Religión en Libertad

El pecado elegante: cuando dejamos de ser caritativos sin darnos cuenta

Una falta de paciencia, una ironía sutil, una verdad sin misericordia: así empezamos a perder la caridad sin darnos cuenta

Practicando la caridadFoto de Priscilla Du Preez 🇨🇦 en

Creado:

Actualizado:

No solemos confesarlo. Decimos otras cosas. Falta de paciencia. Cansancio. Mal día. Carácter fuerte. Pero rara vez decimos la verdad: he faltado a la caridad. Porque suena antiguo. Porque parece exagerado. Porque nos hemos acostumbrado a pensar que la caridad es solo dar limosna o ayudar cuando sobra tiempo. Y no. La caridad es otra cosa. Mucho más incómoda.

Faltar a la caridad no es solo gritar, insultar o humillar. A veces es mucho más fino. Más educado. Más cristianamente correcto. Es responder con ironía cuando el otro está vulnerable. Es callar cuando habría que defender. Es juzgar por dentro mientras por fuera asentimos con una sonrisa. Es hablar sobre alguien en vez de hablar con alguien. Es corregir sin amar. Es tener razón sin misericordia.

Y eso —aunque no lo parezca— hiere.

La caridad cristiana no es buenismo ni amabilidad superficial. Es una virtud teologal. Es decir: no nace del carácter, nace de Dios. San Pablo lo dejó claro y nadie lo ha superado: “Si no tengo caridad, no soy nada”. No “soy menos”. No “me falta algo”. No soy nada. Se puede tener fe, doctrina, razón… y faltar a lo esencial.

Hay una forma especialmente peligrosa de faltar a la caridad: cuando lo hacemos convencidos de que tenemos razón. Cuando la verdad se convierte en arma. Cuando el argumento pesa más que la persona. Cuando defendemos principios, pero perdemos al hermano. Jesús nunca separó verdad y amor. Somos nosotros los que lo hacemos, y luego nos extraña el daño.

Faltar a la caridad es no mirar al otro como misterio, sino como problema. Es reducirlo a su error, a su pecado, a su opinión. Es olvidar que delante tenemos a alguien por quien Cristo murió. Alguien en proceso. Alguien herido. Alguien que no necesita una sentencia, sino una mirada que no lo aplaste.

Y aquí viene lo más incómodo: podemos faltar gravemente a la caridad sin levantar la voz, sin pecar “gordo” y sin romper ninguna norma externa. Basta con endurecer el corazón. Basta con dejar de compadecer. Basta con protegernos tanto que ya no dejamos entrar al otro. Ese cierre interior no se ve en público, pero deja huella en el alma.

El Evangelio es radical en esto. Jesús no mide la santidad por la corrección, sino por el amor. No pregunta cuántas veces acertaste, sino cuántas veces amaste cuando no era fácil. Por eso el juicio final no va de ideas, sino de gestos. Hambre. Sed. Soledad. Presencia.

Faltar a la caridad es olvidar que el cristianismo no se juega en tener razón, sino en parecernos a Cristo. Y Cristo no pasó por la vida ganando debates, sino cargando con personas.

Tal vez hoy no necesitemos ser más brillantes, ni más firmes, ni más combativos. Tal vez necesitamos algo mucho más exigente: volver a amar al otro aunque no nos guste, aunque nos canse, aunque nos equivoque.

Y escribo todo esto también para aplicármelo a mí. Porque no hablo desde una altura moral cómoda ni desde una coherencia impecable. Más de una vez, en lugar de respirar y detenerme, me adelanto. Respondo demasiado rápido. Corrijo sin haber amado lo suficiente. Digo algo “justo” que no era necesario decir. Y en ese pequeño impulso —tan breve como un clic, tan rápido como una réplica— puedo faltar a la caridad.

Después uno lo nota. Queda una leve incomodidad interior. Porque la caridad casi siempre nos pide un segundo más de silencio, un grado más de paciencia, un gesto menos afilado. Y cuando no se lo damos, algo se rompe. A veces fuera. Siempre dentro.

Por eso este artículo no es un señalamiento, sino un recordatorio personal: que antes de hablar, respire; que antes de corregir, ame; que antes de tener razón, mire el corazón del otro. Porque la caridad no es un añadido opcional. Es el corazón mismo de la fe.

Y cuando falta, todo lo demás —por muy correcta que una sea— suena hueco.

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente