Jueves, 21 de enero de 2021

Religión en Libertad

Numerosos mártires pudieron confesarse con clérigos compañeros de checa antes de ser asesinados

César Alcalá documenta las checas republicanas, centros de tortura... pero lugar de fe para muchos

Escena de Bajo un manto de estrellas
Escena de la película «Bajo un Manto de Estrellas»: los dominicos mártires de Almagro esperan su hora, una pequeña luz de fe y amor en el mar sangre y asesinatos.

P.J.Ginés/ReL

El historiador César Alcalá, después de sus libros sobre las chekas catalanas, las de Madrid y las de Valencia, publica ahora una visión amplia, completa y detallada de las chekas y su contexto general en el territorio republicano durante la Guerra Civil. Es el libro Checas, las prisiones republicanas (LibrosLibres). Describe su origen, propósito, tipo de torturas y organizaciones que las usaban.

Las chekas, recuerda el autor, no eran sólo lugares para retener prisioneros, sino también centros de tortura. La palabra viene de las iniciales CH y K, del ruso CHrezvichàinaya Komissia, que se refieren a la "Comisión Extraordinaria para la supresión de la contrarrevolución" creada por los bolcheviques en 1917, predecesora de la OGPV, NKVD y KGB. Como se deduce, al ser una entidad "extraordinaria", puede hacer de todo sin rendir cuentas a casi nadie, que es lo que en realidad sucedía.

portada de chekas las prisiones republicanas libro de César Alcalá

Chekas, las prisiones republicanas, se puede adquirir en librerías o aquí en OcioHispano

En las chekas republicanas se torturó a españoles de todas las clases sociales por ser católicos, o conservadores, o de derechas, o simplemente porque algún miliciano lo trajo al lugar. De hecho, no sólo se torturó a españoles conservadores: las checas del SIM en Cataluña, ligadas al Partido Comunista y a Stalin, también torturaron a anarquistas y trostkistas y otros militantes de izquierdas.

Los que tenían checas, hoy tienen diputados y gobiernos

Hubo unas 400 chekas entre Madrid, Barcelona y la Comunidad Valenciana. Tuvieron chekas y las usaron para torturar partidos que en el siglo XXI tienen diputados en el Parlamento español y en los parlamentos autonómicos, como el Partido Comunista de España, Esquerra Republicana de Catalunya, el Partido Nacionalista Vasco y el mismísimo Partido Socialista Obrero Español, hoy en el Gobierno.

También abrieron sus chekas los anarquistas de la CNT y la FAI, las Juventudes Libertarias, el Sindicato de Transporte, el PSUC (socialistas catalanes), el sindicato UGT y los trostkistas del POUM. En todas ellas se encerraba a detenidos sin ninguna acusación concreta ni juicio alguno.

Se calcula que 12.000 personas fueron torturadas en las chekas. La mayoría fueron después asesinadas. Muchos cuerpos no aparecieron o no se identificaron. Por supuesto, también hubo muchos detenidos y fusilados o asesinados sin pasar por tortura. Respecto a las víctimas, en Madrid se contabilizaron 10.000 personas asesinadas; en la Comunidad Valenciana, 6.118, y en Cataluña, 8.353, "aunque con toda probabilidad llegaron a las 12.000", detalla César Alcalá.

El libro cuenta hasta 92 chekas del PSOE y otros grupos socialistas en Madrid y Barcelona; 6 chekas del sindicato UGT en Madrid; la famosa cheka de Esquerra Republicana en el colegio confiscado a los paúles en la calle Carolinas, 18, de Barcelona; Estat Català, el partido fundado por Macià, tenía una checa en Rambla de Cataluña, 26. El Partido Nacionalista Vasco incluso abrió su propia checa en Madrid, en la calle San Jerónimo 32, porque "cualquier partido que se apreciara debía poseer una en Madrid", dice el autor.

Película de postguerra del premiado cineasta Edgar Neville, con imágenes de la checa del SIM en la calle Vallmajor de Barcelona; es famosa por sus celdas de torturas psicodélicas, con extraños colores y dibujos (a partir del minuto 3:40)



Las creó el Gobierno republicano, el director general de Seguridad

Las chekas españolas nacen en agosto de 1936 cuando el diputado de Izquierda Republicana y director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, en una reunión con miembros de todas las entidades del Frente Popular (partidos y sindicatos) acuerda crear un "Comité Provincial de Investigación Pública" para realizar la represión, sin limitaciones ni formalidades.

Luego llegaría la especialización de parte de asesores soviéticos. El general soviético Alexander Orlov fue el encargado de asesorar técnicamente a los responsables de las chekas comunistas, utilizando los mismos métodos de tortura que ya había usado la NKVD rusa.

Documento ruso con foto de 1931 del espía soviético Alexander Orlov

Orlov era el jefe de los asesores, agentes, espías y torturadores de Stalin en España

El libro enumera más de 30 tipos de tortura y los detalla.

Hubo torturas sádicas, metódicas y experimentales en chekas de distintas formaciones. El principal objetivo era generar terror en la retaguardia.

La psicología de los torturadores

Había torturadores sádicos que habían estado previamente en prisión, psicópatas sin empatía reclutados para ello. Pero también había muchos otros hombres que aprendieron a torturar, participar y colaborar, simplemente, trabajando con estos y aprendiendo de ellos. Se acostumbraban e insensibilizaban. Pensaban que la revolución (anarquista, stalinista, trostkista, independentista, cada uno la suya...) lo merecía.

El autor cree que parte del sadismo se debía a que los verdugos sentían gran frustración al ver que se alejaba la posibilidad de lograr sus objetivos (crear un Estado anarquista en Cataluña, o una España satélite de la URSS).

También cree que muchos verdugos y torturadores que aparentaban ser fríos y distantes en realidad estaban heridos por ansiedad y varias perturbaciones psíquico-emocionales: de la frustración a la agresión, y de la agresión a la frustración. Causar dolor les producía gratificación.

"Otros síntomas implícitos en los miembros del anarquismo y del SIM fueron el nihilismo -la vida carece de significado objetivo, propósito o valor intrínseco-, hedonismo -el placer como el fin de la vida- y la anomía -la falta de normas", detalla el autor.

Una fábrica de mártires y de beatos admirables

Desde un punto de vista sobrenatural, las checas eran una especie de trampolín hacia al Cielo por la vía del martirio y de la confesión. Sobre todo en el primer año de desmanes, los sacerdotes y religiosos eran atrapados y encerrados con otros presos, y podían confesarlos y absolverlos antes de que los mataran a todos, aunque los verdugos casi nunca decían con claridad y anterioridad que iban a matarlos. Solían hablar de "un traslado", hacían subir a las víctimas a un vehículo y en un cementerio o un lugar escogido los asesinaban.

En la calle Marqués de Riscal nº 1 de Madrid, de milicias del Circulo Socialista del Sur, con colaboración de Izquierda Republicana, además de torturar y asesinar, se especializaron en atacar centros de culto y robar objetos litúrgicos de valor.

Torturaban a las personas de entornos católicos esperando que revelaran donde guardaban dinero u objetos de sus conventos o parroquias.

Allí torturaron a la beata y mártir carmelita María Sagrario de San Luis Gonzaga (Elvira Moragas Cantarero), que había sido la primera mujer de España que se licenció en Farmacia (en 1905). Primero unos milicianos dispararon y trataron de quemar su convento. Luego agentes del gobierno detuvieron a las monjas y las llevaron a la Dirección General de Seguridad. Pronto las soltaron. Entonces vinieron los socialistas de Marqués de Riscal a detenerlas y torturarlas en su cheka.

icono de la beata mártir carmelita farmacéutica Elvira Moragas

Retrato idealizado de la beata mártir,con símbolos farmacéuticos

A esta beata farmacéutica y carmelita la llevaron de madrugada a la Pradera de San Isidro (donde dicha checa solía hacer sus ejecuciones) donde la mataron a tiros y la dejaron sin sepultar. El 10 de mayo de 1998, el Papa Juan Pablo II beatificó a la antigua farmacéutica como mártir, junto con la Madre Maravillas de Jesús.

Un ingeniero que sobrevivió a la detención y fusilamiento

En Marqués de Riscal también estuvo detenido el beato mártir sacerdote capuchino Gregorio de La Mata (en el siglo, Quirino Díez Blanco). Llevaba un par de días detenido pero sus documentos decían que era un trabajador del campo y estaban a punto de soltarlo. Sin embargo, alguien lo reconoció, con su nombre y su ocupación de clérigo. A partir de ahí ya supo que lo matarían, y así lo decía a sus compañeros de celda. Uno de ellos, el ingeniero Alfredo Fernández Langa, sobrevivió para contar los detalles por escrito y con firma, en 1953.  

estampita del beato mártir capuchino Gregorio de la Mata, Quirino Díez

"Estoy convencido y pudo asegurar firmemente, sin temor a equivocarme, que la persecución de aquellos malvados era más por los religiosos que por los políticos, pues el señor [Pablo] Cáceres, al entrar en la checa, valientemente dijo: 'si me detenéis por católico, ya me podéis dar cuatro tiros; pero si es por político, dejadme en libertad ahora mismo'. Y por la noche este señor nos hizo compañía en la excursión, muriendo asesinado por ser católico. En el mismo caso se encuentra el padre Gregorio, que de no haberse enterado de su profesión como religioso, lo hubieran puesto en la calle, como estuvo cerca de suceder, juzgándole yo verdadero mártir", escribió Fernández Langa.

Los milicianos llevaron al capuchino, a Fernández Langa, a Cáceres y otros compañeros de noche hacia el Hipódromo. En la camioneta el capuchino aprovechó para impartir la absolución a sus compañeros después de animarles -"con voz muy baja pero al mismo tiempo con gran entereza de ánimo"- a hacer "un acto de contrición lo más fervoroso posible; pidan a Dios perdón de todos sus pecados".

Después los hicieron bajar y alinear en un terraplén, "enfocándonos con los faros de la camioneta, diciéndonos enérgicamente que no volviéramos la cabeza, pues si lo hacíamos nos pegarían un tiro. En aquel preciso momento, volaron dos aviones. Su presencia desconcertó a los milicianos, quienes creyendo sin duda que era nacionales, llenos de pánico, dispararon los fusiles contra nosotros por la espalda y a muy corta distancia", detalla Fernández Langa. Por miedo a esos aviones, los milicianos huyeron precipitadamente "sin detenerse a dar el tiro de gracia". Fernández Langa tuvo la fortuna de caer sin heridas y poder contarlo todo después.

El libro de César Alcalá recoge varios testimonios de personas que pasaron por las chekas. Nosotros hemos contado los ejemplos de la beata María Sagrario y del beato Gregorio de la Mata en una checa madrileña socialista. Las historias de la maldad humana se entrelazan con el ejemplo de entereza, perdón y fe de los mártires. En la oscuridad, la luz brilla más fuerte.

'Chekas, las prisiones republicanas', se puede adquirir en librerías o aquí en OcioHispano

Vídeo de La Contra TV (para mayores de edad) sobre las torturas en las checas, a partir del libro de César Alcalá

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