El número total de milagros que hizo Jesús según la Biblia, uno a uno
Sanó enfermos, calmó tempestades y resucitó muertos. Estos son los 37 milagros que narran los Evangelios y que revelan quién era Cristo realmente.
El milagro de la multiplicación de los panes y los peces, según la serie The Chosen.
El de los milagros de Jesús en la Biblia es uno de los aspectos que más llama la atención entre fieles, curiosos e incluso escépticos. En la Suma Teológica, Santo Tomás los define como “las cosas que son hechas por Dios fuera del orden de las causas conocidas para nosotros”. Precisamente por ello escapan a toda explicación humana. Sin embargo, sí es posible conocer algunos aspectos que rodean a estos fenómenos, como el primer milagro que hizo Jesús, cuántos milagros hizo y cuáles fueron o qué enfermedades sanó, entre otras preguntas.
Para responderlas, ofrecemos una recopilación de todos los milagros realizados por Jesús y que son documentados en el Nuevo Testamento (no se relatan cronológicamente, sino por evangelistas, y la Biblia consultada es la Biblia Straubinger en Internet), en total son 37 milgragos:
1. Sanación de hemorroisa, Mateo 9: 20-21
Y he ahí que una mujer que padecía un flujo de sangre hacía doce años, se aproximó a Él por detrás y tocó la franja de su vestido. Porque ella se decía: “Con que toque solamente su vestido, quedaré sana”. Mas Jesús, volviéndose, la miro y dijo: “Confianza, hija, tu fe te ha sanado” . Y quedó sana desde aquella hora.
2. Jesús da vista a dos ciegos Mateo 9: 27-31
Cuando salía Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritando: “¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David [9953] !”. Y al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les dijo: “¿Creéis que puedo hacer eso?” Respondiéronle: “Sí, Señor”. Entonces les toco los ojos diciendo: “Os sea hecho según vuestra fe”. Y sus ojos se abrieron. Y Jesús les ordenó rigurosamente: “¡Mirad que nadie lo sepa!”.
3. La cananea: Mateo 15: 21-28
Partiendo de este lugar, se retiró Jesús a la región de Tiro y de Sidón. Y he ahí que una mujer cananea venida de ese territorio, dio voces diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio”. Pero Él no le respondió nada. Entonces los discípulos, acercándose, le rogaron: “Despídela, porque nos persigue con sus gritos”. Mas Él respondió y dijo: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Ella, no obstante, vino a prosternarse delante de Él y dijo: “¡Señor, socórreme!” Mas Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros”. Y ella dijo: “Sí, Señor, pero los perritos también comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”. Entonces Jesús respondiendo le dijo: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase como quieres”. Y su hija quedó sana, desde aquel momento.
4. Segunda multiplicación de los panes y los peces: Mateo 15: 32-38
Entonces, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima de estas gentes, porque hace ya tres días que no se apartan de Mí, y ya no tienen qué comer. No quiero despedirlas en ayunas, no sea que les falten las fuerzas en el camino”. Los discípulos le dijeron: “¿De dónde procurarnos en este desierto pan suficiente para saciar a una multitud como ésta?”. Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tenéis?” Respondieron: “Siete, y algunos pececillos”. Entonces mandó a la gente acomodarse en tierra. Luego tomó los siete panes y los peces, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos, y los discípulos a la gente. Y todos comieron y se saciaron, y levantaron lo sobrante de los pedazos, siete canastos llenos. Y los que comieron eran como cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños.
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5. El tributo del templo: Mateo 17: 24-27
Cuando llegaron a Cafarnaúm acercáronse a Pedro los que cobraban las didracmas y dijeron: “¿No paga vuestro Maestro las dos dracmas?” Respondió: “Sí”. Y cuando llegó a la casa, Jesús se anticipó a decirle: “Qué te parece, Simón: los reyes de la tierra ¿de quién cobran las tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?”. Respondió: “De los extraños”. Entonces Jesús le dijo: “Así, pues, libres son los hijos. Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar a echar el anzuelo, y el primer pez que suba, sácalo, y abriéndole la boca encontrarás un estatero. Tómalo y dáselo por Mí y por ti”.
6. La higuera estéril: Mateo 21: 18-22
Por la mañana, cuando volvía a la ciudad, tuvo hambre; y viendo una higuera junto al camino, se acerco a ella, mas no hallo en ella sino hojas. Entonces le dijo: “¡Nunca más nazca ya fruto de ti!” Y en seguida la higuera se secó. Viendo esto, los discípulos se maravillaron y dijeron: “¿Cómo al momento se secó la higuera?” Y Jesús les dijo: “En verdad, os digo, si tenéis fe, y no dudáis, no solamente haréis lo de la higuera, sino que si decís a esta montaña: “Quítate de ahí y échate al mar”, eso se hará. Y todo lo que pidiereis con fe, en la oración, lo obtendréis”.
7. El ciego de Betsaida: Marcos 8: 22-26
Fueron luego a Betsaida. Y le trajeron un ciego, rogándole que lo tocase. Y El, tomando de la mano al ciego, lo condujo fuera de la aldea, le escupió en los ojos, y le impuso las manos; después le preguntó: “¿Ves algo?” Él alzó los ojos y dijo: “Veo a los hombres; los veo como arboles que caminan”. Le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con fijeza y quedó curado, y veía todo claramente. Y lo envió de nuevo a su casa y le dijo: “Ni siquiera entres en la aldea”.
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8. El sordomudo: Marcos 7: 31-37
Al volver del territorio de Tiro, vino, por Sidón, hacia el mar de Galilea atravesando el territorio de la Decápolis. Le trajeron un sordo y tartamudo, rogándole que pusiese su mano sobre él. Mas Él, tomándolo aparte, separado de la turba, puso sus dedos en los oídos de él; escupió y tocóle la lengua. Después, levantando los ojos, al cielo, dio un gemido y le dijo: “Effathá”, es decir, “ábrete”. Y al punto sus oídos se abrieron, y la ligadura de su lengua se desató, y hablaba correctamente. Mas les mandó no decir nada a nadie; pero cuanto más lo prohibía, más lo proclamaban. Y en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo hizo bien: hace oír a los sordos, y hablar a los mudos”.
9. Expulsa a un demonio: Lucas 4: 33-35
Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y gritó con voz fuerte: “¡Ea! ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para perdernos? Ya sé quien eres Tú: el Santo de Dios”. Y Jesús le increpó diciendo: “¡Cállate y sal de él!” Y el demonio, salió de él, derribándolo al suelo en medio de ellos, aunque sin hacerle daño.
10. La pesca milagrosa: Lucas 5: 1-11
Y sucedió que la muchedumbre se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús de pie junto al lago de Genesaret. Y viendo dos barcas amarradas a la orilla del lago, cuyos pescadores habían descendido y lavaban sus redes, subió en una de aquéllas, la que era de Simón, y rogó a éste que la apartara un poco de la tierra. Y sentado, enseñaba a la muchedumbre desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar”. Respondióle Simón y dijo: “Maestro, toda la noche estuvimos bregando y no pescamos nada, pero, sobre tu palabra, echaré las redes”. Lo hicieron, y apresaron una gran cantidad de peces. Pero sus redes se rompían. Entonces hicieron señas a los compañeros, de la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Vinieron, y se llenaron ambas barcas, a tal punto que se hundían.
11. Sana a la suegra de Pedro y a muchos enfermos: Lucas 4: 38-41
Levantóse de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón padecía de una fiebre grande, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella increpó a la fiebre, y ésta la dejó. Al instante se levantó ella y se puso a atenderlos. A la puesta del sol, todos los que tenían enfermos, cualquiera que fuese su mal, se los trajeron, y Él imponía las manos sobre cada uno de ellos, y los sanaba. Salían también los demonios de muchos, gritando y diciendo: “;Tú eres el Hijo de Dios!” Y Él los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que Él era el Cristo
12. Curación del leproso: Lucas 5: 12-13
Encontrándose Él en cierta ciudad, presentóse un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús se postró rostro en tierra, y le hizo esta oración: “Señor, si Tú lo quieres, puedes limpiarme”. Alargando la mano, lo tocó y dijo: “Quiero; sé limpiado”. Y al punto se le fue la lepra.
13. Sana a la mujer enferma y resucita a la hija de Jairo: Lucas 8: 41- 48
A su regreso, Jesús fue recibido por la multitud, porque estaban todos esperándolo. He ahí que llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se echó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa; porque su hija única, como de doce años de edad, se moría. Mas yendo Él, la multitud lo sofocaba. Y sucedió que una mujer que padecía de un flujo de sangre, desde hacía doce años y que, después de haber gastado en médicos todo su sustento, no había podido ser curada por ninguno, se acercó por detrás y tocó la franja de su vestido, y al instante su flujo de sangre se paró. Jesús dijo: “¿Quién me tocó?” Como todos negaban, Pedro le dijo: “Maestro, es la gente que te estrecha y te aprieta”. Pero Jesús dijo: “Alguien me tocó, porque he sentido salir virtud de Mí”. Entonces, la mujer, viéndose descubierta, vino toda temblorosa a echarse a sus pies y declaró delante de todo el pueblo por qué motivo lo había tocado, y cómo había quedado sana de repente. Y Él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado, ve hacia la paz”.
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14. Resucita a la hija de Jairo: Lucas 8: 49-56
Cuando Él hablaba todavía, llegó uno de casa del jefe de la sinagoga a decirle: “Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro”. Oyendo Jesús, le dijo: “No temas; únicamente cree y sanará”. Llegado, después, a la casa, no dejo entrar a nadie consigo, excepto a Pedro, Juan y Santiago, y también al padre y a la madre de la niña [10472] . Todos lloraban y se lamentaban por ella. Mas Él dijo: “No lloréis; no ha muerto, sino que duerme”. Y se reían de Él, sabiendo que ella había muerto. Mas Él, tomándola de la mano, clamó diciendo: “Niña, despierta”. Y le volvió el espíritu, y al punto se levantó y Jesús mandó que le diesen de comer. Sus padres quedaron fuera de sí; y Él les encomendó que a nadie dijeran lo acontecido.
15. Curación de un paralítico: Lucas 5: 17-25
Un día estaba ocupado en enseñar, y unos fariseos y maestros de la Ley estaban ahí sentados, habiendo venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, así como de Jerusalén, y el poder del Señor le impelía a sanar. Y sucedió que unos hombres, que traían postrado sobre un lecho un paralítico, trataban de ponerlo dentro y colocarlo delante de Él. Y como no lograban introducirlo a causa de la apretura de gentes, subieron sobre el techo y por entre las tejas bajaron al enfermo, con la camilla, en medio (de todos), frente a Jesús. Viendo la fe de ellos, dijo: “Hombre, tus pecados te son perdonados”. Comenzaron entonces los escribas y los fariseos a pensar: “¿Quién es Éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Mas Jesús, conociendo bien los pensamientos de ellos, respondióles diciendo: “¿Qué estáis pensando en vuestro corazón? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y anda?” ¡Y bien! para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar pecados –dijo al paralitico– “A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y ve a tu casa”
16. Calmó la tempestad: Lucas 8: 22-25
Por aquellos días subió con sus discípulos en una barca, y les dijo: “Pasemos a la otra orilla del lago”, y partieron. Mientras navegaban, se durmió [10466] . Entonces un torbellino de viento cayó sobre el lago, y las aguas los iban cubriendo, y peligraban. Acercándose a Él, lo despertaron diciendo: “¡Maestro, Maestro, perecemos!” Despierto, Él increpó al viento y al oleaje, y cesaron, y hubo bonanza. Entonces les dijo: “¿Dónde está vuestra fe?” Y llenos de miedo y de admiración, se dijeron unos a otros: “¿Quién, pues, es Éste que manda a los vientos y al agua, y le obedecen?”
17. Sanación del hombre de la mano seca: Lucas 6: 6-10
Otro día sabático entró en la sinagoga para enseñar. Y había allí un hombre cuya mano derecha estaba seca. Los escribas y los fariseos lo acechaban, para ver si sanaría en sábado, y hallar así acusación contra Él. Pero Él conocía los pensamientos de ellos, y dijo al hombre, que tenía la mano seca: “¡Levántate y ponte de pie en medio!” Y éste se levantó y permaneció de pie. Entonces Jesús les dijo: “Os pregunto: ¿Es lícito, en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o dejarla perder?” Y habiéndolos mirado a todos en derredor, dijo al hombre: “Extiende tu mano”, y él lo hizo y su mano fue restablecida.
18. El poseso de Gergesa: Lucas 8: 26-33
Y abordaron en la tierra de los gergesenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. Cuando hubo descendido a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, que tenía demonios; hacía mucho tiempo que no llevaba ningún vestido, ni vivía en casa, sino en los sepulcros. Al ver a Jesús, dio gritos, postróse ante Él y dijo a gran voz: “¿Qué tenemos que ver yo y Tú, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes”. Y era que Él estaba mandando al espíritu inmundo que saliese del hombre. Porque hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; lo ataban con cadenas y lo sujetaban con grillos, pero él rompía sus ataduras, y el demonio lo empujaba al desdoblado. Y Jesús le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” Respondió: “Legión”; porque eran muchos los demonios que habían entrado en él. Y le suplicaron que no les mandase ir al abismo. Ahora bien, había allí una piara de muchos puercos que pacían sobre la montaña; le rogaron que les permitiese entrar en ellos, y se lo permitió. Entonces los demonios salieron del hombre y entraron en los puercos, y la piara se despeñó precipitadamente en el lago, y allí se ahogó
19. El niño epiléptico: Lucas 9: 38-43
Y he ahí que de entre la muchedumbre, un varón gritó diciendo: “Maestro, te ruego pongas tus ojos sobre mi hijo, porque es el único que tengo. Se apodera de él un espíritu, y al instante se pone a gritar; y lo retuerce en convulsiones hasta hacerle echar espumarajos, y a duras penas se aparta de él, dejándolo muy maltratado. Rogué a tus discípulos que lo echasen, y ellos no han podido”. Entonces Jesús respondió y dijo: “Oh, generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo estaré con vosotros y tendré que soportaron? Trae acá a tu hijo”. Aun no habla llegado éste a Jesús, cuando el demonio lo zamarreó y lo retorció en convulsiones. Mas Jesús increpó al espíritu impuro y sanó al niño, y lo devolvió a su padre. Y todos estaban maravillados de la grandeza de Dios.
20. La curación del siervo del centurión: Lucas 7: 1-10
Después que hubo acabado de decir al pueblo todas estas enseñanzas, volvió a entrar en Cafarnaúm. Y sucedió que un centurión tenía un servidor enfermo a punto de morir, y que le era de mucha estima. Habiendo oído hablar de Jesús, envió a Él a algunos ancianos de los judíos, para rogarle que viniese a sanara su servidor. Presentáronse ellos a Jesús, y le rogaron con insistencia, diciendo: “Merece que se lo concedas, porque quiere bien a nuestra nación, y él fue quien nos edificó la sinagoga”. Y Jesús se fue con ellos. No estaba ya lejos de la casa, cuando el centurión envió unos amigos para decirle: “Señor, no te des esta molestia, porque yo no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; por eso no me atreví a ir a Ti en persona: mas dilo con tu palabra, y sea sano mi criado. Pues también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Anda”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace”. Jesús al oírlo se admiró de él; y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: “Os digo que en Israel no hallé fe tan grande”. Y los enviados, de vuelta a la casa, hallaron sano al servidor.
21. Expulsión de un demonio: Lucas 11:14
Estaba Jesús echando un demonio, el cual era mudo. Cuando hubo salido el demonio, el mudo habló. Y las muchedumbres estaban maravilladas.
22. Resurrección del joven de Naím: Lucas 7: 11-15
Después se encaminó a una ciudad llamada Naím; iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre de pueblo. Al llegar a la puerta de la ciudad, he ahí que era llevado fuera un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda, y venía con ella mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor movido de misericordia hacia ella, le dijo: “No llores”. Y se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo: “Muchacho, Yo te digo: ¡Levántate!” Y el (que había estado) muerto se incorporó y se puso a hablar. Y lo devolvió a la madre.
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La Biblia no es «un libro»: habla «de cómo Dios entró en la historia de un pueblo y se hizo carne»
Luis Javier Moxó Soto
23. Sanación de siervo del Sumo sacerdote: Lucas 22: 50-51
Estaba todavía hablando, cuando llegó una tropa, y el que se llamaba Judas, uno de los Doce, iba a la cabeza de ellos, y se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” Los que estaban con Él, viendo lo que iba a suceder, le dijeron: “Señor, ¿golpearemos con la espada?” Y uno de ellos dio un golpe al siervo del sumo sacerdote, y le separó la oreja derecha. Jesús, empero, respondió y dijo: “Sufrid aún esto”; y tocando la oreja la sanó.
24. Sana a un hidrópico: Lucas 14: 1-6
Como Él hubiese ido a casa de un jefe de los fariseos, un día sabático a comer, ellos lo acechaban. Estaba allí, delante de Él un hombre hidrópico. Tomando la palabra, Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: “¿Es lícito curar, en día sabático, o no?” Pero ellos guardaron silencio. Tomándolo, entonces, de la mano, lo sanó y lo despidió. Y les dijo: “¿Quién hay de vosotros, que viendo a su hijo o su buey caído en un pozo, no lo saque pronto de allí, aun en día de sábado?”
25. Profetiza que Pedro lo negará: Lucas 22: 31-34
Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como se hace con el trigo. Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. Pedro le respondió: “Señor, yo estoy pronto para ir contigo a la cárcel y a la muerte”. Mas Él le dijo: “Yo te digo, Pedro, el gallo no cantará hoy, hasta que tres veces hayas negado conocerme”.
26. Sana a la mujer encorvada: Lucas 13: 11-13
Había allí una mujer que tenía desde hacía dieciocho años, un espíritu de enfermedad: estaba toda encorvada, y sin poder absolutamente enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: “Mujer, queda libre de tu enfermedad”. Y puso sobre ella sus manos, y al punto se enderezó y se puso a glorificar a Dios.
27. La sanación de los leprosos Lucas 17: 11-16
Siguiendo su camino hacia Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, diez hombres leprosos vinieron a su encuentro, los cuales se detuvieron a la distancia y, levantando la voz, clamaron: “Maestro Jesús, ten misericordia de nosotros”. Viéndolos, les dijo: “Id, mostraos a los sacerdotes”. Y mientras iban quedaron limpios. Uno de ellos, al ver que había sido sanado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y cayó sobre su rostro a los pies de Jesús dándole gracias, y éste era samaritano.
28. El ciego de Jericó: Lucas 18: 35-43
Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó que era eso. Le dijeron: “Jesús, el Nazareno pasa”. Y clamó diciendo: “Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!”. Los que iban delante, lo reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: “¡Hijo de David, apiádate de mí!” Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: “¿Qué deseas que te haga?” Dijo: “¡Señor, que reciba yo la vista!” Y Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado”.
29. Aparición en el Tiberíades y pesca milagrosa Juan 21: 1-11
Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos a la orilla del mar de Tiberíades. He aquí cómo: Simón Pedro, Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Caná de Galilea; los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos, se encontraban juntos. Simón Pedro les dijo: “Yo me voy a pescar”. Le dijeron: “Vamos nosotros también contigo”. Partieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya venía la mañana, Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tenéis algo para comer?” Le respondieron: “No”. Díjoles entonces: “Echad la red al lado derecho de la barca, y encontraréis”. La echaron, y ya no podían arrastrarla por la multitud de los peces. Entonces el discípulo, a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” Oyendo que era el Señor, Simón Pedro se ciñó la túnica –porque estaba desnudo– y se echó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, tirando de la red (llena) de peces, pues estaban sólo como a unos doscientos codos de la orilla. Al bajar a tierra, vieron brasas puestas, y un pescado encima, y pan. Jesús les dijo: “Traed de los peces que acabáis de pescar”. Entonces Simón Pedro subió (a la barca) y sacó a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; y a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
30. Resurrección de Lázaro: Juan 11: 38-44
Jesús de nuevo estremeciéndose en su espíritu, llegó a la tumba: era una cueva; y tenía una piedra puesta encima. Y dijo Jesús: “Levantad la piedra”. Marta, hermana del difunto, le observó: “Señor, hiede ya, porque es el cuarto día”. Repúsole Jesús: “¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?” Alzaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme oído. Bien sabía que siempre me oyes, mas lo dije por causa del pueblo que me rodea, para que crean que eres Tú quien me has enviado”. Cuando hubo hablado así, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!” Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desatadlo, y dejadlo ir”.
31. Sanación del paralítico de la piscina: Juan 5: 1-9
Después de esto llegó una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la (puerta) de las Ovejas una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. Allí estaban tendidos una cantidad de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, que aguardaban que el agua se agitase. Porque un ángel bajaba de tiempo en tiempo y agitaba el agua; y el primero que entraba después del movimiento del agua, quedaba sano de su mal, cualquiera que este fuese. Y estaba allí un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años. Jesús, viéndolo tendido y sabiendo que estaba enfermo hacía mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres ser sanado?” El enfermo le respondió: “Señor, yo no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita; mientras yo voy, otro baja antes que yo”. Díjole Jesús: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al punto quedó sanado, tomó su camilla, y se puso a andar.
32. Primera multiplicación de los panes y los peces: Juan 6: 5-13
Jesús, pues, levantando los ojos y viendo que venía hacia Él una gran multitud, dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para que éstos tengan qué comer?”. Decía esto para ponerlo a prueba, pues Él, por su parte, bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios de pan no les bastarían para que cada uno tuviera un poco”. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Pedro, le dijo: “Hay aquí un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente?” Mas Jesús dijo: “Haced que los hombres se sienten”. Había mucha hierba en aquel lugar. Se acomodaron, pues, los varones, en número como de cinco mil. Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían. Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: “Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda”. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes, que sobraron a los que habían comido.
33. Curación del hijo del cortesano: Juan 4: 46-54
Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir. Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”. Respondióle el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”. Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha. Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía. Preguntóles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”. Y el padre reconoció que ésta misma era la hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y creyó él, y toda su casa. Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.
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34. El Señor camina sobre las aguas: Juan 6: 19-21
Y después de haber avanzado veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús, que caminaba sobre el mar aproximándose a la barca, y se asustaron. Pero Él les dijo: “No tengáis miedo”. Entonces se decidieron a recibirlo en la barca, y en seguida la barca llegó a la orilla, adonde querían ir.
35. Sanación del ciego de nacimiento: Juan 9: 1-7
Al pasar vio a un hombre, ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Rabí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciese ciego?”. Jesús les respondió: “Ni él ni sus padres, sino que ello es para que las obras de Dios sean manifestadas en él. Es necesario que cumplamos las obras del que me envió, mientras es de día; viene la noche, en que ya nadie puede obrar. Mientras estoy en el mundo, soy luz de (este) mundo”. Habiendo dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y le untó los ojos con el barro. Después le dijo: “Ve a lavarte a la piscina del Siloé”, que se traduce “El Enviado”. Fue, pues, se lavó y volvió con vista.
36. Las bodas de Caná: Juan 2: 1-11
Al tercer día hubo unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Jesús también fue invitado a estas bodas, como asimismo sus discípulos. Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le dijo: “¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía”. Su madre dijo a los sirvientes: “Cualquier cosa que Él os diga, hacedla”. Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, que contenían cada una dos o tres metretas. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”; y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: “Ahora sacad y llevad al maestresala”; y le llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, cuya procedencia ignoraba –aunque la conocían los sirvientes que habían sacado el agua–, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el buen vino, y después, cuando han bebido bien, el menos bueno; pero tú has conservado el buen vino hasta este momento”. Tal fue el comienzo que dio Jesús a sus milagros, en Caná de Galilea; y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.
37. Resurrección y primeras apariciones: Juan 20: 1-14
El primer día de la semana, de madrugada, siendo todavía oscuro, María Magdalena llegó al sepulcro; y vio quitada la losa sepulcral. Corrió, entonces, a encontrar a Simón Pedro, y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto”. Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo, y se fueron al sepulcro. Corrían ambos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. E, inclinándose, vio las fajas puestas allí, pero no entró. Llegó luego Simón Pedro, que le seguía, entró en el sepulcro y vio las fajas puestas allí, y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, sino en lugar aparte, enrollado. Entonces, entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio, y creyó. Porque todavía no habían entendido la Escritura, de cómo Él debía resucitar de entre los muertos. Y los discípulos se volvieron a casa. Pero María se había quedado afuera, junto al sepulcro, y lloraba. Mientras lloraba, se inclinó al sepulcro, y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” Díjoles: “Porque han quitado a mi Señor, y yo no sé dónde lo han puesto”. Dicho esto se volvió y vio a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús.