Los héroes de la Vendée
La Revolución intentó convertirlos en soldados a la fuerza, pero ellos se resistieron y combatieron fielmente por Dios y el Rey.

Combatientes vandeanos en 'Vencer o morir' (2022), una película impulsada por Puy du Fou.
Muchas personas habrán oído hablar de la Resistencia francesa, nombre con el que se denomina a diversas organizaciones clandestinas que lucharon contra los nazis durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Pocos, sin embargo, saben de otra “Resistencia” francesa, un siglo y medio anterior, en la que murieron en torno a 170.000 personas. Fue el alzamiento de la Vendée de 1793.
El alzamiento de los campesinos y del pueblo de la región de la Vendée en el oeste de Francia tuvo lugar durante el Terror que siguió a la Revolución Francesa de 1789, proto-comunista y anticristiana. La tiranía instituida por los revolucionarios se había intensificado con las masacres de septiembre de 1792, una matanza de los inocentes instigada por Georges Danton, el ministro de Justicia de la Revolución.
En un discurso, Danton sentenció a muerte a todos los enemigos de la Revolución:
- “Pedimos que todos los que rechacen servir [a la Revolución] o entregar sus armas sean castigados con la muerte”.

El conde de Chanteleine (Libros Libres), novela de Julio Verne sobre La Vendée.
A las dos horas del discurso de Danton comenzaron las matanzas. En dos días, más de mil personas fueron asesinadas. Muchos cientos más morirían en los siguientes dos días. Las victimas incluían mujeres y niños y alrededor de 250 sacerdotes. Esa era la “justicia” administrada por el ministro de Justicia de la Revolución. Tal era la locura de París.
Quinientos kilómetros al oeste, los católicos de la Vendée, conscientes de los horrores que estaban desatando los milicianos de la Revolución, se prepararon para responder valientemente a la amenaza para su Fe y su modo de vida.
Un ejemplo de la fidelidad de estos campesinos lo ofrece The Guillotine and the Cross [La guillotina y la cruz], una historia de la Revolución Francesa y sus secuelas escrita por Warren H. Carroll (1932-2011), quien es él mismo un héroe incógnito de la Cristiandad no solo por su importante trabajo como historiador sino como fundador y primer presidente del Christendom College, uno de los primeros de la nueva ola de colleges fieles creados en los años 1970 para resistir la marea creciente del modernismo en la educación católica.

Warren H. Carrol, 'La guillotina y la Cruz': una gran aproximación a la historia de la Revolución Francesa.
El doctor Carroll cuenta la inspiradora historia de la gente del pueblo de Saint-Hilaire-de-Mortagne y su resistencia pacífica pero tenaz a los decretos de la Revolución.
Antes de que su sacerdote fuese desterrado por su rechazo al exigido juramento de fidelidad a la Revolución, él les había dicho que seguiría ofreciendo la misa por su rebaño todos los domingos a la hora prevista, aunque no pudiese estar personalmente con ellos.
En la última misa que se le permitió celebrar en el pueblo, les dijo:
- “Hermanos míos, os voy a dejar; pero, vaya donde vaya, mi corazón estará con vosotros y rezará por vosotros. Todos los domingos, mientras me sea posible, diré misa por vosotros a la misma hora. Uníos a ella en vuestras intenciones y con vuestra oración”.
El doctor Carroll retoma esta historia:
- “A partir de ese momento, todos los domingos los fieles de la parroquia de Saint-Hilaire-de-Mortagne se encontrarían a las diez de la mañana para la 'misa invisible'.Cuando la iglesia parroquial fue cerrada y bloqueada para ellos, en su lugar ellos acudieron al cementario a esa misma hora. Preguntados por los hombres del gobierno qué estaban haciendo, el campesino Lumineau respondió en su nombre: 'Estamos en misa. Nuestro sacerdote nos prometdió cuando se fue que diría misa para nosotros todos los domingos allí donde estuviera'. '¡Imbéciles! -se burlaron-. Vuestro sacerdote está a un centenar de leguas de aquí, ¿y crees que estás asistiendo a misa?' 'La oración -respondió Lumineau amablemente- llega más lejos que un centenar de leguas… ¡asciende desde la tierra al cielo!'.
Tan pacífica protesta pacífica y una respuesta tan amable dejaron de ser posibles cuando el regimen secularista intentó el alistamiento obligado en el ejército revolucionario. No solo los católicos estaban siendo asesinados por la Revolución, ahora estaban siendo obligados a matar por ella.
El 12 de marzo de 1793, una delegación de oficiales del gobierno llegó a la pequeña ciudad de Saint-Florent-le-Vieil, a orillas del río Loira, protegida por la Guardia Nacional, para enrolar la fuerza a los hombres del pueblo en el ejército. La selección de reclutas se hizo por sorteo. Esto fue la gota que colmó el vaso para la enrabietada gente de la Vendée. Dos mil campesinos se congregaron en la plaza del pueblo armados con escopetas, garrotes, horcas y espadas hechas con hojas de guadaña.
Según el doctor Carroll, “estaban guiados por un carpintero, un carretero, un cartero, un sastre, un tonelero y sus hijos”. Cuando se llevó a cabo el primer sorteo, salió un disparo de la multitud, que mató a uno de los oficiales del gobierno. Los guardias nacionales respondieron disparando indiscriminadamente a la gente, matando a cuatro e hiriendo a cuarenta. Lejos de dispersarse por el pánico, los enrabietados paisanos atacaron a los guardias revolucionarios.
“¡Viva el rey!” y “¡Vivan los buenos sacerdotes!” fueron los gritos de batalla: “¡Larga vida al rey!” y “¡Larga vida a los buenos sacerdotes!”
Cultura
Lo espiritual, ¿cada vez «más patente» en Losantos? El padre Delgado aborda la polémica de La Vendée
José María Carrera Hurtado
El gran levantamiento de la Vendée había comenzado.
En unos días, el pueblo de la Vendée se había unido contra el enemigo común. La comunidad nobiliaria local se unió a la refriega luchando junto campesinos y ciudadanos. Formando lo que se conoció como el Ejército Católico y Real, los insurgentes ganaron un puñado de victorias en la primavera y veano de 1793, arrebatando el control de la región a los revolucionarios represivos.
Inevitablemente, sin embargo, el hegemón de múltiples cabezas de París respondió con una fuerza abrumadora. Un ejército revolucionario de casi 150.000 soldados bien armados fue enviado contra 80.000 vandeanos pobremente armados. Superados en número y armas, los heroicos campesinos y el pueblo de la Vendée acabaron sucumbiendo en la batalla. En torno a 30.000 soldados revolucionarios murieron en el alzamiento y al menos un número similar del Ejército Católico y Real.
Lo que siguió fue peor que cualquier batalla. Los revolucionarios comenzaron a matar a tandas de civiles inocentes que en lo que puede describirse mejor como un genocidio contra los católicos de la Vendée. Cuando la carnicería terminó, 170.000 habitantes de esta tierra de corazón católico en el oeste de Francia habían sido asesinados, mujeres y niños tanto como los hombres.
Uno de los mejores informes sobre los horrores que enmarcaron este tiempo, y ciertamente uno de los más detallados, lo ofrece Marie de Sainte-Hermine en un libro recientemente traducido por primera vez al inglés y publicado con el título Una familia de bandidos en 1793. Madame de Sainte-Hermine había sido una adolescente en tiempos del alzamiento y escribió el relato muchos años después como el de una abuela para sus nietos.

Marie de Sainte-Hérmine, 'Una familia de bandidos en 1793'
Como proclaman las notas de la traducción inglesa, la vieja señora “cuenta -como solo una abuela puede hacerlo- la historia de su noble familia y su lucha contra la tiranía de la Revolución… Las masacres y atrocidades de los revolucionarios, y la siniestra prisión de Nantes, donde la familia pagó el precio máximo”.
Para aportar tan detallado registro documental de este tiempo de santidad, heroísmo y horror, Madame de Sainte-Hermine es ella misma una heroína de los tiempos en los que vivió y sufrió.
Aunque los nombres de los líderes del alzamiento de la Vendée son honrados por los católicos de Francia, son ampliamente desconocidos en el mundo anglófono. ¿Quién, excepto los estudiosos del periodo, por ejemplo, ha oído hablar de Jacques Cathelineau, Maurice d’Elbée o Charles de Bonchamps?
Sin embargo, incluso los católicos franceses y los académicos más excepcionales ignoran los nombres de las decenas de miles de heroicos campesinos y otras pobres personas que sacrificaron sus vidas por su fe católica. Son esos carpinteros, carreteros, sastres, toneleros y sus hijos e hijas los auténticos héroes anónimos de la Vendée, como son también héroes anónimos de la Cristiandad.
- Publicado en Crisis Magazine.