Las 6 señales del fin del mundo
Buceando en el último discurso de Jesús: el Evangelio del primer Domingo de Adviento

Juan de Borgoña, Juicio Final (Catedral de Toledo)
¿Preparados para el fin del mundo? En el vídeo al final de este artículo te explico cómo será.
No sabemos cuándo sucederá, pero lo que está claro es que cada día que pasa falta uno menos. Tampoco está claro si yo veré el fin del mundo, pero lo que sí veré – al menos – será el fin de mi mundo, con mi muerte. En este primer domingo de Adviento, Jesús no sacia nuestra curiosidad; pero nos da signos. En el último discurso de su vida pública, en el momento de mayor intensidad climática, ya en la mismísima semana de la Pasión, sube al Monte de los Olivos y pronuncia el sermón escatológico. Hasta en tres ocasiones dice que no revelará el momento, pero nos indica que habrá 6 señales previas. ¿Repasamos la lista? Recuerda que son prácticamente las últimas palabras de Jesús durante su vida pública. Dicho de otro modo, quería que te quedase bien clarito este mensaje.
- Aparición de muchos “falsos profetas” (Mt 24, 11). Su función es engañar mediante una falsa religión que, en realidad, separa de Dios y únicamente se centra en el culto al propio hombre. El libro del Apocalipsis también nos habla de una bestia que actúa como un falso profeta que seduce a la humanidad. El Papa san Pío X, en su primera encíclica, dijo que la filosofía moderna – por su impostura religiosa – actuaba ya como tal profeta (Supremi Apostolatus, n. 36). Nuevas formas de espiritualidad como la New Age pretenden instalar una nueva era que suceda y supere a la época de cristiandad. Retornan a un neopaganismo donde la naturaleza o energías cósmicas es el centro.
- “Enfriamiento de la caridad” (Mt 24, 12). Gente y naciones anteriormente cristianas caerán en la apostasía. Fruto de la predicación de la filosofía racionalista y secularista, vivimos una apostasía generalizada. Una defección total de la fe católica en grandes sectores. San Pablo habló de ella como de un signo claro que preludiaba el fin (2Tes 2, 3). Si hasta ahora, en la historia de la Iglesia, se habían dado herejías o negaciones de algún punto particular de la fe cristiana, ahora se la rechaza de plano, enterita.
- El evangelio predicado en todo el mundo (Mt 24, 14). Es difícil imaginar un país o lugar, por recóndito que sea, donde no haya una presencia cristiana, aunque sea testimonial. Jesús aseguró que todas las naciones escucharían la predicación del evangelio antes del fin. Sólo de este modo la humanidad podría quedar convicta de no haber escuchado su palabra.
- La “abominación de la desolación” instalada en el lugar sagrado que le compete a Dios (Mt 24, 15). El humanismo ateo, de Nietzsche en adelante, niega teóricamente la existencia de Dios para colocar al hombre como objeto de culto. Solo existimos nosotros y nuestras necesidades. Nos rendimos culto robándole a Dios la gloria que le es propia. Es el giro antropocéntrico en torno al que rota cualquier planteamiento ideológico del último siglo. San Pablo habla de un neopaganismo promovido un por un individuo “que se enfrenta y se pone por encima de todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, hasta instalarse en el templo de Dios, proclamándose él mismo Dios” (2Tes 2,4).
- La gran tribulación. Se tratará de una persecución cruel contra el cristianismo. La Biblia le otorga una duración de tres años y medio, usando así la imagen de la terrible persecución que el pueblo de Israel vivió a causa de Antíoco IV, que prohibió y persiguió la fe judía en el siglo II a.C. El papa Pío XI, en su encíclica de condena al comunismo, asegura que las persecuciones que la Iglesia sufría en tantos países (Rusia, Méjico o España) eran preludio inmediato de esta otra (Divini Redemptoris, n. 29).
- La disolución moral o los tiempos de Noé. Es el tema del evangelio del primer domingo de Adviento. San Pablo también afirma que los últimos tiempos serán de absoluta inmoralidad (2Tim 3,1-9 ).
Saca tú mismo la conclusión. Todos estos signos, con solo abrir los ojos, puedes contemplarlos en full HD. Entramos en una etapa nueva de la historia, preludio esperanzado de la venida de alguien que viene a poner un punto y final al mal. Su llegada no es objeto de temor - ¡Jamás lo ha sido para los cristianos! – sino de deseo. ¡Venga a nosotros tu Reino! Antes de comernos el turrón y cantar villancicos, durante esta semana de Adviento, la iglesia nos invita a pensar a lo grande, no en lo que aconteció hace dos milenios, sino en lo que está por suceder… nuestra liberación.