Por qué el «giro católico» no sobrevivirá solo con cultura pop: la advertencia común de los expertos
Cada vez más voces autorizadas también demandan un «nuevo Renacimiento» de la Iglesia que exprese la belleza de la fe ante a un «feísmo» artístico estéril y sin resultados
"Hay pocas rutas mejores hacia la sublimidad que el arte combinado con la fe", asegura el afamado crítico e historiador del arte Bendor Grosvenor.
En el marco del -más o menos tímido- resurgir espiritual anunciado en los titulares durante las últimas semanas, muchos se preguntan el papel que tiene la cultura en este proceso. Especialmente con la influencia que han tenido iconos como Hakuna, Rosalía o Los domingos. Un papel que, según parecen advertir los intelectuales del arte y la filosofía, no podría explicar por sí mismo el renacer de la práctica o vivencia religiosa: para que este fenómeno se consolide, dicen, la cultura que lo fomenta debe de ser bella.
Precisamente en su carta de despedida del año 2025, el Arzobispo Emérito de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, recordaba tras citar a Dostoievski que el hombre está hecho para la belleza, por eso se conmueve ante la belleza de la realidad o del arte. Por ello, concluía, “la salvación es aceptar que Dios es la Belleza”.
El "Indiana Jones" del arte y la belleza cristiana
Tan solo unos días después, el aclamado historiador del arte Bendor Grosvenor parecía dar la razón al arzobispo al meditar en torno a lo que en España se ha llamado “giro católico”. Su voz, menos conocida en la órbita hispanohablante, es toda una autoridad en lo tocante al análisis e influencia social del arte. Como historiador del arte, ha desempeñado una auténtica labor de descubrimiento y rescate de icónicas obras de Van Dyck, Rubens o Tiziano, entre otros, pudiendo considerarse un “Indiana Jones” del arte. También ha llevado su visión a cadenas como la BBC.
En su última columna para The art newspaper, planteaba que precisamente el arte podría ser una de las grandes razones que explique la mayor religiosidad de la Generación Z, observando como la asistencia a la Iglesia entre jóvenes de 18 a 24 años haya aumentado a su juicio “notablemente”. Tanto es así que, según estudios, los católicos de la generación Z ya duplicarían a los anglicanos en la misma franja de edad.
Aludiendo a los informes elaborados por YouGov, Grosvenor aludía a ese “pequeño pero notable aumento” en la asistencia a la iglesia entre los jóvenes británicos, que se habría multiplicado por cuatro en los últimos diez años.
Lo que más llama la atención de Grosvenor no es tanto el número sino el destino de ese avivamiento espiritual, beneficiando claramente a la Iglesia católica y no al protestantismo. Y su tesis es que gran parte de todo ese proceso tiene que ver con el arte y la belleza del catolicismo desde sus mismos orígenes.
Tal y como explicó en su última intervención en la cadena Radio 4, la llegada del propio San Agustín a Canterbury en el año 597 con biblias ilustradas, utilizando explícitamente el arte religioso para convertir a los ingleses. Una práctica muy distinta a la de la Iglesia de Inglaterra, nacida tras la mal llamada Reforma, en torno al reformulado “segundo mandamiento”, basado en el libro del Éxodo y que prohibiría según algunas facciones protestantes tener imágenes talladas.
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Frente a esa ausencia de imágenes del mundo protestante, Grosvenor contrapone su experiencia en la Basílica de San Pedro, con la que sugiere el papel del arte en el llamado “avivamiento” o “giro católico”.
“A mi alrededor, la alegre multitud de turistas, peregrinos, monjas y sacerdotes que esperaban pacientemente mostraba a la Iglesia de Inglaterra lo que se perdía. Creyentes y no creyentes se sentían unidos en el asombro y la expectación. Para los primeros, estaba la tumba de San Pedro y la embriagadora presencia de Dios y los santos; para los segundos, Bernini, Rafael y Miguel Ángel. Hay pocas rutas mejores hacia la sublimidad que el arte combinado con la fe. La Iglesia Católica comprendió hace mucho tiempo el poder de la vista para abrir el alma”.
La restauración del arte traerá la restauración de la fe
Grosvenor es solo uno de los muchos nombres que creen que una restauración del arte católico tendrá como consecuencia una restauración de la fe.
Eduardo Pérez dal Lago es sacerdote, profesor de Teología, Filosofía y Arte y preside la Fundación La Santa Faz dedicada a redescubrir al mundo la belleza de Dios. Entrevistado por Religión en Libertad, el sacerdote, constata que “la Iglesia ha perdido la gran batalla de la cultura”, sin que ello le impida buscar posibilidades y formas de revertir dicha derrota. Especialmente la de crear una cultura que se adecue de una forma “recta y ordenada a la vida eterna y la salvación de los hombres”.
“La Iglesia debería expresar hoy la belleza de su fe en la arquitectura, pintura o literatura contemporáneas, [pero] no encuentra un recurso adecuado para expresarse. Por eso hay que restaurar la misma idea de arte, para que pueda hablar de la belleza de Dios y que sea trascendente sin estar mezclado con la fealdad”, subrayaba.
"Se supone que [el arte católico] debe parecer católico"
Lo propuesto por Pérez dal Lago es algo que comienza a verse en determinados ámbitos de Estados Unidos. Así lo aseguraba recientemente en Good Catholic el británico David Clayton, rector de la Universidad Pontifex, que habla convencido de los crecientes signos, artistas e iniciativas vinculadas a un renacimiento del arte sacro allá donde mire.
Una percepción compartida con Enzo Selvaggi, director creativo de Heritage Liturgical, que percibe “mucho movimiento y actividad con un enorme deseo de responder con belleza y sacralidad” a la actual “cultura de la destrucción”.
Hablando de las iglesias, cree que los artistas sacros están “reconstruyendo algo que estaba latente”.
“Llevamos al menos dos generaciones viviendo con cosas destruidas. No hemos visto construir iglesias hermosas”, señala.
Una de estas artistas es Cindi Duft, de Idaho, que considera una ventaja contar con la rica y larga historia de la Iglesia.
“En otros tipos de arte, lo importante es ser original; lo importante es el artista y lo que está comunicando. Con el arte sacro, pintas con un propósito, no para ti ni para que alguien te reconozca. No me importa si la gente reconoce que es mi arte. Ni siquiera firmo mis obras. Una de las ventajas del arte católico es que se pinta dentro de una tradición. Se supone que debe parecer católico”, observa la pintora.
Un renacimiento cultural netamente católico
Randall Smith, profesor de Teología en la Universidad de Houston, en Texas, constata que el “renacimiento” del arte católico existe, afecta a todos los campos y está nutriéndose de las nuevas generaciones.
Lo hacía en su escrito Renacimiento católico, donde extendía el fenómeno a la arquitectura, escultura, pintura, música, poesía o literatura, remarcando que los esquemas arquitectónicos y estéticos de las iglesias tradicionales están reemplazando la oleada de “feísmo” que inundó la arquitectura sacra durante décadas.
“¿Y quiénes están a la vanguardia de esta revolución contracultural? Los católicos. No la Iglesia católica ni las autoridades católicas. Me refiero a los católicos que han decidido que la verdad, bondad y belleza deben volver a ocupar un lugar destacado en nuestra cultura. ¿Dónde se enseña arquitectura clásica? En las escuelas católicas. ¿Dónde hay un número creciente de jóvenes aprendiendo polifonía y canto? En escuelas católicas. ¿Quién encargó y produjo el primer ballet clásico nuevo escrito en décadas, Rafaella ? Un católico. ¿Y quién escribió la partitura que lo acompaña? Un católico. Los católicos no son los únicos responsables, pero a menudo se les encuentra sospechosamente cerca”.
Desorientación artística: "¿Qué se quiere transmitir?"
Otros especialistas, constatando el fenómeno, alertan que de nada sirve tener el mejor producto si no se hace llegar a su destinatario. Es el caso de la profesora de historia del arte, ponente y escritora Elizabeth Lev, que se muestra segura de la posibilidad de un nuevo Renacimiento, pero también de una amenaza que plantea con una pregunta: ¿Qué queremos comunicar?
“El problema que encontramos hoy es este”, dijo en una de sus últimas conferencias. Contrariamente a otras épocas de esplendor, cuando el arte cristiano “sabía lo que quería decir y encontraba artistas que hallaron la forma de expresarlo, la gran pregunta hoy es: ¿Qué hacemos con el arte ahora? ¿Cuál es el mensaje más convincente sobre la fe que queremos transmitir y cómo logramos que los artistas lo representen?”.
De nuevo, también esta especialista acude a la importancia de la belleza agustiniana “siempre antigua y siempre nueva” frente al feísmo contemporáneo que ha marcado numerosas iglesias.
Elizabeth Lev es una historiadora de arte estadounidense, con títulos de la Universidad de Chicago y la Universidad de Bolonia. En la imagen, con el Papa Benedicto XVI.
“Lo que no creo que ayude es presentar algo feo. No creo que eso atraiga. No ayuda a nadie llegar al altar y pensar en lo horrible que es el mundo. Normalmente [entro a la iglesia] para alejarme de eso. Las obras de arte deben dejar en claro que los cristianos dieron lo mejor de sí y se sacrificaron por la gloria de Dios, como una forma de demostrar que lo toman en serio”, agregó.
Sin embargo, Lev advierte: la búsqueda de la belleza no está reñida con la creatividad. La clave está en el motor que anima su obra.
“Se debería invitar a los artistas a comprender: '¿Qué estás representando? ¿Qué estás haciendo?'”. Estás ayudando, acompañando, animando a las personas a pasar de ese exterior donde estamos rodeados de injusticia al lugar donde encontramos consuelo, esperanza, verdad y luz”, explica. “Y eso nos eleva”.