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San Luis Beltrán: 500 años de un gran dominico español, poco conocido pero patrono de un gran país

Luis Beltrán, o Bertrán, evangelizó en América, defendió a los indios, sobrevivió a intentos de asesinato... Su figura al cumplir 500 años.

Frailes dominicos rezan en 2024 en un cementerio de dominicos en el continente americano; San Luis Beltrán les precedió hace 5 siglosthe cartiedas, flickr

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El 1 de enero de 1526 nació San Luis Bertrán, o Beltrán (se usan ambos apellidos), un santo español poco conocido, que nació y murió en la ciudad de Valencia. Se cumplen así 500 años de su nacimiento.

Fue un gran predicador de los dominicos. Es el único santo valenciano que es santo patrono de todo un país, en este caso de Colombia. Allí, como misionero, defendió la dignidad de los indígenas frente a los abusos.

Luis Bertrán Eixarch era hijo de Luis y Juana, nobles de gran fe. La plaza donde estaba su casa, en el centro de Valencia, junto a l’Almoina, lleva su nombre y la fuente está coronada por una pequeña imagen suya. En la fachada de la casa, y aunque está en estado de abandono, se recuerda con una inscripción que nació entre esas paredes.

Luis Bertrán: conexión con Vicente Ferrer, y dominico

Cerca, en la parroquia de San Esteban, se conserva la pila donde fue bautizado. Es la misma pila donde se bautizó 175 años antes San Vicente Ferrer, como recuerda una inscripción. De hecho, la madre de Luis era pariente del santo medieval, y su ejemplo siempre inspiró a Luis.

Recibió el hábito de dominico el 26 de agosto de 1544. En 1547 fue ordenado sacerdote y enviado a Llombay, en la Ribera Alta de Valencia, para intentar evangelizar a la población morisca. Precisamente en 1526, el año que nació Luis, tuvo lugar la última gran rebelión morisca de Valencia, la rebelión de Espadán, con 4.000 moriscos alzados en armas. 

Milagros en Albaida

En 1549 fue enviado al convento de Santa Ana de Albaida, zona en la que dejó una huella considerable. En la parroquia de la localidad se encuentra una estatua del santo y a los pies de esta el crucifijo ante el que rezaba y el reloj de arena que usaba en la oración. En los lunetos del templo, pintados en el siglo XX por José Segrelles (tío de los reconocidos ilustradores e historietistas Eustaquio y Vicente Segrelles), se recuerdan tres escenas de su paso por Santa Ana de Albaida:

  • cuando desde el púlpito predicó a los marqueses de Albaida, que se enemistaron con él;
  • cuando rezó haciendo la señal de la cruz ante un incendio en la montaña, que se apagó enseguida;
  • cuando un bandido le disparó, pero la bala se convirtió en un crucifijo.

San Luis Beltrán, pintado por Francisco de Zurbarán en 1640wikimedia commons

En América: indios y españoles le intentaron matar

En 1562, con 36 años, parte por iniciativa propia a América, a Nueva Granada (cubría la actual Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá) donde estará siete años como misionero. Actuó sobre todo tierra adentro de Cartagena de Indias, en Tubará, y en la zona montañosa de Santa Marta.

Con otros dominicos, fue uno de los promotores del Rosario en América. En 1568 fue elegido prior del convento de Santo Domingo en Santa Fe de Bogotá, pero por su mala salud un año después tuvo que volver a Valencia.

En América tanto los encomenderos españoles como algunos caciques indios le intentaron matar. Los encomenderos, porque defendía a los indios de abusos. Los caciques, porque con la evangelización reducía su poder sobre los indios pobres. Se cuenta que se salvó de estos intentos de asesinato gracias a milagros.

También se dice que aunque predicaba en castellano, cada grupo indígena lo entendía milagrosamente en su propio idioma, un ejemplo de "don de lenguas" o xenoglosia. Lo mismo se había dicho en el siglo XIV de San Vicente Ferrer, que predicaba en valenciano por la Península Ibérica y Francia, pero el valenciano y las lenguas romances se parecen y tienen la base del latín (y la gente más o menos ya sabía de qué predicaba el fraile), mientras que las lenguas y culturas indias en Nueva Granada no tenían relación alguna con la lengua y mensaje de Luis Beltrán.

En Valencia, mala salud, formador exigente

Regresó a Valencia en 1569 por su salud desastrosa. Ya siempre cojeó de una pierna, padecía miopía y cierta sordera, y se le veía escuálido. Se esforzó en implantar la reforma de observancia estricta entre los dominicos, con grandes éxitos entre sus discípulos.

En 1570 fue nombrado prior del convento de San Onofre en Museros (Valencia), y en 1573 fue encargado nuevamente del noviciado del Convento de Predicadores. El 15 de mayo de 1575 fue nombrado prior del Convento de Santo Domingo de Valencia y  después, de nuevo, maestro de novicios.

En la puerta de su celda colocó un rótulo con una frase de San Pablo: "Si tratase de agradar a los hombres no sería siervo de Jesucristo".

Fue siete veces maestro de novicios, y se volcó en ellos, en su formación intelectual exigente y acompañamiento espiritual. Era a la vez recio, austero, penitente y contemplativo, con un poso de dulzura tras su seriedad. Destacan sus sermones y una reflexión de corte espiritual sobre el amor de Dios.

Mantuvo relación de amistad cercana con San Juan de Ribera (1532-1611), que fue arzobispo de Valencia en los últimos años de vida del dominico. También mantuvo correspondencia con Santa Teresa de Jesús: él la animaba a perseverar en la reforma del Carmelo.

Falleció el 9 de octubre de 1581. Parece ser que había profetizado la fecha de su muerte, y el lugar: su celda del Hospital de Pobres Sacerdotes. Es probable que San Juan de Ribera le acompañara en sus últimos momentos.

San Luis Beltrán: cuerpo incorrupto, pero quemado por anticlericales

Fue beatificado en 1608 por Pablo V y canonizado en 1671 por Clemente X. Los testimonios de su proceso se conservan en el archivo del Convento de Predicadores de Valencia. Fue declarado por el papa Alejandro VIII patrón de Colombia. En ese país colegios y parroquias hoy llevan su nombre. También una provincia de los dominicos tiene como titular al santo valenciano.

Su cuerpo incorrupto fue venerado durante siglos en el convento valenciano de Dominicos y tras la desamortización, en la parroquia de San Esteban. Pero en 1936 los milicianos anticlericales lo sacaron a la calle y lo quemaron por completo, con el habitual escarnio de estos casos.

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