¿Cómo proclamar bien la Palabra de Dios en Misa? Aquí va un consejo rápido y fundamental

El lector tiene un papel muy importante en la Misa.
La proclamación de la Palabra de Dios es un elemento esencial de la liturgia de la misa. De ahí la importancia de que los lectores estén bien preparados para la misión a la que han sido encomendados. Sin embargo, no siempre el resultado es el mejor, pese a la buena voluntad de la persona que sube a leer.
Alejandro Pérez Verdugo es delegado de Liturgia de la diócesis de Lugo y ha organizado un curso diocesano de lectores sobre el que ha hablado con Antonio Moreno para los medios de comunicación de la Diócesis.
En primer lugar, explica la clara diferencia entre la proclamación de la Palabra de Dios y la lectura pública de otros textos. “En realidad, la lectura de la Palabra de Dios —como indica la propia pregunta— no es simplemente una lectura, sino una proclamación. El resto de lecturas públicas no son tanto una proclamación como sencillas lecturas en las que, además, no hay un verdadero interlocutor; se establece una relación entre quien lee y quien escucha. En cambio, en la proclamación de la Palabra de Dios intervienen tres realidades: la asamblea, Dios que habla a la asamblea y el lector que hace de intermediario. Se trata de una Palabra viva; por eso es una proclamación”, señala este sacerdote.
De este modo, Alejandro Pérez señala que la necesidad de formar bien a los lectores de las parroquias se fundamenta “en el servicio que supone la proclamación de la Palabra de Dios en la celebración litúrgica”, donde “resulta necesaria una buena capacitación de los lectores, para que esa Palabra llegue a todos y pueda realmente entrar en el corazón de quienes participan en las celebraciones”.
Hay elementos a mejorar en muchos lectores y estos cursos diocesanos pretenden ser una ayuda para que la celebración litúrgica pueda desarrollarse de la mejor forma posible.
“Existen fallos comunes en la proclamación de la Palabra de Dios: no finalizar adecuadamente la lectura; la falta de conocimiento bíblico de lo que se está leyendo; la ausencia de una oración previa sobre ese texto por parte del lector. También se observa, en ocasiones, falta de seguridad en la lectura: correr demasiado, ir excesivamente despacio, no respetar los puntos, no conocer la idiosincrasia del texto, porque no es lo mismo un texto narrativo que otro de carácter distinto”, añade.
Por último, ofrece un consejo rápido para proclamar bien las lecturas en Misa: “Hay uno fundamental: orar previamente esa Palabra. Es decir, tomar conciencia del texto que tenemos delante y preguntarnos qué nos ha querido decir el Señor, para poder después leerlo y proclamarlo adecuadamente en la asamblea litúrgica”.