Domingo, 17 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Convincente comparación del padre Espinosa de los Monteros

«La misa es una cita», dice un sacerdote, y lo demuestra cotejando fases de una y partes de otra

Los frutos espirituales de la asistencia misa guardan proporción con la participación interior en ella, conscientes de su importancia.
Los frutos espirituales de la asistencia misa guardan proporción con la participación interior en ella, conscientes de su importancia.

ReL

Hoy es un hecho que la mayor parte de quienes se confiesan católicos no van a misa casi nunca. Y que tampoco muchos de quienes cumplen con el precepto dominical son conscientes de la importancia del acontecimiento al que asisten.

El padre Ángel Espinosa de los Monteros combate en sus predicaciones esa inconsciencia con una comparación tan efectista como eficaz para transmitir el mensaje: la misa "es una cita" y es, además, "la cita más importante". Solo con que acudiésemos a esa cita cumpliendo las normas que aplicamos de forma habitual a las citas de la vida mundana, ya se avanzaría mucho.

El padre Ángel Espinosa de los Monteros es mexicano y un predicador muy seguido en su país y en todo el mundo a través de internet.

En un vídeo que sintetiza esa idea (ver abajo), el padre Espinosa de los Monteros recuerda las fases de las que consta una cita de cierto relieve: revisarse para cerciorarse de que va uno correctamente ataviado, saludar, dialogar, intercambiar regalos, concretar el compromiso adquirido y despedirse. Desde un encuentro entre jefes de Estado a un paseo de novios, la mecánica es muy parecida

También en la misa, que es "lo más importante que te puede pasar en tu vida, el momento en que puedes recibir a Dios Nuestro Señor, a Jesús, llevártelo dentro de ti, hablar con Él personalmente... Si la misa es un encuentro con Jesús, la misa es una cita", recuerda el sacerdote: "Yo todos los días tengo una cita con Dios".

¿Cómo funcionan las citas importantes?

Te revisas

Lo primero antes de una cita importante es comprobar que uno va bien vestido y arreglado.

En la misa, es el momento en el que el oficiante nos pide que "reconozcamos nuestros pecados", y es donde muchos empiezan a perder el tiempo y se pierden la belleza de la misa, en vez de hacer exactamente eso: "Si tengo un pecado mortal, me tengo que confesar con un sacerdote, pero si tengo pecados veniales, bastaría con entrar en mi conciencia, reconocer 'Señor, te ofendí' y después declararlo a todos los hermanos con el Yo confieso, y entonces ya estoy justificado y puedo participar dignamente en estos misterios".

Saludas

El siguiente paso en una cita es decir algo agradable a quien nos recibe, alabar algo que ha hecho, preparar el momento del diálogo posterior.

En la misa, esa fase la ocuparía el Gloria: "¿Qué es el Gloria? Decirle a Dios Nuestro Señor cosas bonitas, que la Gloria es al Creador... Por eso ha que rezar o cantar el Gloria con todo el corazón".

Dialogas

A continuación, las personas que se han citado inician un diálogo en el que intercambian palabras.

"Una vez que he reconocido que yo soy miserable y que Dios es grande", llega el momento de hablar. "Las lecturas son un momento de auténtico diálogo con Dios", explica el padre Espinosa de los Monteros. Él habla con la primera lectura, respondemos con un salmo. Habla en la segunda, respondemos con el Aleluya. Para el Evangelio nos ponemos de pie porque entra Alguien: "El Evangelio no es un libro, es una persona, Jesús te habla cada vez que lees el Evangelio". Y si en las lecturas hablaba a través de la historia del pueblo de Israel, o de sus profetas, o de San Pablo y los apóstoles, ahora es Él mismo quien habla. Por tanto, "ha sido un diálogo", a misa "vienes a escuchar la Palabra de Dios": "¿Cómo voy a vivir esa Palabra si no la escuché?"

Intercambias regalos

Ya sean algunos presentes entre jefes de Estado, o una botella de vino que se lleva a una cena donde somos convidados, el final del diálogo va a acompañado de un intercambio de regalos.

¿Qué llevamos nosotros en la misa? "Agua, vino y pan, y cuando pasen la canastita", algo de dinero: "Solo Dios y tú saben cuánto puedes dar cada domingo. De lo que se trata es de que seas generoso con Dios, con las vocaciones, con el seminario, con la atención a tu parroquia, con la atención a los sacerdotes, a los apostolados..." Eso es lo que ponemos nosotros, pero ¿qué recibimos a cambio? "El Cuerpo, la Sangre y la Palabra de Dios. ¡Vaya diferencia! Nadie puede pagar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ni su palabra. Solo hay una manera de que lo que me llevo se parezca un poquito a lo que traje: que cuando el sacerdote eleva la patena y ofrece el pan, tú te ofrezcas también", y no solo no hacer el mal, sino hacer el bien y "hacer apostolado".

Te comprometes

En los últimos momentos de cualquier cita, se renuevan los compromisos adquiridos durante el diálogo.

En la misa, "Jesús se presenta en el altar para que yo pueda recibirlo. Cada misa es Viernes Santo. Lo que va a suceder en misa es lo que sucedió el Viernes Santo", aunque sea de forma incruenta. Jesús vuelve a ofrecerse: "Vuelvo a bajar al altar por mis hermanos", le dice al Padre, "para limpiarlos con mi sangre". Además, nuestros pecados no son como los de quienes mataron a Jesús (Él dijo "no saben lo que hacen"), porque nosotros tenemos detrás dos mil años de cristianismo y sí sabemos lo que hacemos: "Yo soy más pecador que ellos, yo necesito el perdón, el Cuerpo, la Sangre de Cristo para poder vivir una vida cristiana auténtica". Así que, después de comulgar, "¿cuál es mi compromiso? ¿Qué voy a hacer esta semana, este mes, este día?".

Te despides

Lo que empezó con un saludo en el encuentro entre dos personas, termina con un adiós.

¿Y en la misa? "El sacerdote nos bendice" pero... "la misa no ha terminado, ¡vayamos ahí fuera a vivir todo lo que hemos vivido acá dentro!"

El padre Espinosa de los Monteros concluye pidiendo "menos distracciones y menos preocupaciones, menos atención a las tonterías": "Ojalá cuando entraras en misa supieras que estás en una cita y todo lo demás se queda al lado para que goces de la presencia de Dios en su Palabra, en su Cuerpo y en su Sangre". Debemos ir a misa como si fuese "nuestra primera misa, nuestra última misa, nuestra única misa".

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