Riky Maiky (23) llegó sin esperanza al Hogar Nazaret: hoy, como psicólogo, transforma vidas en Perú
También es vicepresidente del centro de acogida y rescate de menores, y testimonia el proceso de sanación que tiene lugar en la obra del padre Ignacio María Doñoro.

Riky Maiky, responsable de la clínica de psicológica y vicepresidente del Hogar Nazaret.
En los 15 años de andadura desde su fundación en 2011 en el Amazonas peruano, el Hogar Nazaret del padre Ignacio María Doñoro ha rescatado a más de 2.500 niños de una pobreza extrema que afecta desde lo moral y emocional hasta lo material. Uno de esos niños, hoy jóvenes, es Riky Maiky. Tras años viviendo en el Hogar, es hoy el vicepresidente de la Fundación, fomentando así la toma de decisiones y participación entre quienes más conocen la iniciativa.
Presentado en el sitio web de la Fundación Hogar Nazaret como su vicepresidente y neuropsicólogo, Maiky destaca también por ser el "hijo mayor" el Hogar Nazaret, con lo que conlleva eso de figura referencial.
Del vacío a la esperanza gracias al Hogar Nazaret
Su primer contacto con el Hogar Nazaret tuvo lugar durante la adolescencia, tras una infancia marcada por la carencia y las dificultades de una familia disfuncional.
Desde la misma juventud, Ricky vivía un vacío y tristeza que le hacía vivir sin rumbo. Fue entonces cuando, tras conocerle, el padre Ignacio comenzó a invitarle al Hogar, pero solo recibía negativas en respuesta.
En no pocas ocasiones, el padre Doñoro ha relatado que todo el miedo, el rencor, el rechazo o las dudas con el hogar cambian en cuanto se hace ver a los internos la caridad, el afecto, la cercanía. Y Ricky no fue una excepción. El día de su cumpleaños, el sacerdote se acercó y le regaló dos tartas. Era la primera vez en su vida que el joven podía celebrar su fiesta de ese modo, y el joven cuenta que, tras sentirse importante para otra persona, no pudo negarse a recibir ayuda y a ayudar.
Aquel fue el primer paso del joven hacia el Hogar Nazaret, donde su vida cambiaría para siempre, donde encontró en el sacerdote “un padre” y en el Hogar, otra familia. Padre, familia y hogar que no solo le devolvieron la esperanza, sino que, tras años de atención y acogida, terminaron por elevar y sanar a su familia.
“Fue un momento muy especial. Había perdido todas las esperanzas, tenía miedo y había renegado no solamente conmigo mismo, sino también con mi familia e incluso con Dios. Pero, en el fondo, sentía que era alguien especial para Dios, que algo iba a suceder”.
Hoy, el joven se ha convertido en un símbolo de éxito y esperanza al graduarse en Psicología, especializado en Neuropsicología Clínica en la Universidad Internacional de la Rioja.
Habla con Religión en Libertad sobre la realidad actual del Hogar Nazaret, su impacto sanador en niños y menores y las historias que mejor reflejan el proceso desde que se entra al Hogar hasta que, como él, se convierten en inspiración en eventos y entrevistas.
-No fue un momento espectacular. Al principio llegan con el corazón endurecido por el miedo, siempre en alerta. Eso se ve en la mirada y en el cuerpo. Con el tiempo, sin que ocurra nada extraordinario, empiezan a relajarse: te miran a los ojos, se dejan abrazar, hablan de cosas sencillas. Para un niño herido, eso es inmenso. Ahí comprendí que Dios actuaba de manera discreta, devolviendo la confianza poco a poco. En Hogar Nazaret no solo se ayuda a vivir: Dios comienza a sanar por dentro, como la Virgen María guarda y cuida la vida en silencio.
-Algo sencillo y exigente: que alguien se quede. Un niño no aprende a amar con discursos, sino comprobando que no será abandonado. En Nazaret encuentran una familia estable, una fe vivida en lo cotidiano y personas que permanecen. Descubren que su vida vale y que Dios no los ha olvidado. Cuando se sienten amados, el miedo pierde fuerza y nace el deseo de cuidar. Por eso Nazaret no depende de una persona concreta, sino de Dios y de una familia que permanece.
-Nada se improvisa porque cada niño es sagrado. Todo empieza creando seguridad: un lugar donde nadie hiere ni abandona. La rutina devuelve calma, los vínculos sostienen y, cuando el niño está preparado, se acompaña el dolor con respeto. Todo se confía a Dios y a la Virgen María, que sabe custodiar heridas sin forzar. El objetivo es devolver la dignidad y ayudar a descubrir que la historia no termina en el sufrimiento.
-Recuerdo a un joven que llegó lleno de rabia y sin confiar en nadie. El acompañamiento fue largo y difícil, pero alguien se quedó. Dios se quedó. Hoy cuida de los más pequeños con una delicadeza que conmueve. Ese cambio no lo produce una técnica, sino el encuentro con un amor que no abandona.
-Lo más duro es escuchar historias que muestran hasta dónde puede llegar la crueldad humana. Lo más hermoso es comprobar que esas heridas pueden sanar: ver a niños volver a confiar, a reír, a perdonar. Ahí se reconoce el paso de Dios.
Personajes
Padre Ignacio-María Doñoro: «Simulé ser un traficante y compré a aquel niño por 26 dólares»
Fran Otero/La Razón
-Que no ayuda a una institución abstracta, sino a la vida de un niño. A veces un gesto pequeño permite dormir en paz, ir al colegio o creer que su vida importa. Quien quiera conocer y colaborar puede hacerlo desde [el sitio de] Hogar Nazaret. Detrás de cada ayuda hay una vida real.
-Sembró una forma viva de ser Iglesia: hogar, presencia fiel y amor que permanece. Nos enseñó a cargar con la cruz del otro y a confiar esta obra a Dios y a la Virgen María. Esa semilla sigue dando fruto.
Cientos de niños salvados en Hogar Nazaret
Hogar Nazaret se define como una obra de apoyo especial a niñas y adolescentes que viven en la más extrema pobreza moral, emocional y material. Tras ser rescatados, allí encuentran una vida nueva, un entorno seguro y la posibilidad de estudiar y formarse hasta llegar a la universidad.
En la actualidad, Hogar Nazaret tiene seis proyectos activos que se desarrollan en dos espacios. La Casa para niños en Carhuapoma es un cortijo actualmente en ampliación que alberga a más de 130 niños y que se complementa con una escuela de fútbol y un huerto para prácticas agrícolas. La Casa para niñas en Bellavista, réplica de El Rocío (Almonte, Huelva) con las dos ermitas la original y el santuario actual, es el gran proyecto del Hogar Nazaret. En un entorno hostil, se apuesta por convertir a la mujer en agente de cambio en su entorno, atendiendo a más de 170 niñas. Entre su labor, destacan 6 proyectos:
- Autosostenibilidad
La Fundación Santa Teresa de Calcuta es una finca agraria y ganadera que nos ayuda a conseguir alimento de calidad para los niños y asegurar una fuente de fondos independiente.
- Educación
Contamos con dos colegios con residencia públicos de gestión privada uno para niñas y otro para niños. Intentando reconstruir a familias disfuncionales.
- Vivienda
Necesitamos terminar las obras y seguir gestionando nuestros hogares de acogida la “Casa de niñas Nuestra Señora del Rocío, Bellavista” y la “Casa de niños del Corazón Inmaculado de María, Carhuapoma”.
- Vida saludable
Escuelas de fútbol y vóley que sean capaces de darle un propósito, un lugar seguro y espacio social saludable a niños y adolescentes.
- Convenios
Una vez que ingresan en el Hogar, que es una familia para siempre, continúan sus estudios universitarios en: Francisco de Vitoria (Madrid), Universidad Internacional de la Rioja y la Sedes Sapientiae (Nueva Cajamarca, Perú).
- Salud mental
Convenio con la Clínica Emooti. Ofreciendo un tratamiento para trastornos con ansiedad, THD y otros problemas de salud mental. Brindamos apoyo a los niños y sus familias.
[Es posible formar parte de Hogar Nazaret y colaborar como rescatador, de forma puntual o recurrente, a través de su sitio web]