Viernes, 23 de agosto de 2019

Religión en Libertad

La lucha contra la Revolución Francesa

Cuando un europarlamentario sin complejos pone de moda a un héroe católico

Philippe de Villiers acaba de publicar una novela sobre el general Charette, jefe de la resistencia vandeana.

La captura de Charette, en un cuadro de Watteau.
La captura de Charette, en un cuadro de Watteau.
Philippe de Villiers, actualmente europarlamentario, ex presidente entre 1988 y 2010 del consejo general de La Vendée y antiguo candidato al Elíseo, es un apasionado de la resistencia católica contra la Revolución Francesa, que tuvo precisamente en la región que él presidió su foco de batalla principal. En efecto, los vandeanos se levantaron en masa contra los intentos de leva revolucionaria, combatieron en armas por Dios y por el Rey, y sufrieron el que se considera primer genocidio sistemático de la era moderna.

Philippe de Villiers.
De Villiers ha incluido esa gesta como uno de los espectáculos del parque temático de la civilización cristiana que creó en Puy de Fou, y ahora acaba de publicar una novela para reflejar la vida del gran héroe militar de la contrarrevolución: François-Athanase Charette de la Contrie (17631796), capturado con serveras heridas en la batalla de La Gouyonnière y fusilado poco después.

Cuando todo le sonreía... la gran decisión
Le roman de Charette [La novela de Charette] está en las librerías francesas desde el 3 de octubre de la mano de la prestigiosa editorial Albin Michel, y con este esfuerzo De Villiers acerca un poco más al gran público galo una figura incómoda en un país que todavía vive de la mitificación revolucionaria, a pesar de que, sobre todo a raíz del bicentenario en 1989, la cruda realidad histórica de la Revolución Francesa va saliendo cada vez más a la luz de la opinión pública.

Charette ingresó en la Marina Real a los catorce años, y en 1790, con sólo 27, ya contaba en su haber con catorce campañas combatidas. Tras contraer matrimonio ese año, le esperaba una brillante carrera militar, pero, como tantos otros en aquellos turbulentos años, tuvo que elegir entre servir al nuevo poder instalado en 1789, o permanecer fiel a sus lealtades originarias, realistas no menos que católicas.

François-Athanase Charette de la Contrie.
En 1792 ese partido estaba ya tomado, y el 10 de agosto, cuando el asalto a las Tullerías puso definitivamente fin a la monarquía, allí estuvo Charette prestando su espada a Luis XVI. Escapó de la masacre, y aunque fue detenido se le puso pronto en libertad. Y en 1793 este bretón de bravura y genio militar indudables se alzó con las guerrillas vandeanas para oponerse a la dictadura del Terror jacobino.

La batalla final
Los siguientes tres años los pasó en continuas hostilidades con las milicias republicanas y el ejército tricolor, hasta ir progresivamente ganando fama como uno de los principales líderes militares vandeanos. El futuro rey Luis XVIII le concedió el generalato en julio de 1795.

Pocos meses después se pone al frente de 15.000 hombres en una expedición a L´Île d´Yeu que, fallida porque no consigue unírseles el futuro rey Carlos X, va viendo mermadas sus fuerzas por las bajas y las deserciones, hasta quedar cercado.

Jamás una salida indigna
El Directorio revolucionario llegó a ofrecerle entonces una salida que le evitaría la muerte segura, y de paso libraba a la Revolución de un enemigo a quien no lograban derrotar: le prometieron un exilio cómodo en Inglaterra para él, su familia y un puñado de seguidores que llevase consigo, y un millón de francos.

"Estoy preparado para morir con las armas en la mano", respondió Charette, que sabía su derrota ya segura: "Pero no para huir y abandonar a mis compañeros de infortunio. No bastarían todos los tesoros de la República para conducir a mis bravos soldados a Inglaterra. Lejos de temer vuestras amenazas, saldré a buscaros a vuestro propio terreno".

La ejecución de Charette en Nantes.
La leyenda de Charette

Y así lo hizo el indómito guerrero católico. Atacó con sus setecientos hombres contra fuerzas mucho mayores, y en breve quedaron reducidos a cincuenta y, al final, a diez, hasta que él mismo cayó herido y fue capturado. Tras ser tratado brutalmente por los enemigos y arrastrado por los suelos, fue conducido a la cárcel. Era el 23 de marzo de 1796. Al cabo de seis días resultó condenado a muerte en juicio sumarísimo, y fusilado en la Plaza Viarme de Nantes.

Había nacido la leyenda, capaz de sobreponerse incluso, mal que bien, a la historiografía oficial republicana. Napoleón dijo de él que fue "un auténtico héroe": "Me causó la impresión de tener una verdadera grandeza de mente, y dio signos poco comunes de energía, audacia y chispas de genio".

De Villiers ha convertido su vida en una novela que popularizará para el gran público la decisión de Charette de poner, por encima de cualquier consideración de conveniencia, la fe en Cristo por la que lo sacrificó todo.
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