La Luna que ilumina la noche
Cielo-nubes-azul
Cuando celebramos la Inmaculada, el corazón se enternece, se llena de una calidez especial, de ternura, de esperanza. Qué más podemos pedir a Dios, que nos regala a una madre, tan llena de cariño maternal.
Dios ha elegido a una mujer fuerte y humilde, sin dobleces y con sencillez, valiente y confiada, obediente y libre. Cuantos piropos le podremos decir a esta Madre, que es Inmaculada, que no tiene, ni ha cometido pecado, ni el mal ha entrado en su vida, sino que con su sí ha pisado la cabeza del demonio.
Una madre que nos traído la Vida con Mayúscula. Una Virgen donde podemos reposar y descansar. Una Madre donde tú puedes ser acogido, ya en su seno, y de él nunca salir. En ella, encontramos reposo, seguridad, calma, y paz en medio de nuestras luchas.
Con ella, puedes vencer. Te puedes sentir un niño en sus brazos, porque sabemos que con ella, todo lo tenemos asegurado. Nuestra necesidad de amar, de ser cuidados, de sentirnos queridos, reconocidos y valorados, está cubierta porque ella es la madre, que puede darnos todo eso, y hacernos vivir como verdaderos hijos.
Si necesitas una madre, sabes en verdad, que eres hijo de María. Puedes mirar a la Inmaculada y saber que con ella, puedes estar seguro, porque ella siempre te lleva a Jesús. Junto al Señor y María tu vida tendrá un sentido nuevo. Ya no necesitaras esconderte, ni vivir humillado, porque con los dos, te puedes levantar de tus caídas.
Con María, vivirás de modo nuevo. No hará falta que te ocultes porque con ella tu existencia tendrá una nueva luz. Con ella, te sentirás fuerte, porque ella te acompaña en tu lucha, puedes ser libre porque ella te ayuda a cumplir la voluntad de Dios.
María te ayuda a poner toda tu confianza en Dios. Ella confió, hasta en los momentos más difíciles, cuando llegó la oscuridad y la noche de la fe. Por eso, si confías apoyado en ella, tu existencia resplandecerá. La luz que viene de la Luna, que es María, que refleja al Sol que es Cristo, será la que te cubra y te acompañe.
Con María, puedes ser humilde, reconociendo lo que tienes, porque eres valioso a los ojos de Jesús. Ya no necesitaras ocultarte por vergüenza, o dejarte hundir por tu pecado, porque María es la Madre, que te lleva a Jesús, Aquel que ha derrotado al pecado y a la muerte.
Por eso, te invito a que el día de la Inmaculada, vivas mirando solo, a la llena de gracia (cf. Lc , 28). Porque para ella, tu vida está llena de amor y esperanza. Porque con ella, también podemos reflejar y transparentar la vida del Resucitado.
Con María, aún en medio del dolor, puedes vivir de la alegría profunda de la que puso toda su confianza en Dios. Con María puedes descansar de tanto agobio que nos inquieta, y de tanta preocupación sin sentido, y de tantos pensamientos a los que damos vuelta en nuestra cabeza. Porque la llena de gracia, la Luna que resplandece en la Noche, te acompaña, te cuida, y te pone en el camino del Señor, porque el que andarás libre, porque en tu vida, solo buscaras hacer la voluntad de Dios.
Déjate iluminar por esta Luna, que te lleva al puerto seguro de la salvación, que es Cristo, tu Señor. Él ha venido, vendrá y ya está presente entre nosotros.
Belén Sotos Rodríguez