Aquí tienes mi cuello
El beato Leopoldo de Alpandeire, fraile mendicante, sufrió la persecución religiosa
El beato fray Leopoldo de Alpandeire fue beatificado el 12 de septiembre de 2010. Cada 9 de febrero se celebra su fiesta litúrgica.
Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez, quien luego sería conocido como fray Leopoldo de Alpandeire, era hijo de unos labradores de origen humilde.
Poco se sabe de su primera formación en la escuela del pueblo salvo que creció en un ambiente cristiano. Durante su juventud se ocupó de la escasa hacienda familiar, y trabajó como temporero, con otros hermanos suyos. Llegado el tiempo de cumplir con el servicio militar, su padre pensó que le resultaría más rentable, ya que Francisco Tomás era el primogénito, pagar la cuota establecida para que otro cumpliera por él con el Ejército, pero él se opuso.
Fue con ocasión de las fiestas celebradas en Ronda, en mayo de 1895, en honor del beato Diego José de Cádiz enterrado allí, capuchino beatificado por León XIII el 22 de abril del año anterior, cuando se decidió a entrar en la Orden Capuchina.
En las celebraciones predicaron dos capuchinos que impactaron fuertemente a Francisco Tomás. Así en el verano de 1899, con la ayuda de un sacerdote, consiguió que el provincial de los capuchinos de la recién restaurada provincia de Andalucía le admitiera en la Orden. El 16 de noviembre de 1899, Francisco Tomás vestía el hábito capuchino en el convento de Sevilla, y al año siguiente (1900), el mismo día, emitía los votos simples, cambiando su nombre por el de fray Leopoldo de Alpandeire. Le trasladaron al convento de Granada en 1903, donde hizo su profesión solemne el 23 de noviembre de ese mismo año.
Fray Leopoldo ya no saldría de la ciudad de la Alhambra, y sería allí, durante más de cincuenta años, donde se daría a conocer como limosnero. Desde entonces recorrería, con la alforja al hombro, la ciudad y los pueblos de las provincias orientales de Andalucía, pidiendo limosna.
Con el paso de los años se fue haciendo más conocido y su figura, la típica de un capuchino de estampa, se identificó con el paisaje de la ciudad, siendo muchos seglares y eclesiásticos, de todas las clases sociales, los que acudían a él en busca de consejo.
El pintor Raúl Berzosa nos lo muestra con su alforja para recoger limosnas.
El cardenal Angelo Amato en la homilía de beatificación de Fray Leopoldo recordaba que «cierto día un grupo de segadores le grito: Vagabundo, trabaja en lugar de ir por ahí dando vueltas. Ya nos podrías echar una mano. Fray Leopoldo se acercó y se puso a trabajar con ellos, dejándolos atrás por su habilidad de campesino. Les dijo que había sido un campesino como ellos y que en el convento cuidaba de la huerta: Hermanos, soy uno más como vosotros”. Esto le permitió que lo mirasen con respeto e, incluso, pudo enseñarles un poco de catecismo».
En la misma homilía refirió el entonces Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos:
«Llegó el tiempo triste de la persecución religiosa (1930-1939), que quería acabar con la Iglesia. Conventos quemados, religiosos y monjas expulsados o asesinados. Sin un proceso legal fueron asesinados 12 obispos, más de cuatro mil sacerdotes y religiosos y cerca de trescientas religiosas. Según los historiadores, una hecatombe de estas magnitudes en el breve periodo de pocos meses, no se había conocido ni siquiera durante los tres siglos de las persecuciones romanas y ni en la misma revolución francesa. Los capuchinos españoles asesinados bárbaramente fueron un centenar. Fray Leopoldo sabía los riesgos que corría pidiendo limosna por las calles de Granada. Le defendían los pobres, los cuales reconocían “es un pobre como nosotros”. Incluso los más acerbos anticlericales admiraban su mansedumbre, exclamando: “¡Si todos fueran como él!”.
La beatificación tuvo lugar el 12 de septiembre de 2010 en la explanada del recinto de Armilla, Granada.
José Luis Arranz Ramos (Málaga, 1938-2021) nos permite conocer al beato fray Leopoldo de Alpandeire en este serial que podéis leer aquí.
Allí se narra esta CONFESÓN DE FE en tiempos de persecución que le pudo costar la vida:
«Pasaba fray Leopoldo por una de las calles granadinas, cuando al doblar una esquina tropieza con una turba de manifestantes que daban gritos contra todo lo que olía a religión. Naturalmente, al ver al hermano, los insultos contra su persona aumentaron, siendo de todos los colores. De entre el grupo, sobresalió una voz más alta que las demás que dijo bien fuerte:
-Prepárate, fraile, porque te vamos a cortar el cuello.
-Si es por confesar mi fe católica y mi estado de fraile capuchino, aquí lo tienes.
Y mientras esto decía, fray Leopoldo mostraba al irascible individuo su cuello, dándole vía libre para que lo cortase de un tajo.
El hombre se arredró. Los gritos bajaron de tono y pocos minutos después la calle estaba en completo silencio. Los manifestantes hicieron paso a fray Leopoldo, que se alejó de allí con el paso tranquilo de siempre y repitiendo su frase: «Esto va bien, hermano, esto va bien».
Una caída, la tarde del 9 de febrero de 1953, que le causó la fractura del fémur, le dejó imposibilitado para salir de casa. Desde ese momento se dedicó exclusivamente a la oración y a la intercesión por las necesidades de todo el mundo.
Finalmente el 9 de febrero de 1956 murió en el convento de Granada. Sus funerales, multitudinarios, fueron expresión clara del afecto que el pueblo le profesaba.
Dos años después de su muerte su cuerpo fue trasladado del cementerio municipal a la iglesia conventual, donde los fieles le dedicaron una hermosa cripta.
Fray Leopoldo de Alpandeire, como queda dicho, fue beatificado el 12 de septiembre de 2010, cuarenta y nueve años después de que se iniciara el proceso.