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Hay unas palabras que me conmueven del final del evangelio de San Juan: Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Estos han sido escritos para que Creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre (Jn 20, 30-31).

A veces, escucho que solamente podemos señalar los signos y milagros de Jesús, que revelan los evangelios. Es verdad, que si solo conocemos algunos, es porque esos son los necesarios para poder conocer que Jesús, es el Hijo de Dios, que viene a redimirnos y llevarnos a la comunión plena con el Padre, por el don del Espíritu. Los conocemos, en algunos casos de modo, concreto, y austero en su lenguaje. A veces con dos o tres líneas se nos relatan momentos de Jesús, que son centrales en su vida. Por ejemplo, solo se nos dice, que fue crucificado, pero el evangelio no señala detalles, de ese momento. Se señala, que resucitó, pero no se nos muestran datos de lo que pasó en esos instantes. Podemos conocer los signos de la resurrección: el sepulcro vacío y las apariciones, que son lo que necesitamos para dejarnos tocar por el misterio de que Jesús está vivo para nosotros.

Pero, entonces, ¿no podemos hacer algo de arqueología, o usar de un modo ordenado la imaginación para adentrarnos en como sería un día ordinario y cotidiano de Jesús? Quizás los evangelios nos dan datos que a lo mejor, nos apreciamos en una primera lectura, pero que nos revelan el modo más al día a día, de lo que hacía Jesús.

El Señor oraba, y lo haría todos los días, aunque los evangelios nos muestren algunos momentos importantes. Su oración en la que descubría el querer del Padre y por la que vivía totalmente unido a Él, era el eje sobre el que rotaba su existencia. Su oración se hacía vida, y su vida expresaba la oración que hacía a Dios. Él rezaba en la sinagoga. Como judío recitaba dos veces al día la oración del Shema Israel. Pero, podemos atisbar que su oración en la sinagoga, tenía para él un alcance nuevo, porque él es el cumplimiento de la Escritura en el pueblo de Israel. Con él se iniciaba, un tiempo nuevo. Seguro que con él, los días pasarían tan rápidos, como cuando uno se lo pasa bien con los amigos, o lentos embelesados en las palabras del Maestro, que estaría todo el día hablando de Dios. Él, era el Hijo de Dios, que disfrutaba de las fiestas. Aunque el evangelio de Juan solo señala las bodas de Caná (Jn 2) podemos imaginar que Jesús iría a muchas más bodas, de sus amigos, de sus hermanos en la fe. Bailaría como buen judío. Comería y bebería vino, disfrutando de la fiesta. Con sus apóstoles, compartiría tantas jornadas, tantas semanas... Podemos imaginar, que Jesús hizo mucho bien, más del que nos cuentan los evangelios, pues él solo hacía la voluntad de Dios, en cada día. Del mismo modo, Jesús pasaría buenos ratos con sus amigos de Betania: Lázaro, Marta y María. Podría tener el descanso necesario, que como hombre necesitaba, y compartir con ellos su amistad y su existencia. Seguro, que durante su vida pública, tuvo muchos encuentros con las mujeres, con las que tendría gestos de cariño y cercanía. Y lo que es clarísimo es que su Madre, María, estuvo más presente en su vida, que los evangelios nos relatan. Pero sabemos que solo conocemos lo que necesitamos para salvarnos.

Vivamos con Jesús, poniendo en juego de modo creativo e inteligente nuestra imaginación. Veremos que somos introducidos en un misterio impresionante, en el que Jesús, no solo acompaño la vida de sus discípulos, sino que acompaña también la nuestra. Pidamos a Jesús, que le podamos ver, darle gloria, y alabarle por cada minuto que nos concede de vida. Él, quiere compartir con nosotros esos momentos en los que vamos de boda o fiesta, en los que comemos y descansamos con los amigos, y en los que sufrimos por cosas que nos ocurren en la existencia. Los quiere compartir, y en todo podemos verlo. Él está vivo, y nos regala tantos momentos de pasarlo con él. De la misma manera, cuando rezamos él está presente, y cuando salimos de la oración, podemos recoger los frutos que en ella hemos vivido, aunque estemos dormidos, tristes, o con una alegría colmada. Rezas, y cuando sales, ves como todo ha cambiado. Eso mismo, le pasaba al Señor. ¡Animo, Jesús quiere vivir contigo desde la fiesta y la alabanza. Solo tienes que dejar que el milagro ocurra! Entonces sentirás y recibirás ese abrazo, que por medio de un amigo Él te regala. Serás invitado a una boda, y todo en tu vida lo veras desde la fiesta y la alegría del Resucitado en ella. El servicio,  al que el Señor te envía, tendrá un significado de eternidad. Entregarte a los demás será tu alegría colmada. Darás la vida como Él. Jesús te dará los dones y carismas que necesitas para la entrega y para amar como Él lo hace.

Belén Sotos Rodríguez

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