ese tribunal de Viena. Fueron arrojados a una fosa común sin identificar.
Tras la liberación de Austria, un sepulturero ayudó a localizar el cuerpo y, por petición de su madre y deseo del difunto, fue enterrado en 1946 en su parroquia de San Jorge.
Desde 1986, una placa conmemorativa en la iglesia de San Pedro en Lana (Tirol del Sur) recuerda a Heinrich Dalla Rosa. También le recuerda una web sobre resistentes al nazismo en Austria.
En 2010 se colocó una lápida en el atrio del Seminario de Graz (Austria) recordando a los sacerdotes perseguidos y ejecutados por los nazis. El obispo de Graz, Egon Kapellari, dijo en esa ocasión sobre los mártires: "No queremos ni debemos olvidarlos, pero la sociedad civil también debería hacerse responsable de su memoria porque vivieron y murieron por defender valores qué son parte fundamental de toda sociedad democrática: la honestidad y el coraje".
Historia
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Pablo J. Ginés