Religión en Libertad

9 claves litúrgicas del cardenal Sarah para combatir la «revolución de Lucifer»

«El Cántico del cordero», última obra-entrevista del cardenal guineano, se presenta como una auténtica guía frente a los abusos litúrgicos. 

"No basta con transmitir los fundamentos de la fe, debemos permitir que Cristo nos transforme", dice el cardenal a los sacerdotes.Napa Institute.

José María Carrera Hurtado

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Recientemente ha visto la luz en las librerías de todo España El Cántico del cordero. Una publicación editada por Palabra que reúne al cardenal Robert Sarah y a Peter Carter, responsable de la formación en música sacra de líderes emergentes, con un objetivo: orientar a la Iglesia universal, fieles y pastores, sobre los principios que deben guiar el debate cada vez más actual en torno a la renovación litúrgica.

Cerca de 300 páginas llevarán al lector por un recorrido que comienza analizando la naturaleza misma de la liturgia, la participación desde el canto, el silencio o la música sacra y que concluye ofreciendo dos llamados a las vías de la belleza y de la cruz.

La publicación no elude, sin embargo, la actual “crisis de cultura litúrgica” que Sarah llama a superar. Para ello, contrapondrá un esperanzador llamado a la renovación frente a una revolución litúrgica que equipara al “non serviam” de Lucifer. 

El cardenal Ranjith, autor del prólogo, alerta de cómo ese proceso habría llevado a la liturgia a ser, en ocasiones, “un mero espectáculo mundano que sitúa al hombre, y no al Señor, en el centro”. Como contrapartida, El cántico del cordero se presenta como un “hemisferio norte” sobre el que orientarse. Pero también como una guía frente a los abusos litúrgicos y un llamado a la Iglesia a “convertirse en refugio para millones de hombres que buscan los valores que en su día abandonaron”.

Como parte de este camino a la renovación, recogemos algunos de los llamados más destacados de Sarah a los sacerdotes que, en la “reevangelización de la sociedad”, consideran imprescindible poner el acento en “la oración, la celebración consciente y dignificada de la liturgia y una vida de santidad”.

1º El culto, ¿a Dios o al sacerdote?

Uno de los primeros llamados de Sarah a los pastores será advirtiendo del riesgo de convertirse en “innovadores litúrgicos” o “gestores de espectáculos donde son la estrella”: “Si deciden por sí mismos cómo celebrar la misa para su comunidad sin observar la tradición, quizá dejen a un lado su sacerdocio para convertirse en celebridades dentro de una iglesia basada en el culto a su personalidad”.

2º Comunidad y tradición, básicos del sacerdote

Según el cardenal guineano, un sacerdote sin raíces y sin conciencia de su legado, sería comparable a un San Pablo que hubiese seguido a Cristo por su cuenta, sin los demás apóstoles.

“Pablo tuvo que encontrarse con ellos y aprender la tradición de sus labios, y nosotros tenemos que unirnos a la tradición de la Iglesia… Pablo no podía enseñarse a sí mismo ni ser un cristiano aislado, por sólida que fuese la instrucción sobre la ley que hubiese recibido”, explica.

3º No basta con transmitir la fe: Cristo debe transformar

Dirigiéndose a los sacerdotes, el cardenal recuerda que, “en lugar de abrazar la última novedad a toda prisa, debemos considerar nuestra vida entera como un acto de adoración y alabanza a Dios. Un proceso que va aparejado de una conversión previa y profunda y que debe llevar a “orar de verdad, con el cuerpo y alma unidos para ofrecer un culto digno”. A su juicio, “no basta con transmitir los fundamentos de la fe, sino que debemos permitir que Cristo nos transforme, para que sea nuestro mismo ser el que de un testimonio de fe inquebrantable en Él”.

"El cántico del cordero", del cardenal Sarah y Peter Carter.Ediciones Palabra.

4º Un llamado a la valentía y el martirio

Uno de los llamados más explícitos de toda la publicación es el llamado a los sacerdotes que aspiran a la renovación “imitar a Cristo abrazando la cruz”: “Igual que Nuestro Señor sufrió incomprensiones, incluso la oposición de las autoridades religiosas, los sacerdotes de hoy deben estar preparados para toparse con resistencias o desprecios cuando pretendan renovar la liturgia y la música sacra dentro de sus parroquias”.

5º La innovación aleatoria, origen de muchas crisis

Escribe también que, cuando un sacerdote innova por su cuenta, sin referencia ni conocimiento de la tradición, se produce una crisis.

“El crecimiento no se da en soledad, el árbol sin raíces no da frutos. Obviar la tradición es ignorar a Cristo y a su Iglesia. Por tanto, es vital que los sacerdotes adquieran al menos un conocimiento rudimentario del latín, para poder celebrar la misa en el leguaje de la Iglesia”.

6º La música: sagrada, bondadosa y universal

Buena parte de los mensajes del cardenal se dirigen a quienes albergan en su interior la introducción de la música sagrada en sus parroquias. A todos ellos les advierte de que “el instinto, la experiencia y las preferencias” no bastan para discernir “formas musicales adecuadas” pues ya existen “criterios fijos” en la Iglesia.

“La música debe ser sagrada, poseer la bondad de las formas, lo que suele interpretarse como la integridad y belleza artísticas, y transmitir un mensaje de universalidad”, enumera.

7º A los músicos, un recordatorio de humildad

El cardenal también se dirige a los responsables de introducir la música en la liturgia: “No actuéis por vuestra gloria ni por la de vuestro nombre o el de vuestra reputación al servicio de la Iglesia, sino por la glorificación de Dios y la salvación de las almas”.

8º Un llamado a “no imponer preferencias ni opiniones”

En sus continuos llamados para la consecución litúrgica, se dirigirá también a los obispos. Como pastores, dice el cardenal, “deben recordar que no ejercen una autoridad personal o humana”, sino que “actúan in persona Christi, sin imponer sus preferencias ni opiniones en la liturgia”. “La autoridad de los obispos y sacerdotes está unida a la tradición de la fe, que también se aplica a la liturgia, y no es manufacturada por las autoridades”, explica.

9º Sacerdotes frente a Lucifer

El latín o el gregoriano serán elementos presentes a lo largo de toda la obra. Elementos marcados por una “aversión” nacida “de la ideología de la revolución litúrgica, que considera que la identidad de la Iglesia ha cambiado”. En esta ocasión, acude al Papa Benedicto XVI para demostrar como sus palabras sobre los libros litúrgicos preconciliares también se cumplen respecto al latín: “Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande, y no puede ser improvisadamente prohibido por completo o incluso perjudicial”. Por ello, concluye el cardenal, “fomentar la revolución es repetir las palabras de Lucifer, el primer revolucionario, cuando dijo: “No serviré”.

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