Religión en Libertad

«Hoy es imposible defender valores cristianos sin Cristo»: Fabrice Hadjadj explica Incarnatus Est

ReL entrevista a Fabrice Hadjadj sobre esta academia cristiana, nuestra época, la piedad popular y el matrimonio.

Fabrice Hadjadj se ha instalado en España para impulsar Incarnatus Est, una academia cristiana para 40 jóvenes cada cursoLupe de la Vallina / EncuentroMadrid 2024

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El filósofo francés Fabrice Hadjadj, católico converso, padre de familia numerosa y antiguo miembro del Consejo Pontificio para los Laicos, es el director de Incarnatus Est, una academia que empieza sus clases en septiembre con un curso de 9 meses para unos 40 alumnos de 18 a 28 años, que convivirán creciendo en su vida intelectual, espiritual y comunitaria. Hadjadj durante 13 años dirigió el Instituto Philanthropos en Friburgo, Suiza. Ahora vive en Boadilla del Monte (Madrid) para volcarse en este proyecto. Ya se ha abierto su proceso de matriculación (en su web www.incarnatus.com).

"Podemos llamarlo formacion integral, o vida en comunidad con espiritualidad. Incarnatus Est: el nombre lo define. El Verbo se hizo carne. Es una escuela para responder, con inteligencia y fuerza, a un ambiente desencarnado", explica conversando con ReL.

Una época de gnosticismo materialista

Fabrice Hadjadj considera que afrontamos "una época de gnosticismo tecnológico, de materia sin forma. Una materia que, nos dicen, cada uno puede transformar según su capricho. Las antiguas herejías gnósticas, en los primeros siglos cristianos, eran espiritualistas. Pero hoy tenemos un gnosticismo materialista. El materialismo es sólo una idea, no es un contacto con la materia. De hecho, el materialismo acaba retrasando el contacto con la verdadera materia, la materia viva que toca el jardinero o el carpintero".

"La novedad hoy es que ese gnosticismo es materialista, no cree en el mundo espiritual. Pero la verdad es que hay chispas de luz ultraterrenas, la realidad no puedes reducirla a datos y cuando pierdes el espíritu, pierdes la materia. El hombre está en esa frontera entre lo visible y lo invisible, como portero de la Creación", añade.

Preguntado por el transhumanismo y la ideología trans, lo relaciona con ese contexto. "Hay resentimiento contra la carne, porque la carne muere. Incluso la especie puede desaparecer", apunta. "Es la desesperación respecto a la carne y el cuerpo, propia de la postmodernidad. Es la visión tecnocrática del mundo: pensar que el mundo son datos para recopilar y optimizar. Vivimos una ilusión sin ilusión", añade (en el sentido de un espejismo sin apasionamiento).

Un curso para crecer en comunidad

Incarnatus Est, dice, ofrece "un curso mas o menos clásico de humanidades, pero con seminarios más allá de las asignaturas clásicas. La sabiduría recibida del pasado la confrontaremos con los desafíos de nuestra época. No tiene mentalidad de alcázar asediado. La idea es mirar los signos de los tiempos, buscar todo lo bueno que hay en nuestra época, purificarlo y no evitar las cuestiones novedosas. Por ejemplo, hoy existe el riesgo de una destrucción total de la biosfera. También hay una mayor longevidad de los hombres, hay cambios por la tecnología... La naturaleza es hoy muy frágil, mientras que en la Edad Media era perdurable, sólida, siempre presente".

Incarnatus anima al joven a ser "un cristiano laico comprometido en los temas de nuestro tiempo. Es además una residencia, hay vida compartida entre los alumnos. El pensamiento se da en la vida cotidiana, lo que se aprende en el aula, se vive en las conversaciones diarias. Que haya conversaciones hondas. Eso es parte ordinaria de la vida del ser humano".

Fabrice Hadjadj en una de sus clases con adultos jóvenesincarnatus est

Una dimensión de artesanía manual

Incarnatus Est tiene también una parte artística y artesana. "Queremos recuperar el cuerpo, las manos, con una parte artística, con teatro, con canto, y también artesanía manual, jardinería, trabajar madera. El Verbo de Dios se hizo carpintero. Así mostramos que la materia es buena en sí misma. Lo nuestro es antignosticismo".

"El carpintero es la bisagra entre el trabajo con la tierra y los árboles y la artesanía con objetos, con una materia que viene de un ser vivo, el árbol. El carpintero prolonga el gesto del árbol, le hace fructificar aún más allá. Y recordemos que el primer mandamiento en el Edén es 'sed fecundos y fructificad'. También Jesús dice: 'La gloria de mi Padre es que deis fruto'".

Buscando los alumnos

Los alumnos sólo pueden ser 40 en cada promoción, para conservar las relaciones interpersonales. "Por mi experiencia en Filanthropos, en Suiza, si hay más de 40 es muy difícil que se conozcan verdaderamente entre ellos", explica Hadjadj.

Pero acceder a estos 9 meses tan especiales de formación tiene un coste: pueden ser más de 20.000 euros. Hay un programa de becas para alumnos muy motivados y sin dinero. 

"La motivación es lo que va primero. Un alumno sin dinero, con buen perfil y deseo verdadero de formarse, puede estar con nosotros. No confundamos Dios y Mammón. Las razones de dinero no deben descartar a un alumno", matiza Hadjadj.

El pensador francés cree que el perfil de alumnos que quizá encaje mejor es el de los que ya han tenido experiencia universitaria o los que ya han convivido con otros. Pero no sería el único. En cuanto a los intereses y vocaciones de los jóvenes, dice, "en cada promoción debemos reunir personas de un perfil distinto. La riqueza de los intercambios depende de sus trayectorias. ¡No es una secta, es un resumen del mundo! Habrá perfiles artísticos, pero también médicos, abogados, personas llamadas a la política, etc..."

Se trata de formar laicos, en su diversidad. "Son personas empeñadas en ser cristianas en un mundo profano, no sólo en lo devocional. Muchos separan la oficina, la Iglesia, la familia, con mirada fragmentada y esquizofrenia. Pero hay que estar en el mundo como cristianos, has de vivir la caridad y la verdad y las cuestiones profundas en tu oficina, como fuente de iniciativa y de esperanza. ¡Hay tanta desesperación en el mundo!"

¿Soldados o jardineros? Ambos, pero...

En la presentación del proyecto, Hadjadj dijo que se buscaba "formar jardineros de la cultura", más que soldados que la protejan (en el sentido de militancia, acción transformadora). Eso generó cierto debate. Los soldados también son necesarios. Incluso Jesús habla de la parábola de la viña, cuyo dueño la cercó y protegió contra los animales dañinos.

"No oponemos soldados a jardineros", matiza el filósofo. Hadjad responde que valora ambas cosas: el cultivar y el guardar. "Cuando Dios encargó al hombre atender el Jardín, usa los dos verbos, cultivar y guardar. Pero el soldado suele actuar con urgencia, no tiene tiempo para una escucha larga y profunda. Yo hablé de 'torear las ideas de nuestro siglo'. Es una lucha, sí, pero con elegancia, un baile, con aguante y temple. El aguante y temple a veces les falta a los soldados, por esa urgencia. Sí, dije que antes de formar soldados hay que formar jardineros, que primero hay que cultivar. Pero no excluimos la tarea del soldado".

Añade después: "La cultura no es para guardarla en un museo. La cultura es el cultivo permanente. Miremos lo que sucede en nuestro tiempo. Sí, cultivaremos la lectura de los clásicos, pero también hay que cultivar maravillas de nuestra época. Pensemos en el arte: Sara Baras, el Niño de Elche, ese cierto acontecimiento de Rosalía, películas como Los Domingos y As Bestias. Proponemos un despliegue que articule la tradición y la invención. Podemos retomar melodías gregorianas de forma nueva, a cuatro voces, en el canto litúrgico, eso es cultivar. Sí, tiene que haber soldados frente a la invasión bárbara, pero incluso cuando había invasiones bárbaras seguía habiendo monjes recopilando y copiando textos. Sin eso, la lucha no vale la pena.

La fuerza de la piedad popular

En España las cofradías y hermandades tienen más miembros que nunca, y no hay calles ni días para tantas procesiones. Jamás estuvo tan vivo este fenómeno y las devociones populares. Preguntamos por ello a Hadjadj, que aún no ha visto muchas de estas manifestaciones españolas.

"Vi la ofrenda de flores de la Virgen de los Desamparados en Valencia, con chicas llorando bajo la lluvia, se mezclaba el agua con las lágrimas", explica.

A Hadjadj le parece que distinguir entre "religión" y "religiosidad popular" tiene algo de menosprecio. "Religiosidad... y además 'popular'... yo prefiero hablar de piedad popular. Sí, es sentimental, pero no es superficial. No es por contentar a la abuela, es una herencia, que viene de la sangre y remite a los orígenes, a nuestros ancestros", explica.

"Es un logro, una victoria de la religión cristiana. Da a los pequeños, los no entendidos, los tesoros de la sabiduría. Un motivo importante de la Encarnación, dice Santo Tomás, fue 'para dar con certeza a los pobres y los simples y los sencillos el conocimiento que solo solían lograr los filósofos'. La sabiduría, con el Verbo encarnado que se hizo carpintero, se hizo popular'".

Existe, por supuesto, el peligro de la religiosidad mafiosa. Pone ejemplos que son, admite, casos límite: "Voy a procesiones con la familia, pero luego mato gente. Soy un narcotraficante, pero me tatúo a la Virgen de Guadalupe..."

Los cofrades ateos y participantes sin fe

Pero en España abundan los que participan en la procesión sin tener fe, planteamos.

"Esas personas creen que no creen. Pero ¿por qué vienen?", responde Hadjadj. "Cristo no es una opción, una posibilidad o sabiduría más entre tantas otras. Todo subsiste en Él, dice Colosenses. Incluso el ateo subsiste en Cristo. El ateo no admite eso, pero yo como cristiano debo ver al ateo como una palabra de Dios, y un amado de Dios, y mi hermano. Voy a luchar quizá con él, puede llegar a ser un verdadero enemigo, porque los enemigos existen. Pero sé que es un amado de Dios. La victoria no es matarlo, sino hacer que entienda lo que él es verdaderamente, en su esencia, una criatura amada de Dios".

Volviendo a la piedad popular, él valora que "incluso musulmanes, budistas, chamanistas... pueden ir a procesiones. Especialmente me impacta cuando se acercan a la Virgen María. ¡Ese fue mi caso! Yo empecé orando a María sin creer en Dios. ¿Es una contradicción? Sí, es corazón humano con sus contradicciones".

¿Y los coros de música clásica, docenas de cantantes cantando El Mesías y oratorios de Bach, pero pocos de ellos creyentes?, planteamos.

"El problema no es de los cantantes que no creen. Es nuestro. Ellos están en el punto de embarque, en el muelle, y nosotros, feligreses de parroquia, deberíamos estar en misión para encontrarlos, conocerlos, compartir el pan de la amistad, ayudar a que crezca esa semilla cultural, una semilla entre muchas zarzas. ¡Somos los jardineros! Es nuestra misión no dejarles en el muelle, sino organizar su viaje", responde el filósofo.

Hablar del matrimonio cristiano

Por último, hablamos del matrimonio y la fragilidad de las relaciones.

"En la modernidad, en el siglo XIX, aún creían en la razón. Auguste Comte, el padre del positivismo creía en el matrimonio monógamo e indisoluble, por la razón, por naturaleza humana. Pero en nuestra época postmoderna la gente ya no cree en la razón, ni en el progreso ni en cosas tan naturales como que el cuidado de los niños requiere la unidad de los padres", advierte Hadjadj.

Por eso, dice, "hoy es imposible defender valores cristianos sin Cristo. En la modernidad de antaño sí, ahora no. La modernidad robaba aspectos del cristianismo, usaba sus valores. Al menos, había un terreno común para conversar de valores. Pero ya no existe ese campo común. Hay una urgencia y emergencia: hablar de Cristo. Las cuestiones profundas del corazón humano conectan con Cristo".

La fe, aunque sea poca, puede cambiar mucho. "Incluso si tienes fe como un grano de mostaza se puede mover una montaña. Es imposible hablar de valores cristianos sin Cristo. Una Iglesia sin Cristo sería diabólica. Tenemos que anunciar la esperanza. Y anunciar que el matrimonio es como una plaza de toros, un lugar de combate. El matrimonio es bueno, y por eso es siempre atacado por las tinieblas. Es la cuna de la vida y el demonio no quiere la vida".

Y añade: "En una época postmoderna, empapada por la pesadilla del transhumanismo, el regreso a la bestia... ¿para qué tener hijos? Sin las expectativas políticas progresistas de antaño, no hay nada. La modernidad era natalista, la postmodernidad no. Así que hoy un matrimonio debe basarse en la esperanza, que es una virtud teologal".

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