Lunes, 09 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Giuseppe Malerbi dejó sentir su influencia sobre el gran compositor italiano

Rossini, su maestro sacerdote y su muerte católica: «Que Tú seas bendecido y concédeme el Paraíso»

Philippe Noiret interpretó a Gioachino Rossini anciano en el biopic «¡Rossini! ¡Rossini!» (1991) de Mario Monicelli.
Philippe Noiret interpretó a Gioachino Rossini anciano en el biopic «¡Rossini! ¡Rossini!» (1991) de Mario Monicelli.

ReL

Aunque recibió una formación anticlerical, uno de los maestros de Gioacchino Rossini (1792-1868) fue un sacerdote con una influencia decisiva en su música y quizá también en su muerte católica. Lo cuenta Massimo Scapin en One Peter Five:

Massimo Scapin, compositor y pianista, estudió música en el conservatorio estatal de Perugia (Italia), dirección en el National College of Music de Londres y ciencias religiosas en la Pontificia Universidad Lateranense. Ha actuado en Europa, Japón, Kazajistán, Corea y Estados Unidos, es comentarista en la Radio Vaticana y director de música en la diócesis de Charleston (Carolina del Sur, Estados Unidos).

El sacerdote que formó a Gioachino Rossini

Custodiado en una colección privada norteamericana, se ha descubierto el clavicémbalo en el que Gioachino Rossini aprendió a tocar. "Ese instrumento bárbaro" en el que el compositor practicó"cada día" durante su adolescencia, tal como leemos en una carta fechada 18 de octubre de 1868, perteneció a su maestro, el padre Giuseppe Malerbi.

Giuseppe Malerbi (1771-1849), quien con su hermano Luigi creó una academia de música en Lugo, en Rávena (Emilia-Romaña) a la que asistió el joven Rossini.

El "cisne de Pésaro" se trasladó en 1802 a la ciudad natal de su padre, Lugo di Romagna, donde, después de aprender las nociones básicas de la música de sus padres (su padre tocaba la trompeta y la trompa, su madre era cantante de ópera), conoció a dos sacerdotes, ambos buenos músicos que animaban la vida musical de Lugo: los hermanos Giuseppe y Luigi Malerbi. El padre Giuseppe era un famoso profesor y entre sus estudiantes estaban Antonio Chies, de Lugo y futuro cantor del coro de la Capilla Sixtina, pero sobre todo Gioacchino Rossini.

"Don Giuseppino" (como le llamaba el joven Gioacchino) le enseñó a su joven estudiante a tocar el teclado, también en la función de esa forma de acompañamiento improvisado típico de los siglos XVII y XVIII llamado basso continuo. Le enseñó composición y, sobre todo, canto, ya que sus padres querían para él una carrera como cantante, mucho mejor pagada. Gracias a la rica biblioteca musical de los hermanos Malerbi, Rossini tuvo acceso a las "magníficas ediciones de los trabajos de Mozart, Handel, Bach, Gluck, Haydn y todos, o casi todos, nuestros clásicos" (*).

El joven Rossini. Imagen: Museo Cívico del Risorgimento (Bolonia).

Todo esto en los cuatro años que pasó en Romaña; pocos años, ciertamente, pero de gran importancia para sus éxitos futuros. Y el hecho de que la biblioteca de los hermanos Malerbi, ahora dispersa, siguiera custodiando a principios del siglo XX las primeras obras sagradas autógrafas de Rossini demuestra que el vínculo con su antiguo maestro nunca se rompió.

El padre Giuseppe Malerbi fue admitido en la Academia Filarmónica de Bolonia y en la Academia de Santa Cecilia de Roma porque, según cuentan las crónicas de la época, "entre sus méritos está el de haber iniciado a los misterios de la música a su inmortal conciudadano Gioacchino Rossini", o al hecho de que entre sus estudiantes "estaba su gran conciudadano Gioacchino Rossini, al que él inició en los misterios de la ciencia musical" (**). 

Foto: ANSA.

Sin una buena restauración el clavicémbalo no podrá ser tocado, "pero la importancia histórica de este instrumento es evidente si pensamos en esos hoyuelos producidos en las teclas por las manos del hombre en cuya mente se estaba gestando una revolución musical", como escribió en 1876 el docto Cesare Ponsicchi, afinador de pianos del Instituto Real de Música de Florencia (***).

Largo al factotum (popularmente conocida como Fígaro), una de las piezas más conocidas de El barbero de Sevilla (1816) de Rossini, interpretada en 1998 por el barítono Dmitri Hvorostovsky con la orquesta sinfónica de Montreal.

Rossini abandonó la composición operística en 1829, cuando tenía sólo 37 años, después del éxito de Guillermo Tell. ¿Por qué? ¿Por cansancio, aversión al nuevo gusto musical, indolencia, salud precaria? ¿O tal vez por una reflexión sobre el destino que aguarda a nuestro cuerpo, cuestionando las ideas recibidas de su educación anticlerical y de un tiempo dominado por tendencias hostiles a la Iglesia, entre la Ilustración y el Risorgimento?

Hasta su muerte, a la edad de 76 años, este "bebé retirado" compuso sólo algunas piezas breves de música vocal y de cámara, con excepción de dos importantes obras sagradas: el Stabat Mater y la Petite Messe Solennelle.

Después de haber compuesto esta última, con 71 años, el compositor parece haber recuperado las bases de la fe y escribe: "Buen Dios, hela aquí, terminada, este pobre misa... ¡Sabes muy bien que he nacido para la ópera cómica! Poca ciencia, un poco de corazón, eso es todo. Que Tú seas bendecido y concédeme el paraíso".

Rossini, fotografiado por Gaspard Félix Tournachon cuando tenía 64 años.

Palabras que son la expresión de un hombre que, aunque educado en una familia jacobina y anticlerical, murió como católico, profesando la fe católica y recibiendo los sacramentos que preparan al encuentro con el Dios vivo: "No podía no tener fe quien ha puesto música al Stabat Mater", dijo en su lecho de muerte. Una fe sencilla y sin embargo genuina, cuya semilla fue plantada, sin duda, por personas como don Giuseppe Malerbi.

Nuestra gratitud va a este sacerdote, un clérigo austero, una persona severa y rigurosa que fue de las primeras en darse cuenta del potencial de Rossini.

Traducido por Elena Faccia Serrano.

(*) Alceo Toni, "Nuovo contributo allo studio della psiche rossiniana [I canonici Malerbi in Lugo]", en Rivista musicale italiana, XVI, 1909, pág. 277 (pág. 93, nota 17 en este enlace).

(**) Tancredi Mantovani, Gioacchino Rossini a Lugo e il cembalo del suo maestro Malerbi, Pesaro,1902, págs. 9-10.

(***) Tancredi Mantovani, ibidem, p. 12.

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