Mi encuentro con Marcos

Autobiografía de Marcos
Querido San José:
Otra vez te escribo. Es de noche y no es una noche cualquiera. Hoy es un miércoles muy especial, Miércoles de Ceniza y mañana es día 19. ¿Qué más queremos para estar unidos esta noche que se prolonga en tu recuerdo al ser miércoles y 19 de mes? Son tantas las vivencias de estos días, querido San José… El paso por Barcelona durante estos días ha dado para todo: encuentro de carmelitas descalzos jóvenes, visita a las carmelitas descalzas y trabajo en el archivo del convento de Barcelona. Y entre medias de todo esto algo que no estaba en mis planes para nada, pero que sí que estaba en los planes de tu Hijo. Seguro que tú ya lo sabías y te has callado para que tuviera la sorpresa.
Para eso tenemos que ir a hasta el inicio de la semana pasada cuando veo en Madrid el libro sobre los seminaristas mártires de Madrid: "El beato Ignacio Aláez Vaquero y compañeros de Madrid". A la vuelta al convento de Zaragoza busco información en la página para conseguirlo y conocer más detalles del libro. Entonces me encuentro con otro que me desconcierta en todos los sentidos. Se trata del relato autobiográfico de un joven de 23 años, Marcos Pou, que muere de accidente siendo seminarista. Y lo que me hace ir más allá en este descubrimiento es que sucede precisamente el 11 de febrero, día de la Virgen de Lourdes, fecha en que Marcos ingresa en el seminario tras acabar los estudios de universidad. Su vida de seminarista es muy corta, pero intensa. Muere a los 10 días, el 21 de febrero de 2015. Busco por Internet información sobre este joven y descubro no pocas noticias y sobre todo la página que difunde su vida y su vivencia interior gestionada por la Asociación Amigos de Marcos Pou.
Todo parece que queda ahí, pero no. Es algo tan sorprendente, querido San José… Entre las noticias veo que celebran una misa en su recuerdo el sábado que estoy en Barcelona después del encuentro con mis hermanos de hábito y antes del encuentro con las carmelitas descalzas. Y por si fuera poco, la iglesia donde se celebra está a menos de 10 minutos del monasterio de las monjas donde me hospedo esa noche. No me lo pienso. Todo estaba preparado para que estuviera en esa misa y conocer a Marcos Pou.
Llego, rezo en la iglesia y paso a la capilla donde está tu Hijo en el sagrario. Veo muchos jóvenes y gente que va llegando. Terminada la oración ante tu Hijo busco tu imagen y te encuentro enseguida. Me paro a rezar ante dicha imagen y presento todo lo vivido y te doy muchas gracias por todo lo compartido con mis hermanos. Al terminar el coloquio contigo me giro y pasa muy cerca un joven con cara de novato universitario. Le pregunto dónde puedo hablar con algún sacerdote para concelebrar en la misa por Marcos. Me dirige a la capilla para que hable con el tío de Marcos, Yago. Nos saludamos y vamos a la sacristía. Le detallo cómo he llegado hasta esa iglesia y se queda sorprendido. Entramos en diálogo ameno y sacerdotal hasta que llega el momento de comenzar la eucaristía.
Cuando salimos al altar y veo la iglesia de Bonanova llena de gente de todas las edades, sobre todo jóvenes, no dejo de darte gracias por haberme traído a esta celebración, querido San José. Según discurre la ceremonia me lleno de gozo y de satisfacción al comprobar en directo que no es nada normal que después de 11 años, venga tanta gente a una misa de aniversario de fallecimiento de un joven. Y lo digo por conocimiento de causa porque he tenido que vivir al menos dos muertes de jóvenes en accidente y pasados 2 o 3 años sólo la familia más directa los recordaba en el altar de la eucaristía.
Terminada la misa lo que vivo, siento y hago mío se confirma y crece al escuchar testimonios de jóvenes que no han conocido a Marcos y vienen aquí por él, o si lo han conocido ha sido algo muy pasajero. Incluso algunos vienen de lejos y lo que es más, se celebran misas en otros lugares. Todo hace poner la mirada en el cielo de una manera muy especial. Y en lo escondido, estás tú, querido San José. ¿Quién es el patrón de los seminarios? ¿Cuál era el sueño de Marcos? ¿Cómo se entiende todo esto? Es verdad que no faltan los que han vivido a su lado y lo conocían a fondo. Y no digamos su familia. Aquí paramos y hacemos punto y aparte.
Mientras hablamos con unos y con otros sobre Marcos, Yago, el tío, me lee lo que escribe su sobrino el día que entra en el seminario de Barcelona. Tampoco es normal. Nada normal lo que escucho con gran atención…: “Vértigo y confianza plena, soy Tuyo, Cristo. Que sea un camino de santidad. ¡Feliz de darte la vida! Domina más esto que no aquello que no apetece, da pereza o parece ser una futura fatiga. A ti me encomiendo, María. Virgen de Lourdes, ¡hazme fiel!, ¡hazme santo!”.
Es mejor callar. Callar... Hacer silencio… Abrir el corazón a tu Hijo… Lo que tú, querido San José, haces cuando oyes hablar a tu Hijo las primeras palabras. Salvando las distancias, estamos ante las primeras palabras de un seminarista de 23 años que con todo su ser muestra a sus amigos lo que vive por dentro con palabras llenas de vida, sentido y ardor. Entrar al seminario no es cualquier cosa. Marcos lo sabe. Ha hecho su discernimiento y da el paso al terminar la carrera de Física. Ahí es nada, Física… Y estoy seguro que tú, querido San José, estabas año a año a su lado para ir mostrando el camino que tenía que seguir. Pero te callabas y sólo dabas señales que al unirlas todas no queda otra que dar el paso y decir que quiere entrar al seminario, ser sacerdote y llevar almas a Dios.
¡Es tan grande y tan impresionante la vocación sacerdotal…! ¡Sigue guiando los pasos de los jóvenes hacia el sacerdocio! ¡Enciende ese fuego que tenía Marcos en su corazón! Fueron 10 días de seminarista. Soñaba con ser sacerdote y tu Hijo preparaba algo distinto. ¿Y no te pasa a ti igual con Jesús cuando tienes que ir a Egipto para salvar su vida? La historia de cada uno pasa por los planes de Dios. Cuando uno los sigue es feliz, muy feliz, pero en ocasiones nos desconcierta de un modo tal como con Marcos. Pero sabemos que tu Hijo de los males saca bienes. Un seminarista muere en accidente de tráfico y 11 años después una iglesia en Barcelona llena de fieles recuerda su muerte. No es normal, querido San José. Lo sabes, no es normal, es algo que estaba en los planes de tu Hijo por algo y ahora empezamos a entenderlo. Hay que saber esperar y dejar que Dios sea Dios. Adorar y mirar al cielo…
Termino, querido San José. Se hace tarde, seguiría escribiendo, pero la noche avanza. También es verdad que en la noche se vive de otro modo la oración. Pero eso es otro tema. Ah, bueno y se me olvidaba decirte que ya tengo la autobiografía de Marcos, la titula el mismo con estas dos palabras: "Mi historia". La encargué al día siguiente de descubrirla junto a la vida de los seminaristas mártires de Madrid. Y mira que providencia… Unos seminaristas llamados al martirio me llevan a un seminarista que muere en accidente. Tampoco es normal esto. Bueno, en cierta manera sí porque lo que quieres mostrar con esta vivencia tan singular es que siempre estás detrás de cada vocación para que nos encontremos con tu Hijo. Hace casi 100 años con Ignacio y sus compañeros, hace algo más de 10 años con Marcos y ahora con los que quieren dar el paso para entrar a un seminario. Me callo los nombres. Tú los conoces. Tengo en mente dos o tres, pero seguro que tú añades muchos más nombres. Cuida de todos y no te olvides de los que todavía no lo ven claro. Guíalos y alumbra sus caminos para que sean felices como lo son todos los seminaristas que sueñan con llegar un día a celebrar la santa misa. Y ahora sí que termino ya. Sólo me queda darte las gracias por mi encuentro con Marcos.